jueves, 22 de octubre de 2015

II - VINI, VIDI Y EXTERMINÉ

     


    Tasmania es una isla verde, grande y feraz; con grandes bosques y nobles montañas. Se encuentra a una latitud parecida a Galicia, pero en el hemisferio sur y es poco mayor que Andalucía. Desde hace unos trece mil años, el estrecho de Bass la separa del continente australiano. Tasmania tuvo que ser en tiempos lo más parecido a un paraíso que se puede encontrar, y muestra de ello es que sus primitivos habitantes, los tasmanos, una vez abandonaron la compañía de sus compadres, los aborígenes australianos, desecharon algunos de los llamados “avances de la civilización” : la agricultura, la pesca, la domesticación de animales, etcétera, y eso, a mi corto entender solo se entiende si las necesidades son menos.


     Los tasmanos, eran bajos, poco más de un metro cincuenta, y a decir de los ingleses, robustos y feos… -Digo yo que no se ha mirado a un espejo, que no todos son como David Beckham- No usaban vestimentas al uso, siquiera taparrabos, circunstancia esta que les granjeó la más puritana de las enemistades por parte de sus ”nobles y modernos conquistadores”
     Pues bien, estos mozalbetes vivían en su isla tan ricamente hasta que un malhadado día de 1772 comenzaron a llegar súbditos de su Majestad Británica en calidad de colonos. Posteriormente, y para redondear la faena, en 1803, un tal Risdon Cove decidió establecer el primer asentamiento europeo en la isla. Este asentamiento y alguno más de los que le siguieron, estaba compuesto por la más granada y exquisita representación de la sociedad británico/australiana. Asesinos, violadores y delincuentes varios, fueron la embajada occidental ante aquellos desarrapados inocentes. A partir de ese momento, los indígenas fueron utilizados como esclavos, objetos sexuales y especie cinegética… si, si, aunque parezca mentira, eran cazados y sus pieles canjeadas por recompensas gubernamentales. Aquellos que no sucumbían en estas batidas, eran sometidos al régimen disciplinario más discrecional, sangriento y depravado que se recuerda desde que el mundo es mundo, donde la tortura no tenía límites.
    …Y la cosa acabó como tenía que acabar. De los más de diez mil tasmanos que habitaban la isla, en 1830 solo quedaban unos doscientos y cuando restaban setenta y dos, fueron apartados y recluidos hasta su total extinción en 1876, cosa que ocurrió con la muerte de la última mujer tasmana cuyo nombre era Truganini. De 1860 queda la macabra anécdota protagonizada por el miembro de la Royal Society of Tasmania, George Stokell, que mandó abrir la tumba del último hombre para hacerse una maleta con su piel.
     El genocidio más completo y cruel se había consumado. No quedo ni la memoria. La conocida como Guerra Negra o Genocidio de Tasmania fue ejecutado por la noble y civilizada nación de naciones, o sea el imperio británico, e hizo desaparecer a toda la población autóctona.
Pero los malos, los indignos, los viciosos y depravados seguían siendo los conquistadores españoles.


No hay comentarios:

Publicar un comentario