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viernes, 5 de junio de 2015

La evolución tranquila



 Hubo un tiempo en el que la actitud de alguna persona cercana llamó mi atención. Acciones como tirar, romper, destruir, etc significaban para ella hechos trascendentes, eran acciones cuya importancia superaban -algunas veces en mucho- el valor del objeto tirado, roto o destruido; eran situaciones en las que, al menos eso parecía, debían tomar partido opiniones más fundadas que las meramente ocasionales. Eso de arrojar a la basura un palo podría ser tomado como una irresponsabilidad si antes no pasaba por el período de descanso en la caseta, el turno de apilado en el cobertizo y el duro casting de reutilización. Poco a poco se fue aclarando la razón de este comportamiento. Eran tiempos de recursos limitados, de escasez -si no de penuria- y el hecho de hacer desaparecer algo que costó tanto conseguir, significaba una flagrante inmoralidad.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Crea un líder y échate a dormir.

   
 Es encomiable la lucha de muchos pueblos por la ley, la democracia y la libertad; cómo se baten por encumbrar ideas que, visto lo visto, son ya más tópicas que reales; cómo derriban una barrera sólo para comprobar que se ha creado otra nueva ante ellos; es admirable. Y es que, entre esas barreras que se encuentran por el camino, creo que las más importantes son la falta de cultura y la demagogia. ¿Cómo es posible que miles y miles de ciudadanos -la mayoría honrados y laboriosos- se unan a tesis dictatoriales en contra de otros -tan honrados y laborioso como los primeros- enarbolando armas y banderas de manera violenta y radical? ¿Cómo es que la humanidad no aprende de sus errores? Y lo más curioso es que, en la mayoría de los casos, buscan  exactamente mismo.

Luis F. de Castro.

jueves, 17 de julio de 2014

El tumor


Queridos colocotrocos; No sé si pensaréis como yo, pero que  la sociedad en la que vivimos siente aversión a las ideas nuevas, es para mí un hecho. Todo lo que vaya en la dirección de revolver tópicos y sacar a la masa de su zona de confort, da grima. No estoy hablando de un nuevo smartphone o de una ventajosa cuenta vivienda, sino de ideas que afecten al ideario político/religioso/económico que nos organiza. Tocar eso es como "mentar a la bicha"



Intentaba transmitir seguridad, pero en su interior, todo eran incertidumbres. Sabía de sobras que hay cosas que no están en los libros, cosas nimias en apariencia y vitales en verdad y que, de no ser tenidas en cuenta, llevarán el resultado al ignoto territorio del azar.
El tumor se había extendido imparable y pedía a gritos la intervención liberadora. La carne se pudría vertiginosamente y la vida de su dueño pendía de su decisión.
Por fin, resuelto, enarboló el bisturí y entre las sombras de la anestesia atacó la raíz del mal. Cercenó sin mesura,  cortó, escindió todo lo que parecía anormal y insano y al cabo concluyó que con ello, el problema estaría resuelto.
Al poco, comprobó cuan equivocado estaba. La fiebre no remitía, el dolor continuaba presente y su establecido conocimiento sufrió un rapapolvo más, uno más de tantos.
Pero el paciente, contra todo pronostico, no terminaba por morir. Tal parecía soportar los rigores del tumor que ya era más él que él mismo.
Y nuestro cirujano, transido de contradicciones, notó cruzar su pensamiento por una idea perturbadora: ¿No será una evolución y no una enfermedad? ¿No será esa masa, aparentemente informe y agresiva, un nuevo renacer vivificado?
… y dejó pasar el tiempo observando lo suficiente como para comprobar lo cierto de sus suposición. Nuevos cuerpo y alma surgieron de las profundidades del dolor, mas serena y sabia y nuestro hombre concluyó que éramos los culpables de frenar una evolución imparable y necesaria.
Más nada pudo hacer para transmitir su descubrimiento que, por revolucionario y absurdo se denigró hasta hacerlo desaparecer.
Y el mundo siguió extirpando tumores  con la más tranquila de las conciencias




Luis de Castro

viernes, 17 de enero de 2014

Corta reflexión sobre la búsqueda de quimeras



http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/af/Els_segadors.jpg


Es encomiable la lucha de muchos pueblos en pos de justicia, democracia y libertad; cómo se baten por encumbrar ideas que, visto lo visto, son ya más tópicas que reales; ideas que la rotundidad de los hechos, han ido demostrando como –en el mejor de los casos- quimeras y en el peor, falacias. Es sorprendente cómo derriban una barrera tras otra para comprobar que, ante ellos, se ha creado otra nueva que, disfrazada de soñada meta, les distrae –una vez más-, de la verdadera y única meta: la felicidad. ¿Cómo es posible que millones de ciudadanos -la mayoría honrados y laboriosos- se unan a tesis dictatoriales en contra de otros -tan honrados y laborioso como los primeros- enarbolando armas y banderas de manera violenta y radical?, ¿cómo es que la humanidad no aprende de sus errores?; ¿cómo que se dispongan a la sombra de líderes disolutos y embaucadores?
No tengo respuestas, solo preguntas y –si acaso-, alguna que otra especulación, pero algo dentro de mi conciencia dice que no vamos por el buen camino.


                                                           Luis F. de Castro