Hoy, día 31 de diciembre de 2013, se acaba uno de esos años en los que salir indemnes es de afortunados. Yo, no solo acabé como tal, sino que crecí en varios sentidos; en el económico: los bancos me aprecian más a cada segundo que pasa, en el físico/morfológico: peso unos kilos más que hace un año, en el intelectual: mi desmemoria es más intensa por momentos, en el sentimental: cada día quiero más a mi reina-consorte y en el familiar: he sido abuelo por primera vez... ¡Se puede pedir más!
De Perogrullo es decir que sí, que todos queremos más, aunque en determinadas circunstancias, atreverse a trocar lo poco obtenido por lo mucho prometido, se atisba como arriesgado. En estos tiempos de incertidumbre, donde nada se tiene en pie el tiempo suficiente como para verlo con claridad, no está demás ser humilde, alejar la pretenciosidad del derroche para dejar hueco a idearios más racionales.
Con este escueta y resumida pretensión, os felicito lo por llegar y os deseo lo mejor.
Luis F. de Castro.
martes, 31 de diciembre de 2013
El motorista y el caramelo
Os traslado, súbditos de pro, el anecdótico suceso ocurrido tiempo ha a este que se os dirige. Corría el lejano año de 2008 y mi persona deambulaba provisionalmente por la clase obrera.
Hoy,
día del señor trece de noviembre de 2008, cuando mis humildes huesos circulaban
por la M-513 a bordo de la “fregoneta” que tengo el gusto de conducir, me adelantó
una motocicleta de gran cilindrada a tremenda velocidad. La zona de la
carretera por la que circulábamos es muy curvada y, por supuesto, el
adelantamiento, esta prohibido. Del susto, me trague el caramelo que llevaba
rato paladeando –Era de café con leche y le estaba dando coba desde hacía rato-
Del atraganto, no me salí de la carretera de milagro mariano. El caso es que el
motorista pasó rozándonos a mí y al vehículo que venía de frente y de verdadero
azar fue que nos libráramos el uno, el otro y el interfecto de un accidente
seguro.
Quiera
Dios que pasado un kilómetro hay una rotonda y que en esta, una patrulla de la
Guardia Civil ejercía labores de control sobre la profusa afluencia de
vehículos. Al llegar a ella, compruebo que justo delante mía se encuentra
detenido el locuelo motorizado. Lejos de mi intención buscar gresca o
pendencia, pero más llevado por un mínimo desahogo que por cualquier otra
cuestión, le dirijo una ráfaga desde mi posición. Atino a vislumbrar como el
presuroso me dirige una fugaz mirada a través del retrovisor y la callada por
respuesta.
Aquí
doy por terminado el incidente con un final que califico de feliz y buscando en
la guantera, encuentro otro caramelo que, presuroso, paso a degustar con
fruición. Cuando llegamos a la altura del Agente de la Benemérita, este nos da
paso, a lo que el motociclista y yo mismo accedemos de manera tranquila y
pausada. Una vez sobrepasada la rotonda y fuera de la vista y oído de la Fuerza
Armada, el susodicho individuo, retiene su vehículo hasta casi detenerse, y
levantando una de sus manos al aire me regala una preciosa y contundente
peineta –Léase: Puño cerrado con el dedo corazón estirado apuntando al cielo- Acto seguido se aleja como alma que lleva el
diablo pero, como no podía ser de otra forma, haciendo un caballito – Me vuelvo
a tragar el caramelo-.
Al
llegar a casa me entero de que el fin de semana pasado hubo 11 motoristas
muertos en la carretera. Me alegraría saber que el de la peineta no fuera uno
de ellos.
Luis F. de Castro
sábado, 28 de diciembre de 2013
Y sin embargo funcionamos...
Es mi intención poner en vuestro conocimiento que, a pesar de mi naturaleza real, de mi linaje antiguo y de mi elevada posición, tengo amigos. Uno de ellos se llama Antonio Vadillo, y además de inquisidor de barra y pensionista recalcitrante, es uno de esos filósofos que tiene a bien guiarme en el diario devenir. Hoy me manda esta carta que reproduzco para vuestro análisis y solaz disfrute.
Y a pesar de ellos,
funcionamos.
... es verdad, y a pesar de ellos funcionamos.
Subidas de impuestos, retenciones de pagas, bajadas de salarios, el 25 % de la población en paro.
... es verdad, y a pesar de ellos, funcionamos.
Subidas de impuestos, retenciones de pagas, bajadas de salarios, el 25 % de la población en paro.
... es verdad, y a pesar de ellos, funcionamos.
Privatizan la sanidad
pública, nos meten de nuevo el catecismo por los ojos; y ojo, yo he sido
bendecido por el hermano gemelo de Paco Claver, y que decir de la educación,
los servicios, etc.
... es verdad, y a pesar de ellos, funcionamos.
... es verdad, y a pesar de ellos, funcionamos.
Vivimos
por encima de nuestras posibilidades, yo vivo en un segundo piso al igual que
mi hermana, mi hermano en un primero, pero de momento su piso es del banco,
como vive por encima de sus posibilidades, y como nosotros múltiples de amigos
y conocidos que a su vez tienen amigos y conocidos en iguales circunstancias.
... es verdad, y a pesar de ellos, funcionamos.
... es verdad, y a pesar de ellos, funcionamos.
martes, 24 de diciembre de 2013
Sobre el ánimo y el desánimo.
Hoy, con ser el día que comparte la Nochebuena con mañana, no deja
de ser otra jornada más. Ocurra lo que ocurra, pase lo que pase, un
día tras otro, nuestros aconteceres sólo son parte de una dinámica
universal de la que, queramos o no, formamos parte. El mundo gira,
las cosas caen, la vida nace y muere a un tiempo, pero sólo
nosotros, los que conformamos este nutrido grupo de aldeanos, somos
depositarios de un gran tesoro: los sentimientos. Carne pensante y
doliente para unos, monótona y fugaz para otros, pero viva y libre
al fin; porque en nuestra mano está la elección; hacer de la pena,
alegría, del tedio, pasión, y de la muerte, horizonte. Sentir el
tiempo pasar sobre nosotros y sentirlo como si de una suave brisa se
tratase que trayéndose viandas, se llevase al olvido lo doloroso del
pasado.
Hace unos días murió Arturo, hoy Antonio; ambos eran esposos,
padres y abuelos, y ambos de la misma amplia y, para mí, querida
familia. Los dos sufrieron más de lo que debían, pero se fueron con
la tranquila parsimonia del que nada deja que temer a su espalda;
ambos dejaron su amable y bondadosa impronta en todo lo que alguna
vez los rodeó. Hoy quedan dos casillas vacías en el registro de la
buena gente que ha sido, dos casillas que volverán a ocuparse, como
siempre ha ocurrido y seguirá ocurriendo; pero que en su familia y
en aquellos que los conocimos dejarán la remembranza de dos personas
que dejaron mucho más de lo que se han llevado.
