Éranse una vez dos
chicas: morena una, rubia la otra y bellas las dos. Pertenecían al
gremio de la farándula formando pareja artística y pasaban su
tiempo correteando de escenario en escenario mientras escamoteaban su
escasa pericia bajo escandalosas dosis de muslo y pechuga.
Se llevaban bien,
acaso por que eran muy diferentes y, aunque opinaran dispar,
apoyábanse en todo lo que mereciera ser apoyado. Una era casquivana
y promiscua... digamos que de bisagras bien engrasadas; importábale
bien poco los detalles, cuando el general era lo suficientemente
largo y grueso; a la otra no le saciaban ninguna de esas medidas, el
único tamaño que llamaba su atención era el de la faltriquera que
obligatoriamente debía estar bien surtida. Hablando claro; una era
puta y la otra casi.
