viernes, 27 de marzo de 2015

El deshumorador nocturno



 Silencioso merodeador que aprovecha la oscuridad para vagar de habitación en habitación tanteando a los durmientes. Etéreo vagabundo que rellena su holganza trasteando entre los pensamientos de unos y otros y que rebusca entre ellos en pos de los que alegran o enaltecen el ánimo para desmenuzarlos y emborronarlos. ¿Quien será esa presencia tan intensa y que tanta importancia se arroga? ¿Quien esa que localiza débiles y sumisas mentes para saquear gestos y demudar semblantes? Es el Deshumorador nocturno; es ese “porculero” maleante que se lleva la sonrisa mañanera de aquellos a los que saquea y les deja una nube negra y desabrida sobre sus cabezas. Una nube que persiste hasta que el viento se la lleva entre quejas y quejidos dejando, por fin, el natural semblante a la luz del sol. Pobres aquellas víctimas de ese cabrón desorejado -mi hija, por ejemplo- que inadvertidamente son saqueadas y pobres aquellas otras -yo, para más señas- que, sin serlo, tienen que soportarlas. Ver a tu querido ser convertido en un cactus maloliente, en una alimaña vil y contestona a la que no le sirven paños calientes y cuyos únicos bálsamos son el tiempo – a Dios gracias, poco- y el silencio, es un puñetero castigo difícilmente soportable.
Menos mal que dura poco y tan intensa como fugaz, la obra del desgraciado Deshumorador nocturno se desvanece como la construyó: sin saber porqué.

Luis F. de Castro


Imagen: http://hoytele2.blogspot.com.es/2013/02/el-caso-waterclose-espanol.html


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