Si ves que mira a los que polemizan acaloradamente y, si acaso,
balbucea, y cuando consigue la palabra trastoca el devenir de lo que
un día alguien dijo que debía hacerse con el lenguaje; si
compruebas que a medida que acaba con cada frase, como que se enfada
consigo mismo y la siguiente empeora la anterior; si se justifica a
cada momento, si acude a razones del más allá o acá para que le
entendáis, si entra pero no sale del tirabuzón en el que sólo él
se introdujo, estáis ante uno de esos que piensa más rápido de lo
que consigue explicarse; uno de esos de los que cuando quiere retomar
el hilo, este se le complicó tanto que mejor le valdría comprarse
el jersey ya hecho.
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viernes, 22 de enero de 2016
domingo, 27 de diciembre de 2015
La felicidad, esa gilipollez sobrevalorada. Confórmate con estar a gusto.
Escucho la Sinfonía
del Nuevo Mundo y mientras sus compases se me incrustan en la boca
del estómago me pregunto qué puedo hacer yo. Sí, qué puedo hacer
para ser feliz y ayudar a que los demás también lo sean… aunque
sea un poco.
lunes, 30 de noviembre de 2015
Lo importante.
Hoy
me levanto trascendente e inconformista.
De
salida, intento girar la cabeza intentando escuchar el clik que
marque el ajuste correcto; ese punto de ancla desde donde analizar
este batiburrillo de vida sin que se te muevan los pies y, la verdad,
cuesta un potosí.
Todo
el mundo opina, todos quieren tener razón y -visto lo visto- no hay
sitio para tanto acierto. Oí una vez que no merecía la pena perder
el tiempo en llevarse el gato al agua, que eso de pretender estar
siempre en lo cierto es, cuando menos, derrochar lo que no se tiene,
porque la mayoría de las veces esa perentoria necesidad lo es sobre
asuntos de una nimiedad absoluta y que tanto interés en esas
vaciedades devalúa nuestras entendederas. Toda esta disquisición me
lleva a pensar que lo centrado es discriminar lo fútil de lo
importante, sacar a flote aquello que realmente deba prevalecer y
enfocar atención y esfuerzo en eso… y poco más; lo que cada uno
consideremos así, o sea, importante, es como los colores, al gusto.
Luis
F. de Castro
viernes, 19 de junio de 2015
Estúpido dolor
Agitada y vacua noche sin rumbo.
A lomos de un caballo loco se alinean, una tras otra, escenas sin
razón ni motivo; improntas de un agitado pensamiento empeñado en
joderme por la vía dolorosa; inasequible al desánimo, persistente y
tenaz, invade mis dominios sin compasión, haciendo de la “tierra
quemada” su trofeo y mi derrota.
Quien pudiera horadar la sien y profanar esa
manteca dolorosa con una cucharilla de café; sacar uno tras otro
esos centímetros cúbicos de molesta materia gris y dejar que el
viento recorra ese espacio como lo haría si nada lo ocupase.
Pasa la noche y esa luz que vaga entre horas encuentra, por fin,
donde posarse. Mis ojos toman tierra y el díscolo mundo de la
oscuridad adquiere relevancia física.
Bienvenido sea.
Luis F. de Castro Llera
domingo, 7 de junio de 2015
Qué pasaría si...
https://sinalefa2.wordpress.com/2012/07/21/educar-en-valores-la-sinceridad/sinceridad-2/
Cae en mis manos un libro del 78 de un tal Maya Pines, titulado algo
así como “Los manipuladores del cerebro” en el que se relata en
uno de sus capítulos la herramienta utilizada por unos suecos por la
que, mediante la introducción de ciertos tintes fluorescentes en las
sustancias neurotransmisoras, estas se hacen visibles en determinados
momentos.
jueves, 26 de marzo de 2015
Ayer en el médico
Ayer, 200 años y 134 días después de la única guerra que
deberíamos haber perdido* y motivado por un asunto de pólipos, tuve
a bien pasar por la consulta del especialista en digestivo. Llegado
al lugar a la hora indicada, me topé con una ventanilla que, a la
par que cerrada, se encontraba orlada hasta límites insospechados de
carteles informativos. Eran dispares en formas, tamaños y colores:
unos nuevos y otros ajados, unos escrupulosamente escritos y otros
burdamente garabateados, unos firmados con “gracias” y otros con
“la dirección” pero todos, todos, ordenando cosas o imponiendo
condiciones para ser atendidos.
Enfrascado en su lectura cual recita salmos del antiguo testamento,
no caí en la cuenta del tiempo y mi enano interior y yo nos
sumergimos en una disputa justiciera sobre lo soberbio y pedante de
sus contenidos: Que si quieres ser atendido, con la tarjeta sanitaria
en la boca, que “ojito” con levantar la voz, que si la hora de la
cita es de mentirijillas, que si debíamos permanecer sentados, que
si los móviles apagados… y un sinfín de memeces más a cual más
imperiosa y restrictiva. En esto que me vi levantándome con ímpetu
justiciero y –digno y orgulloso- arrancar uno tras otros todos los
“papelajos”, me vi increpando al personal sobre su descarada
falta de eficiencia, me contemple dándoles lecciones sobre la
adecuada atención al público, me sentí querido por los sufridos
administrados y aplaudido por ellos, me vi… ¡hay, como me vi!
-Señor, que no tengo todo el día, me da sus papeles o prefiere
seguir rezando…
-¡Oh! Si, si, perdone; es que me distraje con estas amables
indicaciones. Tenga, tenga.
Luis F. de Castro.
*Refiriéndose a la guerra de independencia española, Napoleón I,
en su exilio, declaró:
“Esta maldita Guerra de España fue la causa primera de todas
las desgracias de Francia. Todas las circunstancias de mis desastres
se relacionan con este nudo fatal: destruyó mi autoridad moral en
Europa, complicó mis dificultades, abrió una escuela a los soldados
ingleses... esta maldita guerra me ha perdido.”
Fraser, Ronald: La maldita guerra de España. Historia social
de la guerra de la Independencia, 1808–1814.
miércoles, 15 de octubre de 2014
La vulgar egagrópila
El hombre, desde que puede llamarse así, ha creado muchas
cosas y la principal de ellas es a sí mismo. Se ha creado a golpe de sudor,
sangre e ideales. No sé, ni creo llegar a saber nunca, cuando se separó de su
mundano devenir biológico para encaminarse por la senda de la cultura, del
raciocinio. La vida en su acepción biológica no es justa ni debe serlo. La
evolución, desde que el mundo es mundo,
no discurre por la senda de los justos, sino de los supervivientes y ahí
apareció el hombre para enmendar la plana a la naturaleza creando conceptos tan
alejados de la evolución natural como la ética, la moral y, sobre todo, la
justicia… su justicia. No creo que un mundo creado a base de prueba y error, de
la pervivencia del más apto, acepte a
una especie que cambia las reglas del juego en mitad de la partida.
Muy probablemente la naturaleza terminará escupiéndonos
como si fuéramos una vulgar egagrópila*.
Luis F. de Castro
*Egagrópila: Dícese de las bolas formadas por restos de alimentos no digeridos que algunas aves carnívoras regurgitan.
*Egagrópila: Dícese de las bolas formadas por restos de alimentos no digeridos que algunas aves carnívoras regurgitan.
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