Si por un momento supiéramos como enlazar, si hubiera alguna forma
de intercambiar y compartir sentimientos y sensaciones sin
contaminarlos con la distancia y el egoísmo, me gustaría que fuera
este. Abrir la espita y dejar pasar la pena de la despedida y la
alegría del renacimiento, elevar nuestro espíritu sobre el miedo y
el desánimo cubriéndolos con un manto de expectante bienvenida.
… Porque, como decía la canción, hoy puede ser un gran día; el
día en el que Arturo y Antonio caminan juntos contándose chistes y
fumándose ese cigarrillo que ya no podrá hacerles daño; lo hacen
por el prado donde la hierba nunca se agosta y el aire siempre es
fresco, donde el dolor no existe y no hace frío; sonríen
satisfechos porque saben del amor y la bondad que dejan tras sí.
A la memoria de dos grandes tipos: Antonio y Arturo.
Luis F. de Castro.
domingo, 15 de diciembre de 2013
Lo que vemos en los demás y por ende, en nosotros mismos
Qué eres, sino lo mismo que el otro pero
colocado de diferente forma. ¿Tienes algún derecho sobre alguien?, ¿algún
poder?; o no eres más que un corpúsculo infinitesimal colocado al lado de otro
corpúsculo infinitesimal que espera angustiado que pase algo. Lo deprimente es
que cuando acontece cualquier cosa, tu intervención es inane, inútil,
intrascendente poco más allá de un tiro de piedra, y a los que afecte, serán
igual de insignificantes que tú. Somos fútiles masas pensantes con delirios de
grandeza.
Enfrascados
como estamos en adorar las veleidades de la pelusa de nuestro ombligo, se nos olvida
que todos tenemos ombligo. Somos miles de millones de ombligos y miles de
millones de pelusas exactamente igual de asquerosas y aburridas y que sólo
aquel que; -¡Oh sorpresa!- se da cuenta de que tiene dedos que la sostienen, se
sale del hatillo, reventándole el conjuro al malhadado brujo que nos tiene
encantados. Tanto tiempo evolucionando, puliendo las conexiones neuronales,
elaborando un pensamiento superior, para que ese raciocinio sublime y desarrollado se termine esmerando más en la
maldad, el orgullo, la envidia, la ira, la inmodestia, el derroche, la
deslealtad, el desamor que en todo lo contrario. Sí; y no son los otros, eres
tú, soy yo. El malencarado del semáforo, en funcionario cabrón, el fontanero
estafador, el violador, el ocupa, el asesino, el político corrupto, todos somos
tú y yo. Y todos aquellos que los sufren sin quejarse, sin alzar siquiera un
brazo y que luego crean una atmósfera irrespirable con sus comentarios y
actitudes en voz baja. Que también somos tú y yo.
Cierras la puerta de tu casa con tres vueltas
de llave, contratas un seguro que te asegure contra incumplimiento de seguros,
te inquietas cuando ves a los guardias, te recoges cuando anochece…Hemos hecho
de la vida humana un enorme u cambiante código penal del que no te puedes fiar.
Nuestras manos ya no son blancas. La humanidad hipercomunicada, supralegislada,
donde los gatos tienen millones de pies, no es viable. Tarde o temprano alguien
o algo nos llamará a capítulo y nos dirá a la cara que somos FEOS, TONTOS y MUY
POCA COSA y que a lo más que llegaremos es a destruir una parte de la corteza
de una motita de un puntito que brilla -y brilla poco- en una galaxia que
brilla -y brilla poco- en un rincón olvidado del Universo.
¡Ah!,
y no les digas a otros lo que crees que son porque te estás insultando a ti mismo.
Luis F. de Castro.
domingo, 17 de noviembre de 2013
El sufragio digestivo
Queridos súbditos: Que tristeza siento al leer estas cartas que me llegan del país vecino. Mi conciencia hierve al contrastar las penas y cuitas que me exponen, con la felicidad que se enseñorea aquí, en Colocotroco. ¿Como se podrá vivir así? Es obligación solidaria con mi querido pueblo, exponer estas cartas para que se tomen en cuenta y la experiencia ajena se admita como fuente en la búsqueda de nuestra felicidad.
Viñeta de ETC noticias
Hoy, retenido en el
diario atasco de la M-40 he caído en cuenta de cierto anuncio radiofónico en el
que una conocida empresa, entre coros y fanfarrias, nos anuncia que la
responsable de nuestro nivel de vida y progreso es la energía y que ella misma,
como “humilde” productora y vendedora de la misma, se merece nuestro más
sincero aplauso. El anuncio era como de mitin post-desastre. Como si se tratara
de uno de esos discursos de película americana cuando el líder se dirige al pueblo
para levantarles la moral después de que un meteorito haya destruido todo el
medio-oeste; de esos que a medida que transcurre la soflama se te va inflando
el pecho y cuando acaba, o expulsas el aire, o explotas. Una pena, vamos… El caso es que, bien mirado, quemamos lo que
no arde, ensuciamos sobre lo sucio, pavimentamos todo lo que haya que
pavimentar, matamos hasta lo que no tiene vida y derrochamos lo que nunca fue nuestro y sin embargo, estas
realidades se nos presentan como delicadezas dignas de zares, como zapatos
hechos a medida. Esta atmósfera hipnotizante se extiende a todos los recovecos
de la sociedad; no puedes escapar de ella, te rodea, te envuelve y te inunda. No
encontramos la ventana por la que sacar la cabeza y respirar. Que esa miríada
de elegidos, tan inteligentes ellos, tan sagaces, tan bien pagados no tengan
otra manera de convencernos, no tiene disculpa ni descargo. Que estos prebostes
tengan que endulzar sus nimias conquistas arrastrando siempre las del
contrincante, ¿No huele a podrido?
Ya no creo en casi nada
ni en casi nadie…
Decía mi abuela “To esos sermones pa
mis cojones”… y decía bien. Cuando perciba sentido común, bondad, lealtad y
rigor en los ojos de esos que dicen querer lo mejor para “el ciudadano”; cuando
compruebe como se indigestan al montar en 400.000 euros de coche pagados por el
contribuyente, cuando mis glándulas excreten correctamente tras una de esas
“ejemplares actuaciones ajustadas a derecho”, cambiaré de actitud; bien
entendido que me consta que ese cambio, a ellos, les trae absolutamente al
fresco.
Sé
que meter a todos en el mismo frasco no es lo correcto, pero a la hora de
repartir papeles en esta sociedad, a mí no se me asignó el de impartir
justicia, sino el de pagar impuestos y cumplir leyes, así es que es lo que hago…
y si no estoy de acuerdo, fíjate tú que no saco el Kalasnikoff y me lío a
repartir plomo… ¿A que no?
