En este caso -como en muchos otros- es injusto mezclar
churras con merinas. Los sindicatos deberían financiarse con las cuotas de sus
afiliados, al igual que -como entidades de interés público y sin ánimo de
lucro- ser beneficiarias de ciertas ventajas fiscales y subvenciones,
pero de ahí a convertirse en sumideros de recursos, va un mundo. La
actual falta de control sobre sus cuentas lleva a las irregularidades que todos
vemos día a día y ello no hace otra cosa que ahondar la desafección que
provocan en una gran parte de la población trabajadora. Pienso que el mundo
sindical se ha dejado a su suerte, siendo los principales culpables de ello, sus
propios dirigentes. Los sindicatos son imprescindibles, pero su descontrolada
deriva y el escaso esfuerzo que hacen por mostrarse como tal, van camino de
lograr que muchos trabajadores escojan otros caminos en la defensa de sus
derechos.
Luis F. de Castro