sábado, 1 de febrero de 2014

Debate sobre feminismo, conducta y eficacia IV

La vida es diversa y los caminos por donde transita, inescrutables para un ser humano limitado y egoísta. 

Dora, tienes razón y tanto tú como Hermes, mostráis una concepción de las relaciones hombre/mujer más activa y evolucionada que la mía; pero a determinadas edades se transita con un equipaje más pesado y molesto, resultando, por ende, difícil cambiar el paso. No quisiera que esta entradilla os llevara a pensar que estáis ante un tipo retrógrado y anquilosado, pero tengo dos limitaciones difícilmente superables: una es la escritura: rara vez consigo trasladar a lector lo que pienso con sus matices y recovecos, y otra, una cierta actitud pesimista ante la vida.

Evidentemente, a mi manera de ver, cuando Dora dice que“El feminismo busca la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer “, tiene absolutamente toda la razón, pero la palabra ha envejecido mal y hoy día, tras dos siglos de lucha, está emponzoñada por aquellos que la han utilizado con intenciones aviesas y torticeras; es más, creo que el daño al binomio palabra/concepto es tan grave, que la lucha por la igualdad real entre sexos debería buscar otro vocablo no tan malherido. 

Se ha avanzado mucho, pero hoy por hoy, la palabra -y digo bien: la palabra- es un hamdicap para la consecución de los unos fines marcados por la ética y la razón; de ahí mi opinión sobre que estamos ante un problema semántico, no conceptual.
 
Recuerdo la anécdota referida por los estudiosos del marketing sobre el nombre adjudicado a un automóvil. Nadie en su sano juicio -y español a más señas-, compraría un vehículo que se llamara “Pajero”. Es evidente que para defenderse de burlas y chanzas, el propietario iba derrochar recursos necesarios para mejores fines, por lo que la empresa -con buen criterio- y con la idea de que su producto se vendiera, le cambió el nombre al modelo llamándole “Montero”. No sé si el ejemplo viene correctamente al caso, pero algo me dice que se acerca.


En cualquier caso, decirte que estamos en la misma cuerda y que, en mí, tienes un serio admirador
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