Sólo del regusto,
del tufillo, de esa sensación residual que, proveniente del fondo de estómago,
alcanza las papilas gustativas, puedo fiarme… Esas sí que son fiables y, a la
postre, son las que conducirán mis manos a la papeleta que después dará de
comer opíparamente a quienes dirigen mi destino.
Ni los políticos,
ni la prensa, ni la justicia, ni la religión conseguirán convencerme de otra
cosa que no sea que esta democracia en la que nos movemos, no se basa en el responsable
y meditado sufragio popular, sino en el sufragio digestivo.
viernes, 15 de noviembre de 2013
Notas sobre un futuro perdido
Estimados colocotrocos: Como si de un goteo impenitente se tratara, me llegan sin pedirlas, notas, escritos y misivas que no hacen más que inquietar mi tranquilo deambular por este mundo. Muchas de ellas vienen de nuestro vecino y malhadado país. Como quiera que no tengo mano para solucionar nada de lo que implícitamente se me pide, limítome a haceros participes de ello.
Tengo entendido que
gran parte de lo que somos se forja a muy tempranas edades y que las puntillas
del sayón, los detalles, aquellas pequeñas cosas que afinan nuestra personalidad
se van adquiriendo poco a poco; como a ratos muertos, casi sin quererlo. Pues
bien: estoy preocupado e intrigado a un tiempo. Me ilusionaría saber si mi
manera de ser y de pensar se sustenta en valores ecuánimes y equilibrados, y si
estos me servirán bien a la hora de escoger el camino de la felicidad o me
despeñaré a la vuelta de la esquina. Resulta inquietante estar equivocado y que
por soberbia o desconocimiento, se nos escape la posibilidades de reconducir la
situación.
miércoles, 13 de noviembre de 2013
El mayordomo. Quiero y no puedo
Gran presupuesto, fenomenales técnicos, actores de primera fila y un mediocre guión que no consigue contar lo que quiere, que deja cabos sueltos por doquier y que no termina de hacer un todo razonable con tanto retal. Lee Daniels no consigue apartarse de la estela de Forres Gump y quiera o no, queda oculto por la alargada sombra de aquella.
Luis F. de Castro
lunes, 11 de noviembre de 2013
La huída 3
Analizando,
concluí que la situación de trágica transformose en cómica. Mi caída del árbol
había sido al tiempo arma y accidente. Todavía escuchaba en lontananza los
quejicosos sonidos del monstruo a alejarse, cuando recalé en que el amanecer tomaba posesión del lugar y mi necesidad de
volver a casa se me planteó como acuciante. La espalda me dolía, pero pensar
que la del huido estaría destrozada, aliviaba mi conciencia sobremanera, así es
que, con los renovados bríos del vencedor, me dispuse a ello.
Intentaba
no pringarme demasiado con el barro que se ocultaba bajo la hierba y mientras
ocupaba toda mi atención en ello, observé como, a lo lejos, el bicho se había
recuperado y aparecía tras una loma corriendo desmelenado. Evidentemente rehecho,
volvía a la carga contra mi persona. De golpe se hundieron moral de victoria y
posibilidades de futuro… ¡Muerto soy! –pensé- y caído en una desazón repentina,
dejé que mis pies se hundieran, me agaché en cuclillas y, pasándome los brazos
alrededor de la cabeza, deje que el mundo hiciera de mí su real gana.
No pasó
mucho tiempo desde mi decisión hasta el desenlace, ya que, no bien me había
hecho del todo a la idea de que mi fin era cosa de poco, cuando noté un intenso
cosquilleo en la oreja. Alzando el rostro, comprobé como la lengua del demonio
intentaba minar mi temor y atraerme hacia sí. Desconfiado, busqué su mirada
amarilla. El principio y el fin de aquella incomprensible actitud debían estar
allí. Toda la furia pasada, todo ese odio contenido había desaparecido y como
si hubiera perdido esa pesada carga durante la carrera, luchaba por deshacer
las trabas que mi desconfianza le ponía, lamiéndome la mejilla..
-¡Joder,
que arisco eres! – De un recio empujón, Pepa me apartó de su vera. Me sorprendí
con las sabanas firmemente sujetas con ambas manos manteniéndolas justo por
debajo de los ojos; unos ojos abiertos al límite de lo posible y que pedían
explicaciones sobre lo ocurrido. – ¡Es la última vez que tomo la iniciativa! –
A la vista de la situación, con Pepa cubriendo su desnudez entre aspavientos y
soltando sapos por la boca, no quedó otra: había metido la pata; sin intención,
pero la había metido.
Luis F.de Castro
miércoles, 6 de noviembre de 2013
La huída 2
Dos
horas se cumplían - más o menos-, desde que me encaramé al olmo huyendo de la
bestia. Las manos me dolían, al igual que las desolladas rodillas. Las nalgas
sobre las que me apoyaba habían perdido cualquier atisbo de sensibilidad. Allá
abajo, se adivinaban más que verse, los ojos del demonio; esos ojos a los que
la intensa oscuridad no parecían distraer de su objetivo: yo. La noche lo
arropaba todo desde hacía tiempo, y en su negrura, intenté hacerme fuerte con
un latigazo de rebeldía. Como quien cree
ser el “no-va-más” de la revolución meé desde las alturas y meé apuntando al
negro bulto con la vana intención de
humillarlo, de someter esa sólida y persistente idea que llenaba su cabeza. No
podía consentir que me merendase todo entero… y algo tuvo que llegarle porque
la brisa me devolvió, además de su suave susurro, el sonido de una rabia
contenida y no muy distante. Tras unos
minutos de inclementes gruñidos y desabridos
aspavientos, la opaca escena se fue calmando hasta el silencio total
y, a pesar de ello, nunca cruzó mi
cabeza la idea de bajar de mi otero; al menos hasta tener las cosas claras y
como la noche tornaba a fresca y la espera a tedio, decidí acomodarme en lo
posible y echar un sueño que presumía ser tan necesario como liviano. Las ramas
no eran precisamente un tálamo de lujo, pero no tardé mucho en encontrar
postura, y así, con la esperanza de que eso que me esperaba abajo desgastara su odio con el relente, hice
esfuerzos por olvidarme de ello… de momento.
Algún
pesimista dijo una vez que aquello que puede empeorar, empeorará y, aunque no
soy de esa opinión, algo de razón debía tener el susodicho por que a la hora de
despertarme, no lo hice al uso; sino de golpe y con gran susto. De hecho, lo
hice en el aire, justo antes de caer de espaldas sobre la bestia. Todos sabemos
que nada hay más egoísta que un ser doliente, si acaso otro ser más doliente y
en ese momento, pienso que el más egoísta de los dos era el monstruo que, a la
vista de cómo corría y aullaba, en el sorpresivo encuentro tuvo todas las de
perder. Mientras corría despavorido, miraba hacia atrás intentando buscar
explicación a tamaño y doloroso desasosiego y mientras, se alejaba más y más
intentando que el dolor del golpe no le alcanzase.
