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viernes, 22 de enero de 2016

La increíble soledad del que no sabe explicarse.



            Si ves que mira a los que polemizan acaloradamente y, si acaso, balbucea, y cuando consigue la palabra trastoca el devenir de lo que un día alguien dijo que debía hacerse con el lenguaje; si compruebas que a medida que acaba con cada frase, como que se enfada consigo mismo y la siguiente empeora la anterior; si se justifica a cada momento, si acude a razones del más allá o acá para que le entendáis, si entra pero no sale del tirabuzón en el que sólo él se introdujo, estáis ante uno de esos que piensa más rápido de lo que consigue explicarse; uno de esos de los que cuando quiere retomar el hilo, este se le complicó tanto que mejor le valdría comprarse el jersey ya hecho.

domingo, 27 de diciembre de 2015

La felicidad, esa gilipollez sobrevalorada. Confórmate con estar a gusto.

    


    Escucho la Sinfonía del Nuevo Mundo y mientras sus compases se me incrustan en la boca del estómago me pregunto qué puedo hacer yo. Sí, qué puedo hacer para ser feliz y ayudar a que los demás también lo sean… aunque sea un poco.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Lo importante.




Hoy me levanto trascendente e inconformista.
De salida, intento girar la cabeza intentando escuchar el clik que marque el ajuste correcto; ese punto de ancla desde donde analizar este batiburrillo de vida sin que se te muevan los pies y, la verdad, cuesta un potosí.
Todo el mundo opina, todos quieren tener razón y -visto lo visto- no hay sitio para tanto acierto. Oí una vez que no merecía la pena perder el tiempo en llevarse el gato al agua, que eso de pretender estar siempre en lo cierto es, cuando menos, derrochar lo que no se tiene, porque la mayoría de las veces esa perentoria necesidad lo es sobre asuntos de una nimiedad absoluta y que tanto interés en esas vaciedades devalúa nuestras entendederas. Toda esta disquisición me lleva a pensar que lo centrado es discriminar lo fútil de lo importante, sacar a flote aquello que realmente deba prevalecer y enfocar atención y esfuerzo en eso… y poco más; lo que cada uno consideremos así, o sea, importante, es como los colores, al gusto.


Luis F. de Castro

viernes, 19 de junio de 2015

Estúpido dolor


Agitada y vacua noche sin rumbo.
A lomos de un caballo loco se alinean, una tras otra, escenas sin razón ni motivo; improntas de un agitado pensamiento empeñado en joderme por la vía dolorosa; inasequible al desánimo, persistente y tenaz, invade mis dominios sin compasión, haciendo de la “tierra quemada” su trofeo y mi derrota.
Quien pudiera horadar la sien y profanar esa manteca dolorosa con una cucharilla de café; sacar uno tras otro esos centímetros cúbicos de molesta materia gris y dejar que el viento recorra ese espacio como lo haría si nada lo ocupase.
Pasa la noche y esa luz que vaga entre horas encuentra, por fin, donde posarse. Mis ojos toman tierra y el díscolo mundo de la oscuridad adquiere relevancia física.
Bienvenido sea.



Luis F. de Castro Llera

domingo, 7 de junio de 2015

Qué pasaría si...


https://sinalefa2.wordpress.com/2012/07/21/educar-en-valores-la-sinceridad/sinceridad-2/



 Cae en mis manos un libro del 78 de un tal Maya Pines, titulado algo así como “Los manipuladores del cerebro” en el que se relata en uno de sus capítulos la herramienta utilizada por unos suecos por la que, mediante la introducción de ciertos tintes fluorescentes en las sustancias neurotransmisoras, estas se hacen visibles en determinados momentos.

jueves, 26 de marzo de 2015

Ayer en el médico

 Ayer, 200 años y 134 días después de la única guerra que deberíamos haber perdido* y motivado por un asunto de pólipos, tuve a bien pasar por la consulta del especialista en digestivo. Llegado al lugar a la hora indicada, me topé con una ventanilla que, a la par que cerrada, se encontraba orlada hasta límites insospechados de carteles informativos. Eran dispares en formas, tamaños y colores: unos nuevos y otros ajados, unos escrupulosamente escritos y otros burdamente garabateados, unos firmados con “gracias” y otros con “la dirección” pero todos, todos, ordenando cosas o imponiendo condiciones para ser atendidos.
Enfrascado en su lectura cual recita salmos del antiguo testamento, no caí en la cuenta del tiempo y mi enano interior y yo nos sumergimos en una disputa justiciera sobre lo soberbio y pedante de sus contenidos: Que si quieres ser atendido, con la tarjeta sanitaria en la boca, que “ojito” con levantar la voz, que si la hora de la cita es de mentirijillas, que si debíamos permanecer sentados, que si los móviles apagados… y un sinfín de memeces más a cual más imperiosa y restrictiva. En esto que me vi levantándome con ímpetu justiciero y –digno y orgulloso- arrancar uno tras otros todos los “papelajos”, me vi increpando al personal sobre su descarada falta de eficiencia, me contemple dándoles lecciones sobre la adecuada atención al público, me sentí querido por los sufridos administrados y aplaudido por ellos, me vi… ¡hay, como me vi!
-Señor, que no tengo todo el día, me da sus papeles o prefiere seguir rezando…
-¡Oh! Si, si, perdone; es que me distraje con estas amables indicaciones. Tenga, tenga.

Luis F. de Castro.


*Refiriéndose a la guerra de independencia española, Napoleón I, en su exilio, declaró:
Esta maldita Guerra de España fue la causa primera de todas las desgracias de Francia. Todas las circunstancias de mis desastres se relacionan con este nudo fatal: destruyó mi autoridad moral en Europa, complicó mis dificultades, abrió una escuela a los soldados ingleses... esta maldita guerra me ha perdido.”

Fraser, Ronald: La maldita guerra de España. Historia social de la guerra de la Independencia, 1808–1814.

miércoles, 15 de octubre de 2014

La vulgar egagrópila


El hombre, desde que puede llamarse así, ha creado muchas cosas y la principal de ellas es a sí mismo. Se ha creado a golpe de sudor, sangre e ideales. No sé, ni creo llegar a saber nunca, cuando se separó de su mundano devenir biológico para encaminarse por la senda de la cultura, del raciocinio. La vida en su acepción biológica no es justa ni debe serlo. La evolución, desde que el mundo es mundo,  no discurre por la senda de los justos, sino de los supervivientes y ahí apareció el hombre para enmendar la plana a la naturaleza creando conceptos tan alejados de la evolución natural como la ética, la moral y, sobre todo, la justicia… su justicia. No creo que un mundo creado a base de prueba y error, de la  pervivencia del más apto, acepte a una especie que cambia las reglas del juego en mitad de la partida.

Muy probablemente la naturaleza terminará escupiéndonos como si fuéramos una vulgar egagrópila*.

Luis F. de Castro

*Egagrópila: Dícese de las bolas formadas por restos de alimentos no digeridos que algunas aves carnívoras regurgitan.