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jueves, 20 de febrero de 2014

Yo y mi dueño

http://www.crhoy.com/miley-cyrus-horroriza-con-provocaciones-sexuales-en-mtv/


Que todo es un engaño, no puedo dudarlo. Que somos marionetas de nosotros mismos, tampoco. El libre albedrío es algo tan relativo, tan discutible. Creemos ser libres en nuestro mundo interior, creemos disponer de nuestro pensamiento amparado en una ilusoria sensación de intimidad que, en realidad, no existe. Siquiera eso podemos manejar con libertad. Estamos condicionados por un entorno feroz, incluso cruento y comedimos nuestro razonamiento hasta los límites de un poderoso e invencible pudor. Alguien, algo nebuloso nos domina haciendo de nuestra actitud ante el mundo un designio predecible y que tiene de original lo que un rollo de papel higiénico. Para qué preocuparnos, pues; si hagamos lo que hagamos seremos sacrificados en la pira destinada a las cosas vulgares y anodinas. 

Luis F. de Castro

lunes, 13 de enero de 2014

Quienes forman mi opinión.

Estimados súbditos de Colocotroco: Con esta entrada de hoy, terminan -de momento- las referidas a sensaciones y sentimientos momentáneos de este que os biengobierna. A partir de este momento, y siendo de absoluta sinceridad, haré lo que mejor sé hacer en este mundo: "NI PAJOLERA IDEA", "LO QUE SE ME OCURRA", "¡YO QUÉ SÉ!". 
Esto no significa bajo ningún concepto que vaya a abdicar...¡bajo ningún concepto!, repito, sino que cambio de tercio como otras tantas veces. Así es que os aburriré con otras cosas.





¿Quienes forman mi opinión?
Sería de pedantes pensar que llega de manera autodidacta, que se nos forma como resultado de un pensamiento racional y ponderado. No somos tan importantes.  Pensamos que nuestros líderes quizás tengan algo que ver, pero pienso que ellos tampoco lo son; si acaso nos devuelven manipulado lo que surge del pensamiento colectivo.
            La humanidad es un ente unitario con vida propia. Nadie rige su destino sino ella misma, en conjunto, como un todo. Olvidémonos de oligarquías y grupos dominantes, mandamases y camarillas, pandillas y catervas; observemos que como si de una enorme bandada de estorninos sorteando el ataque del azor se tratase, es el comportamiento de la masa lo que rige nuestros destinos. Es el enorme cerebro de este macroorganismo el que me dirige, es el que gobierna cada uno de esos pensamientos que yo creo “originales” e “independientes” y que son igual de “originales y de “independientes” que el de las legiones de los otros componentes que lo forman. Esos líderes que vemos, quitémonos de la cabeza que son los que mandan; son simplemente las células epiteliales de este gran organismo; la piel, la parte visible, los primeros en caer en la próxima y segura exfoliación, materia prescindible, como todos. La masa puede desprenderse de grandes trozos de su ser sin perder su naturaleza; es más, diríase que realiza autopodas periódicas de saneo.
            Si lo miramos con frialdad, nos parecemos a los hongos, pero en sucio.


            Mejor dejo de filosofar hoy que no tengo buen día…



                                      Luis F. de Castro.

Sobre la injusticia



Ingrata sensación la de sentirse acusado injustamente, lóbrega la de saberse juzgado sin posibilidad de defensa, desabrida y amarga.
Vuela mi afecto hacia aquellos que lo sufrieron, que fueron burlados por el magnánimo viento de la justicia y nada les quedó en qué apoyarse para sobrevivir.
 Cuando todo a tu alrededor se desmorona, cuanto se atomizan los cimientos de ánimo y te hundes en la incomprensión de los otros como si lo hicieras en el más hediondo y negro de los lodos y –sobre todo- cuando la solución no está en tus manos, ¡qué te queda!
Quizás el tiempo sepa como aliviarte y consiga rehacer algo del roto, tal vez quite la empañada lente que tiñe de desánimo todo lo que se extiende ante tus ojos, pero, por mucho que lo intente, el tiempo no conseguirá que vuelvas a tu ser, siempre quedará ese poso que enferma la pureza y encamina el alma hacia una muerte menos limpia.
Ahora comprendo el significado de esas miradas, ahora entiendo las letanías del desamparado y descubro que son nuestras propias letanías las que escuchamos, porque sólo es cuestión de tiempo que salgan por nuestra boca.




                                               Luis F. de Castro.