Luis F.de Castro
lunes, 4 de noviembre de 2013
Insidius 2. El cine de la fila de los mancos.
Mala, mala, pero mala de verdad.
El
señor Wan se ha aprendido aquello de susto o muerte y de tanto meter lo
primero, casi consigue lo segundo. Es una sucesión de ¡¡¡huuu's!!! que cansa,
que estomaga. No hay historia, no hay interpretación, no hay técnica, solo
oscura y perversa mediocridad. Es acabar la película y darte cuenta de que has
perdido el tiempo ignominiosamente. El guión no consigue en ningún momento
crear una trama, siquiera una mínima historia que sujete al menos sibarita de
los espectadores a la silla; conclusión: el cine se convierte en una sucesión
de risitas y conversaciones que no hacen más que acompañar el trepidar de las
bolsas de ganchitos y al crujir de las patatas fritas al ser masticadas.
Si lo que queréis es pegaros el lote con vuestra pareja,
comer escandalosamente, o ventosearos para ver que pasa: esta bien, pero pagar
siete euros con setenta a cambio de ello, lo considero caro... ¿no os parece?;
para eso hay otro sitios más aquilatados de precio.
Luis F. de Castro
La huída
Corriendo como un poseso, me subí al único árbol que había
en el prado. A dos metros sobre el suelo, creime fuera de peligro, pero cuan
equivocado estaba. Al mirar hacia abajo, mis ojos se centraron en los suyos que
inyectados en sangre, gritaban a los cuatro vientos las ganas que tenía de
echarme el guante y hacerme suyo. Daba saltos que le llevaban a poco
centímetros de mis pies y a cada uno de ellos arañaba la resquebrajada corteza
haciendo que multitud de trocitos le cayeran encima como si de una molesta
ducha se tratase.
Me rozó un pie y sin pensarlo, mi cuerpo trepó algo más con
la esperanza de acercarme a Dios y alejarme de la bestia.
Algunos segundos después y abrazado a una de las grandes
ramas como si quisiera hacer el amor con ella, caí en que me había desollado
las palmas de las manos y las rodillas contra la áspera corteza del chopo -con
la excitación y la angustia del momento siquiera había sentido dolor-, pero
ahora… ¡joder como escocía!
Una mirada más al motivo de mi situación y sus blancos y
amenazantes colmillos me hicieron llegar
claramente que no tenía ninguna
intención de abandonar su empeño, por lo que algo dentro de mí, dispuso mi
cuerpo a pasar mucho tiempo allí; incluso toda la noche; quizás mi mala suerte
no fuera otra cosa que un acicate para hacerme reflexionar, una manera más de obligarme a analizar todo lo que hice mal el día que así acababa…
Luis F. de Castro
domingo, 3 de noviembre de 2013
La eterna desgracia de ser español o el porqué nadie nos quiere.
Estimadísimos colocotrocos: Como nuestro querido reino no tiene historia, no tiene de que arrepentirse, por lo que -consecuentemente- somos mucho mas estúpidos y felices. No nos pasa como a esos españoles vecinos nuestros que reniegan hasta de sus intestinos. Para muestra, un botón: Este escrito lo pone de manifiesto.
...pobres.
Capítulo primero y
último
Leo en un diario de distribución nacional la crítica que
Teresa Guerrero hace del último libro del antropólogo y explorador Kim
MacQuarrie. El citado, titula su trabajo
“Los últimos días de los incas” y, según extraigo del artículo, pasa por
ser un libro más en el que unos indígenas de elevada calificación moral, tecnológicamente
desarrollados , culturalmente interesantes y que viven en comunión con una
floreciente naturaleza, son diezmados por unos decadentes bellacos, por demás
vagos y maleantes, de procedencia española y que, al igual que Hernán Cortés en
el imperio azteca, Colón en el Caribe, Magallanes y Elcano en las islas del
Pacífico, los tercios en Flandes y un largísimo etcétera, sólo pretendían
proveerse del placer de dominar e inflar las bolsas con lo honrada y trabajosamente
atesorado por sus víctimas.
miércoles, 23 de octubre de 2013
Una cuestión de tiempo... ¡Jó, qué bonito!
Imagínate que abres el diario de un tipo mediocre, con una vida mediocre y una familia mediocre; le borras todo lo que pudiera ser malo o desagradable y le añades un puntazo tontorrón. Lo que queda lo salpicas con colonia barata, lo rellenas de emoticonos sonrientes y corazoncitos, después mandas al perro que te traiga las zapatillas; sí, las de felpa, las calentitas y se eche a tu lado para que te lama los tobillos. Una vez así, lees apoltronado en el sillón de orejas, mientras tu madre pica cebolla a tu lado y escucha el consultorio de Elena Francis... y tu novia, de cuerpo liviano y acaramelada expresión, se acurruca bajo tu axila... ¡Pues eso!
Y encima se tiran toda la película diciéndote como se hace para ser feliz.
No penséis mal, pillines; que está muy bien. Este señor Curtis hace películas de libro; de esas en las que encontrar un fallo es difícil, y esta es de esas. Agradable, ligera y, aunque no lo parezca por lo que acabo de escribir, poco pastelera. Además, te ríes, que según están los tiempos, no está de más.
Si podéis, verla.
Luis F. de Castro
jueves, 17 de octubre de 2013
La silla vacía
Queridos súbditos: Hete aquí que una de mis "lideresas" -¡menudo palabro!-, requiriome para la redacción a vuelapluma de un sentimiento. El susodicho sentimiento versa sobre la inspiración provocada por una imagen fotográfica que ella proporcionó y que incluyo a continuación de este párrafo. Tamaña empresa convenciome y como uno es de naturaleza servicial y hacendosa, púsose manos a la obra. El resultado del desmán no es otro que el que os ofrezco. Espero que no os deprima en exceso.
¡Ah! la antescitada lideresa atiende a sus admiradores por el apelativo de 12:45 pm. Original: ¡a que sí!
La silla vacía.
¡Ah! la antescitada lideresa atiende a sus admiradores por el apelativo de 12:45 pm. Original: ¡a que sí!
La silla vacía.
De fastos y boato, de derroche y
desperdicio, de estafa y usura, de cretina necedad la atmósfera me
rodea.
Sumida en guerras donde siempre gana
mi lobo estepario, no encuentro la superficie en este mar de fango;
la línea a partir de la cual regalarme una bocanada de aire
respirable.
Las sienes me atormentan palpitando al
son de la catástrofe; millones de puños oprimen un cerebro
desquiciado siempre a punto de resquebrajarse en su infinita
fragilidad. Es la ciega necesidad de terminar, dar fin una vez se
acabó el plazo. No caben prórrogas, y sin embargo... poner fecha a
la propia muerte despierta las ganas de vivir. Algún yo interno
intenta alargar la medida del tiempo, hacer que el reloj se ralentice
hasta detenerse, porque, sin querer, acabas de crear una meta de
transgresión.
