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martes, 15 de septiembre de 2015

"Atrapa la bandera" La dificultad de hacer lo fácil



¡Pero qué disgustado vengo del cine!
Pase que la cinta sea un poco ñoña; pase que los chistes sean cuatro, manidos y obsoletos; pase que el argumento sea simple, simple; pero lo que no paso es que -con lo difícil que es hacer una buena película de dibujos animados-  el Sr. Gato falla en lo más fácil: los detalles. Una historia puede tratar sobre cómo llegar al cielo trepando por una planta de habichuelas o sobre como depilar a una araña para hacer un cepillo de dientes, pero sea la que sea, tiene que ser creíble, hilvanada y con una cierta lógica en sus acontecimientos. Es en este apartado donde entra el guión. Si en una escena, entre un plano y otro, el protagonista tiene un dedo de menos, pues toca explicarlo; sino, el espectador centrará su atención en la pregunta y se despistará de la trama. Hay genios de la dirección que son capaces de dar esa información de forma tan sutil que uno no se cuestiona nada, pero son tres, y entre ellos -por lo visto- no está el director de "Atrapa la bandera"
Para pasar el ratillo, vale, pero nada más.

Luis F. de Castro

martes, 10 de septiembre de 2013

EPIC. Preciosa castaña. 2013 (Crítica de cine)




      Me viene a la cabeza el tópico de la rubia tonta: por fuera, todo espectáculo y preciosismo y por dentro, nada. Tan sorprendentes imágenes vacías de contenido te deja sin palabras. Es como meter un rollo de papel higiénico en un cofrecito de oro y pedrería. Un guión, mediocre...¡que digo mediocre!, malo como pocos, unos personajes mal definidos: sin chispa ni enjundia y una sucesión de gags terriblemente anodinos; en conclusión: decepcionante.
     Donde quedaron los personajes de Ice Age, donde. Ese gracejo, esa cosilla que tiraba de las comisuras de los labios para hacerte sonreír. Como habrá conseguido Chris Wedge que tras diez minutos de película, odies a todos los personajes de la historia -especialmente a los “buenos”-, que desees profundamente que los bosques se pudran de una vez por todas y que el bodrio acabe cuanto antes.
     Solo me queda agradecer a los hados que, al menos, en la sala solo había un niño al que desconsolar.


                                                                                                   Luis F. de Castro