jueves, 18 de julio de 2013

Crónicas ganimedianas -002- AGFO la lia parda




Ganímedes, 23 de mayo de 2.808 (por la tarde)

         El tráfico es abundante a estas horas. Las espacieras pululan sin orden aparente por entre los apartamentos de Kara Van Chel. AGFO lleva tanto enfado encima que no le extrañaría que su espaciera se parara por exceso de peso antes de llegar a su destino. Va molesto pensando que otra vez -y es la tercera-, le van a comprobar el menvisor... y es que le toca las pelotas que le manipulen ahí. Eso sí, esta vez se lo ponen nuevo ¡Vaya si se lo ponen nuevo! -su humor se ensombrece mientras la espaciera entra en el estonomato con el blups, blups de siempre-


          -Buenos días, ciudadano AGFO. ¿A que se debe su grata visita? -Una dulce y acaramelada voz femenina le da la bienvenida mientras nuestro amigo recoge su espaciera y la guarda en el bolsillo.
          -¡Buenos días los tendrá usted, señora mía! -AGFO se ha dirigido a la nada que tiene justo enfrente y, como si le fueran a oír mejor, levanta tanto la voz que los otros ciudadanos que realizan sus compras le miran desagradablemente sorprendidos. -Vengo por tercera vez, a que me cambien el menvisor ¿Me oye bien?, a-que-me-lo-pongan-nuevo.
          -Estupendo, señor; enseguida le atenderá un vendedor. -AGFO, que se sabe observado, se coge ambas manos por detrás de la cintura y tamborilea con el pié en el suelo para aparentar aún más impaciencia que la que le atenaza. La calva le suda y cada cinco o diez segundos se atusa nervioso el bigote. Al poco, descendiendo desde lo alto, el plasmón que hace las veces de vendedor, se coloca delante de él, y con una ostentosa genuflexión le lanza una sonrisa tan falsa como su naturaleza. Es de color azul traslúcido -como todos los novatos-, alto y bien parecido y vestido a la última moda de la Tierra. A AGFO no le gustan nada; piensa que son el compendio de todos los defectos del genero humano que no llegan a ser delito.
          -Tengo entendido, señor AGFO, que no está contento con su menvisor ¿no es verdad?
          -Efectivamente, señor plasmón. Usted lo ha dicho. No estoy contento, por lo que, teniendo en cuenta que es la tercera vez que vengo por el mismo motivo, solicito humildemente me lo cambien por uno nuevo. -AGFO, según se muestra en su enrojecida cara, está haciendo verdaderos esfuerzos por no gritar o maldecir.
          -Perdón, señor. Es política de este estonomato no sustituir menvisores sin que se haya verificado su malfunción y, me permito recordarle, que en su última visita, el suyo funcionó perfectamente. -El ciudadano AGFFO es ahora de un color cercano al violeta y, temeroso de que le de un parrús de los suyos, saca del mismo bolsillo donde guardó la espaciera un parche tranquilizante de esos que se prescribe él mismo. Se lo aplica en la frente y lo arroja vacío al suelo pisándolo después.
          -A mí, la única política que me conoce es mi suegra, así que... -En ese momento, el domo del estonomato aparece inesperadamente para limpiar el parche que se oculta bajo su pié. Sin hacerle caso, AGFO continúa: - …me lo ponen nuevo y me devuelven el dinero que he pagado por ver la final de la Copa Titan que, por supuesto, no he visto por su mierda de aparato. ¿Me entiende? -El domo, que intenta hacerse con el parche que hay bajo su zapato, no deja de dar pequeños y molestos empujones en su pierna a la vez que un soniquete malsonante se repite tras cada uno de ellos.
           -Perdón, señor. Le repito que es política de...-El ciudadano AGFO no atina ya a escuchar nada. En la mente se le amontonan un montón de maldiciones que pugnan por salir al exterior.
          -¡Pero tú de qué vas, pedo de plasma! -El domo le da un empujoncito más buscando bajo su pié y nuestro ciudadano, con la mente nublada por la ira, le propina una patada que da con el limpiador tocapelotas contra las orondas piernas de una señora mayor que mira un scaprate. La pobre, entre gritos y con estruendo, cae sobre el plasmón que le atiende, provocando una interferencia que desconecta todos los plasmones del estonomato. Acto seguido, una estruendosa sirena anuncia que la campana antidisturbios va a descender sobre AGFO y este, cuyo mal humor ya le ha sometido más de una vez a esta situación, se sienta en el suelo mascullando maldiciones sin fin.
                                (Continuará)

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