Quieres, necesitas desobedecerte.miércoles, 16 de octubre de 2013
Gravity, un relajado y bello agobio.
Es Gravity una de esas
películas que te obligan a desear descuartizar al memo de las
palomitas o al pánfilo de la bolsa de cheetos. Tiene un “nosequé”,
un “quéseyo” que llama a arrebato y que pasa por encima de su
sencillo argumento como sin tocarlo.
Bellísimas imágenes
-hipnótica alguna de ellas-, pasan una tras otra haciéndote
recordar que aquellas cosas buenas que nos dejaron Kubrick, Scott y
Oshima, entre otros, no son ni serán las últimas en proyectarse en
las solitarias salas de cine. Alfonso Cuarón se lo tenía muy
callado; quien iba a suponer que trabajos tan supeditados a un
marketing salvaje como los anteriores desembocarían en una
producción tan bella en lo estético y tan afinada en lo técnico.
Por otro lado, me gusta
la interpretación de Sandra Bullock. Son escasas las veces que esta
buena actriz destapa el tarro; quizás sea por no estar bien
dirigida, un encasillamiento premeditado o debido a una mala
selección de trabajos, pero cada vez que sale en pantalla, esperas
el chiste fácil o el chascarrillo de turno, pero en esta... “va
dado el que eso espere”.
Ciertamente el doblaje
engaña y tiende a “ensuciar” el trabajo de los actores; pero en
Gravity este extremo se agudiza en razón a que además del aporte
gestual y la dicción, intervienen otros recursos adicionales: se
interpreta con el sonido de la respiración, gritos y susurros, por
lo que existe la posibilidad de que parte del mérito no le
corresponda a ella, sino a su dobladora, y si es así: ¡hurra por
ella!
No sé si esta película
será de esas, pero me da el “tufillo” que pertenece al poco
nutrido grupo de las que aguantan bien el paso del tiempo.
En conclusión: de cine.
Luis F. de Castro.
jueves, 10 de octubre de 2013
El deseo
La noche rebosa de agobiante calor.
Tras un ondeante velo de pereza,
aparece mi ángel moreno; mi ángel de voluptuoso perfil, silencioso
posar y desquiciante aroma. Su medida quietud incita la impaciencia
del necesitado mientras esa salvaje melena me sopla al oído promesas
de una pasión descontrolada.
Tendido sobre las sábanas, desnudo,
la veo aparecer iluminada por la pálida e indiscreta luz de la luna. Con inquietos ojos, observo como una gota de sudor emboca el
vertiginoso camino entre sus pechos para desaparecer tras la
cinturilla del slip. Va camino de recónditos paraísos que ahora se
me antojan cercanos, calientes, húmedos. La brisa eriza su piel y
bajo la tenue y diáfana fibra del sujetador dos insolentes vigías
se ponen firmes de inmediato y algo entre mis piernas proclama su
independencia enarbolándose como con prisa.
martes, 8 de octubre de 2013
Las brujas de Zugarramurdi -De locos y brujas va la cosa-
Pocos directores españoles tienen un sello distintivo más acentuado
que Alex de la Iglesia y nunca, aún queriéndolo, podría ocultar que estas
brujas son suyas; esas situaciones, esos disfraces, esos diálogos no pueden venir
de otra cabeza que de la suya.
La cuestión es que
uno se lo pasa de cine viendo las aventuras y desventuras de esos dos tontos
muy tontos que son Hugo Silva y Mario Casas. “Tontá tras tontá” los minutos van
pasando y el espectador –yo- va pasando de un estado “quasi-incrédulo” a otro
de “cuéntame lo que quieras que soy todo tuyo” sin darme demasiada cuenta. Las
primeras sonrisas se trasforman en sonoras carcajadas que van salpicando la
platea con moderada abundancia y no es que la película no se merezca más de
ellas, sino que da la sensación que reírse sonoramente en el cine, ya no se
lleva y la gente se corta.
A la cinta le sobran cinco minutos de aquelarre y tres de
persecuciones; por lo demás: muy bien. Es un exceso al más puro estilo de su
director, pero... con tiento. Los diálogos son chisposos y divertidos de
surrealistas y la entrega de sus intérpretes encomiable. Mario Casas: genial.
Es difícil hacer el tonto tan bien sin serlo y Hugo Silva en su línea.
Espero la siguiente con la seguridad de que la obra maestra
de Alex está al llegar.
Luis F. de Castro.
viernes, 27 de septiembre de 2013
Fanny Game. (Crítica de cine)
Me intriga pensar que hubiera
sido de Haneke si no le hubiera dado por hacer cine; porque esta película da la
sensación de estar hecha con vísceras humanas. Llena de planos insufriblemente
largos, planos arrojados a la cara del espectador con furia, con la intención
de hacer daño, no deja un momento de paz. Estamos ante un Haneke técnicamente
perfecto y con evidente tendencia al sadismo.
Si alguien sabe como anular la
sensación que provoca la película sin olvidarla, que me lo diga.
Luis
F. de Castro.
miércoles, 25 de septiembre de 2013
Comentarios sobre feminismo.
Estimados, queridos y nunca suficientemente valorados súbditos: Os expongo aquí una batería de comentarios sobre feminismo -en especial sobre el vocablo- que se cruzaron en un blog del que soy seguidor. Me parece interesante y aleccionador. Al que le parezca pesado o pedante, sólo tiene que obviarlo. He dicho.
domingo, 22 de septiembre de 2013
La cinta blanca... o la tristeza que salió del frío.
La cinta blanca es una de esas escasísimas películas que te acongoja hasta las calandracas. Poco a poco, minuto a minuto socava tu mucha o poca serenidad dejándote un poso de desasosiego que dura más de lo que debiera.
Haneke ha hilvanado una historia terrible; donde muchas soledades se aúnan para formar una enorme y oscura caverna de ladrones y alimañas; donde, salvo algún pequeño retazo, todos son sinsabores y desdichas. No sé si le salió por casualidad: no conozco el resto de su filmografía, pero prometo firmemente intentar desenmascarar a este prestidigitador si con mi nimio conocimiento, llego a suponer que fue así.
La película te sumerge en los más oscuros y desgarradores efectos secundarios de una civilización a medio hacer, y lo hace con lentitud y seguridad; afianzando los cimientos para que no queden dudas de que el grupo humano que retrata es ese al que nadie quisiera pertenecer.
Una discreta e íntima obra maestra que, por designios de la industria, quedará fuera del alcance de populacho.
Luis F. de Castro.
martes, 17 de septiembre de 2013
La gran familia española, o rusa, o birmana.
Así veo a Daniel Sánchez Arévalo:
ligero de equipaje. La película parece estar hecha sin temor al fracaso, casi
temerariamente. Una asincronía casi insultante acompaña una trama que -en un
principio- cuesta seguir. Escenas atrayentes se solapan con otras que provocan
sentimientos parecidos a la vergüenza ajena; de las que tienes que apartar la
mirada casi por obligación, pero hete aquí que -a la postre- algo desconocido
las amalgama dando al conjunto un brillo original.
Los actores parecen haberse
contagiado del sistema narrativo: sincopados, inconstantes, descontrolados y
arrastran con ellos a un espectador que no sabe a qué atenerse hasta pasada
media película.
Digna de ser vista.
Luis
F. de Castro
miércoles, 11 de septiembre de 2013
Crónicas ganimedianas -016- Yo solo sé que no sé nada.
Ganímedes,
10 de junio de 2.808
No
le queda otra a nuestro hombre que cazar al vuelo la pierna díscola
que golpea el dichoso sensor. Cuando por fin lo consigue, la
descuajada figura de Goda se detiene en extraña postura y anómala
quietud; a Agfo este silencio se le antoja como el que precede al
desastre y con expresión anhelante, busca desesperado cualquier
indicio que le anuncie un esperanzador ataque cardíaco o un colapso
de los de imposible recuperación... pero no. Goda abre los ojillos y
apartando como puede el descolocado pelucón que casi le cubre la
cara por completo, se le ocurre preguntar: -¿Ha pasado algo? -Será
estúpida, piensa Agfo-, pues claro que ha pasado, que casi nos
atomizas contra un anillo. Tan desenfrenada ha sido la actividad que
la porción de patatas que les regalaron con el pase aparece
estratégicamente repartido por todos y cada uno de los asépticos
rincones de la espaciera.
martes, 10 de septiembre de 2013
EPIC. Preciosa castaña. 2013 (Crítica de cine)
Me viene a la cabeza el
tópico de la rubia tonta: por fuera, todo espectáculo y preciosismo
y por dentro, nada. Tan sorprendentes imágenes vacías de contenido
te deja sin palabras. Es como meter un rollo de papel higiénico en
un cofrecito de oro y pedrería. Un guión, mediocre...¡que digo
mediocre!, malo como pocos, unos personajes mal definidos: sin chispa
ni enjundia y una sucesión de gags terriblemente anodinos; en
conclusión: decepcionante.
Donde quedaron los
personajes de Ice Age, donde. Ese gracejo, esa cosilla que tiraba de
las comisuras de los labios para hacerte sonreír. Como habrá
conseguido Chris Wedge que tras diez minutos de película, odies a
todos los personajes de la historia -especialmente a los “buenos”-,
que desees profundamente que los bosques se pudran de una vez por
todas y que el bodrio acabe cuanto antes.
Solo me queda agradecer
a los hados que, al menos, en la sala solo había un niño al que
desconsolar.
Luis F. de Castro
lunes, 9 de septiembre de 2013
Solos
Como todos los días,
Nacho es el primero en llegar. Pide la primera de las tres cervezas con limón que
caerán esta tarde y –al igual que siempre- sienta su corpachón a la vera de la
mesa desde donde mejor se ve la tele. Sus cincuenta años y la invalidez
permanente por esquizofrenia dejan mucho tiempo y gran parte de él, lo derrocha
esperando. Es un tipo poco hablador; prefiere observar y sonreír mientras
escucha las diatribas que se cruzan entre José y Daniel. Sus dos amigos no le
requieren al diálogo: le conocen bien y a lo sumo, le preguntarán algo que con
un monosílabo como respuesta, va que se las pela. Ellos saben que es difícil
rebuscar en sus pensamientos; los tiene bien escondidos en el último estofado
de lentejas que hizo su mujer antes de abandonarle. Tal vez un mínimo gesto, un
ademán, una pasajera mueca podría indicarnos el camino hacia su interior… pero
no: dos escuetas palabras sirven para informarte que has errado, que su mente
va por derroteros esquivos dejándote la impronta de que algo sabe -y lo calla-.
José y Daniel
entran juntos en el bar. Ya traen el debate en bandolera y, con ellos, el
mortecino establecimiento que dormitaba al soniquete del telediario, recobra
algo de la vida que alguna vez tubo. Saludan a Nacho dándole la mano; primero
uno y después el otro y cada uno le dedica una tonta frasecilla de las de
rigor. Ellos no piden de beber; no hace falta: sus gustos son de las pocas
cosas que el viejo barman recuerda por encima de sus muchos años y a pesar de ello,
tardan buen rato en ver como dos carajillos y unas pocas aceitunas se arrastran
renqueantes hasta la mesa. Poco después, las mismas fichas de dominó de toda la
vida, vienen a animar momentáneamente el tedio
Ambos se conocen
tanto como conocen a Nacho y en sus tertulias de partida flota un ambiente de
complicidad, de íntimo y mutuo perdón. José es impulsivo, inteligente y algo
mentiroso y Daniel diabético, crítico y calculador, pero entre todos, se
soportan. El conglomerado es perfecto para pasar una tarde caliente y segura
haciendo sonar las fichas sobre la mesa. Una mesa donde el regusto de sosiego
no se pierde ni cuando José suelta alguna de sus baladronadas que, a ciencia cierta,
no habrá por donde coger. Nada importa: hablarán de ella igual, porque Daniel
tiene respuestas para todo y Nacho, con sus silenciosas sonrisas, también.
Mucho le pasan por
alto a un José que si no fuera por estas horas de la tarde, no tendría ante
quien presumir de salud. Hace tiempo que no trabaja porque –según dice- nadie
quiere su edad ¿Quién habría de quererla teniendo a su disposición jóvenes
moldeables y duraderos?... y los otros asienten, aunque piensan que otras cosas
tiene peor que la añada.
Daniel, el pobre,
bastante tiene consigo mismo, sus achaques y el más asqueroso de los caracteres.
Qué seria de él sin alguien no se lo reprochara a menudo. Lo que no saben sus compañeros
es que les deja ganar; no vaya a ser que le dejen por aburrimiento.
Entre sorbos y
sentencias, dimes y diretes y arres y sos, pasa la tarde y cuando Nacho levanta
el brazo para saber que se debe, faltan exactamente cinco minutos para que los
tres vuelvan a encontrarse con la nocturna soledad.
viernes, 6 de septiembre de 2013
La política, esa degenerada
Según algunos, la política es una rama de la moral
destinada a gestionar la convivencia, pero el valor de esa definición fluctúa
con los mercados. Hoy por hoy es tal el exceso de oferta que con un minuto de visibilidad
compras la mitad de cualquier Parlamento. La política ha llenado cada uno de
los intersticios de la sociedad y con el paso del tiempo, ha complicado tanto
la vida del ciudadano que consiguió dar el salto cualitativo final: se ha
convertido en libro de ruta de la evolución humana. En cierta forma, es
lógico. La racionalidad que nos caracteriza en el mundo animal, se alimenta de
poder y es este el que condiciona los avances del conocimiento: Poder sobre las
bestias, sobre la naturaleza, sobre nuestros semejantes, poder al fin.
Lo que mantiene unida a la sociedad contemporánea no es
otra cosa que eso: poder.
La importancia del hecho de que cada político vele
por los intereses de su ideología -que no de sus conciudadanos- se ha
visto superada por la necesidad de dejarse ver por ellos como lideres
laboriosos y capaces. A mi modo de ver, la presentación de su cometido
como si fueran ímprobas empresas, no es más que una función teatral encaminada
a que cualquier resultado -por desastroso que sea- pueda mostrarse como un
triunfo clamoroso.
Luis F. de Castro
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Versos 008
Permitidme, ciudadanos. Otra vez me he puesto ñoño... y es que vuestro Rey no tiene remedio.
Sentir el tiempo.
Sentir el tiempo.
Gozar deprisa.
Viviendo.
Rozar el borde.
Burlar al mundo.
Muriendo.
Beber tu sangre.
Mirar al cielo.
Rezando.
Caer del guindo.
Llorar sentado
Penando.
Por ser poco.
Por ser nada
Gritando.
Y ser el eco la única
respuesta.
Y sentir como única
caricia
la del viento.
Luis F. de Castro.
Sobre la corrupción.
Queridos conciudadanos del reino de Colocotroco: Como vuestro Rey que soy, me propongo daros a conocer el mundo que nos rodea y aunque, en nuestro paradisíaco territorio, la mayor parte de estos problemas están erradicados de antiguo, no está de más ponerlos a vuestra consideración como recordatorio de lo que sufren otros por su mala cabeza.
Luis F. de Castro.
Es la nuestra una sociedad joven, una sociedad que
se encuentra en los primeros estadios de su formación. En los tres o
cuatro milenios que lleva siendo tal, se han ido esparciendo por su
historia los detritos de un metabolismo basado en la prueba y el
error: sistemas de gobierno, de organización, de convivencia al fin,
que por su escasa eficacia o sus incoherencia con la idiosincrasia
humana han sido desechados o, incluso, métodos y formas que, aun
siendo válidos en su momento, dejaron de serlo por su propia
evolución o la del grupo al que servía. Con el tiempo, los
problemas más importantes e inherentes a esta necesidad de
convivencia racional se han ido tamizando y a resultas de la
operación, aparecen sobre la batea algunos que, por su persistencia
a través del tiempo, han obligado a la humanidad al empleo de
ingentes cantidades de recursos: Uno de ellos es la corrupción.
Básicamente, se puede considerar la corrupción
como un sumidero de recursos que condena a la pobreza al grupo social
que la padece y por ende -al intentar reconvertir esas situaciones-,
a sufrir crisis más o menos traumáticas y de inciertos resultados.
Está presente desde que el hombre tuvo la necesidad de formar grupos
cooperativos y, por lo tanto, la de elegir individuos con
responsabilidades organizativas que con frecuencia, intentaban
transformar dichas obligaciones en derechos de beneficio personal.
Tiene, además, hundidas sus raíces en lo más
profundo del comportamiento humano, siendo su implantación en cada
individuo una sencilla cuestión de cantidad y oferta de
oportunidades, por lo que, con el tiempo, su aparición en una
dinámica social concreta, se ha demostrado como de altísima
probabilidad. La pretensión de controlarla a base de leyes y normas
punitivas se ha demostrado ineficiente a la vista de que son aquellas
sociedades con mayor profusión de las mismas, las que tienen esta
lacra más extendida y resistente a la erradicación.
En mi opinión, a corto plazo, poco podemos hacer
para expulsarla de nuestro alrededor; sería más fácil extirpar el
bazo a todos los individuos que son en el mundo; quizás una
educación más centrada en valores éticos, quizás sobrepasar la
democracia y profundizar en otros sistemas de gobierno o... no sé.
Puede que la corrupción sea como el acné juvenil de una sociedad a
la que le queda mucho camino por recorrer y que, esperemos,
desaparezca con la edad; siempre que otras afecciones juveniles no la
hagan desaparecer antes -a la sociedad, digo-
Luis F. de Castro.
martes, 3 de septiembre de 2013
Dolor y dinero... ¡vamos, de locos! (Crítica de cine)
Una grata sorpresa. Sin duda, la mejor de Bay y también la más difícil. Apoyado en una historia real -eso dicen- los guionistas se han lucido y el director, otro tanto. A pesar de ello si vais dos a verla, seguro que hay discrepancias radicales, de hecho, oí algún comentario sobre su metraje excesivo: no me imagino contar todo eso en menos tiempo. Lo cierto es que me ha parecido una historia alucinante y no creo que haya muchas formas mejores de contarla. Salvo Ed Harris, que, en España, debe su calidad como actor a un enorme doblador y no a su expresividad, los demás están muy en su sitio ¡vamos! de vicio; en especial un Tony Shalhoub (Monk) impresionante.
Luis F. de Castro
martes, 27 de agosto de 2013
El llanero solitario se deja acompañar (Crítica de cine)
Es tan infantil y poco trascendente que no ha conseguido disgustarme. Excesiva hasta en el metraje, consigue sólo en parte un cierto nivel de atracción sobre sí. Diálogos absurdos, muy a lo "Piratas del Caribe", acción sin demasiado cuento y una historia más cercana al cómic que a una obra cinematográfica. No es difícil comprobar que todo rota alrededor del señor Deep y, por lo tanto, a su servicio. Su trabajo es bueno, casi como siempre; tiene tanto oficio que sin querer le sale, pero espero anhelante el próximo papel en el que no vaya en taparrabos, pintado hasta las vísceras y oliendo -esto se suponer- a sudor rancio. En cualquier caso, hay que verla; nos llevaremos los paisajes de propina.
Luis F. de Castro.
Sobre la estética.
Según algunos, la Estética,
entre otras cosas, es aquella rama de la filosofía que estudia la belleza.
Visto así, con la necedad del mundo cotidiano, puede parecer simple y vacuo;
algo demasiado artificioso como para catalogarse con la misma trascendencia que
otras “filosofías” de las que puede ocuparse el pensamiento. ¿Cómo, rodeado de
desgracias por todas partes, podremos considerar trascendente las líneas de un
edificio, el corte de un vestido o el diseño de un automóvil? Apreciar la
estética a la altura de la ética, la laboriosidad o la justicia, nos resulta,
cuando menos, chocante.
Hace tiempo que medito sobre
el asunto y, poco a poco, la concepción que tenía de la disposición estética de
la vida ha ido cambiando. En el plano personal y atendiendo a mis torpes
inclinaciones, me permito dudar de ese instintivo encasillamiento de frivolidad
a la que la sometemos y, hoy por hoy, considero la estética como la línea
filosófica más importante entre las que rigen nuestra complicada vida.
Puede parecer una salida de
tono más de las que nos rodean, pero si consideramos que esta doctrina trata de
un concepto, a mi manera de ver, complejo y amplísimo y que engloba otras muchas ciencias ideológicas hasta el punto de
conectarlas y hacer de ellas todo compacto, nuestra actitud ante ella debería
cambiar.
Una concepción estética de la
vida conlleva una serie de condiciones que, salvo actitudes anómalas, nos
ayudarían a convivir, a relacionarnos, a comprender nuestro entorno y
desarrollarnos en él, a llevar adelante una sociedad que por su complejidad y
tamaño se nos escapa indefectiblemente de las manos. ¿Quién no ha oído hablar de la estética del
poder? Estética es el amor y la amistad, y no el odio o la animadversión,
estética es la justicia y el orden y no la injusticia o el caos, estética es el
silencio y la música y no el ruido o el griterío. Es aplicable a lo grande y a
lo pequeño, a lo palpable y lo etéreo, a lo prosaico y lo mundano. Es, en mi
opinión, la filosofía que nos muestra el camino hacia un progreso sin efectos
secundarios.
Por todo lo anteriormente expuesto,
yo, vuestro Rey, ordeno la creación de cátedras de estética en todas las
universidades del reino y será condición indispensable licenciarse en su
estudio para acceder a cualquier cargo político de los que existen para el
servicio al ciudadano.
viernes, 23 de agosto de 2013
Crónicas ganimedianas -015- Perdone que no me levante.
Ganímedes,
10 de junio de 2.808
-Ande,
arréglese un poco y vuelva a casa cuanto antes; que su binaria no le
eche en falta. -AGFO está tendido boca arriba en una tabla. La luz
difusa deslumbra el único ojo que se permite abrir -el otro lo
supone de vacaciones en Plutón-, y el resto de su malhadado cuerpo,
produce dolores a un ritmo que no puede seguir. FIGA, la inspectora,
le examina el ojo desgraciado tan de cerca que sus abundantes pechos
le rozan el brazo izquierdo y AGFO, cuando tiene conciencia de lo que
está pasando, hace por quedarse quieto y parecer muerto. Detrás de
la polizota, ANTO mira expectante, ora a AGFO, ora al trasero de la
mujer y reza por que aquella escena dure lo más posible. Su gozo en
un pozo; con un chasquido de lengua, FIGA se incorpora dando por
terminada la sesión. -No quiero que esto trascienda. Los golpes no
son nada y sanarán solos, sin ayuda de nadie; por lo que váyase a
casa y dígale a GODA que se calló al bajarse de la espaciera: le
creerá.- ANTO asiente como si estuviera hablando con él al tiempo
que AGFO, con ademanes de estar pariendo, consigue incorporarse.
Se matan, se matan, todos se matan.
Queridos conciudadanos: ¿Os habéis dado cuenta como está el mundo ahí fuera? Menos mal que aquí, en el reino de Colocotroco, estamos a resguardo ¿no?
Esta que os expongo es una opinión de uno de esos pobres que está a la intemperie y al que cualquier día le llueve encima.
Esta que os expongo es una opinión de uno de esos pobres que está a la intemperie y al que cualquier día le llueve encima.
El armamento
químico y bacteriológico no tiene buena prensa. Deja daños feos y poco
honorables. Que un afectado por gas sarín muera en dos o tres minutos por falta
de aire es indigno, pero que lo haga desangrado por una pierna amputada en
cinco, no. Asímismo, eso de dejar este mundo en masa, todos juntos y mediante
igual método, ¡jó, que pereza! pero hacerlo diseminaditos por las calles o en
pequeños grupos, unos a cuchillo, otros
a golpes, muchos descuartizados por una buena metralla, ¡eso es otra cosa!
Yo no entiendo de
armas: ni de estas ni de aquellas; no entiendo de política; no entiendo de casi
nada, pero el nudo que se me hace en el estómago, sí entiende. El sufrimiento,
el miedo, la pena, el desamparo de los débiles, de eso si entiende ese maldito
nudo. Es ver algunas de esas imágenes que difunden, interesadamente o no, los
medios; ver los rostros de alguna gente y
la cena se convierte en estopa. Intentas ponerte en su lugar viendo a
tus hijos muertos o heridos como los hijos de esos pobres y se me viene a la
mente –quizás sea una tontería más de las mías-, que lo mismo me da que me da
lo mismo.
Morir por Dios, por
Mursi, por lo que algunos dicen que es ley y democracia o por la Confederación
Hidrográfica del Tajo ¡que más da!, la muerte es siempre la misma cuando es
gratuita. Después vendrán esas excusas falaces, mentirosas o interesadas que
nos cuentan que, si se hurga en ellas, huelen a podrida demagogia.
Luis F. de Castro
jueves, 22 de agosto de 2013
Este mundo no me gusta, pero no tengo otro
Mis amados colocotrocos: Ya decía el famoso tango que este mundo es una porquería y nada más, pero como no tenemos otro, debemos cambiarlo. Todos los días me llegan de lejanas tierras noticias de espeluznar, todos los días hago como que no veo, como que no siento, pero aunque mi reino no se creó para esto, alguna licencia debo concederme. Va sobre una de esas parcelas de este malhadado mundo donde hasta las lágrimas son ponzoña: Siria. y sobre cierto organismo supranacional donde meter la nariz supone el ataque inmediato de irrefrenables nauseas.
Que la ONU no sirve para lo que se concibió, lo sabemos casi todos; que se ha convertido
en un sumidero de fondos, también; que sus funcionarios, por regla general, son
asalariados de intereses espurios y torticeros, por supuesto; pero que haya
terminado siendo un lastre imposible de sobrellevar, eso no lo esperaban
algunas almas cándidas.
Este pedazo de monstruo burocrático e ineficaz se ha
transformado en un freno para que los pueblos necesitados de ayuda, la
consigan. Ninguna de las muchas cuitas que pasan por sus ostentosos salones se
soluciona, si acaso se enmerda y, algunas, hasta límites éticamente
insoportables. Sus resoluciones son alas de mariposa en una atmósfera de ácido
sulfúrico y sus funcionarios, zánganos en una enorme y caótica colmena.
El alma humana es estadísticamente ruin y en este
conglomerado de desvaríos que es la Unión de Naciones, tiene su paradigmática
excusa para mantener un estatus mundial injusto y asqueroso.
Pero ¿tienen esto solución…?: No lo creo; si acaso a un
largísimo plazo y tras algún desastre de notable magnitud. Hoy por hoy, el individuo no es más que un
puñado de barro en manos del alfarero global y teniendo en cuenta la inmadurez
de este: ¡echémonos a temblar!
Solo quedan dos opciones: pasar desapercibido o erigirte
en líder y, la segunda tiene tantos candidatos que taponan la entrada a un
paraíso al que llegan los más escurridizos, no los más capaces.
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