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domingo, 14 de febrero de 2016

Estoy de Izquierdas, Derechas y Centros hasta las mitocondrias.

 ¿Pero es que nadie se da cuenta de que son palabras vanas? ¿De verdad que nadie lo ve? Por favor, si alguien, en algún lugar de este destartalado país, está ligeramente de acuerdo conmigo, que lo diga… que lo diga de una vez; que diga, como digo yo que son palabras que no encierran nada o casi nada, que sirven solo de parapeto, de escudo o disfraz a seres humanos que, tarde o temprano, los apartarán para dejar ver lo que de verdad importa, lo que hay debajo: su eficacia, su honradez, su valía o… la falta de ellas, porque, a las claras, al que más y al que menos le dan lo mismo una sigla que otra mientras lo que haya ahí sea ético, honrado, eficaz y válido.
¡Basta ya de pantomimas!

viernes, 22 de enero de 2016

La increíble soledad del que no sabe explicarse.



            Si ves que mira a los que polemizan acaloradamente y, si acaso, balbucea, y cuando consigue la palabra trastoca el devenir de lo que un día alguien dijo que debía hacerse con el lenguaje; si compruebas que a medida que acaba con cada frase, como que se enfada consigo mismo y la siguiente empeora la anterior; si se justifica a cada momento, si acude a razones del más allá o acá para que le entendáis, si entra pero no sale del tirabuzón en el que sólo él se introdujo, estáis ante uno de esos que piensa más rápido de lo que consigue explicarse; uno de esos de los que cuando quiere retomar el hilo, este se le complicó tanto que mejor le valdría comprarse el jersey ya hecho.

martes, 29 de diciembre de 2015

Eso que algunos llaman cultura tradicional y yo llamo estupidez congénita humana.

 


     Somos esclavos de tradiciones, vicios, tópicos y prejuicios. Qué difícil es encontrar un equilibrio; cualquier equilibrio. Si a la abuela no le entra en la cabeza que lavar plato a plato consume más agua que usar el lavavajillas, si no consigues dejar de fumar a pesar de eso que le pasó a tu tío, si matar un toro a lanzazos es "de toda la vida" y “no van a venir de fuera a decirnos lo que debemos hacer”, como no va a poder quemar el paisano el monte para mejorar los "praos".
     Decirle a este señor que es pan para hoy y hambre para mañana, sobra... seguirá en sus trece, seguirá mirando con resentimiento a todo el que haga algo para evitarlo, seguirá poniendo toda su energía en demostrarnos que “su” tradición es más fuerte y válida que lo que digan “esos que no saben nada” y sólo si quema a su hijo o asa a su madre se dará cuenta -eso sí, por otra vía- que algo falla en lo que hace. 

domingo, 27 de diciembre de 2015

La felicidad, esa gilipollez sobrevalorada. Confórmate con estar a gusto.

    


    Escucho la Sinfonía del Nuevo Mundo y mientras sus compases se me incrustan en la boca del estómago me pregunto qué puedo hacer yo. Sí, qué puedo hacer para ser feliz y ayudar a que los demás también lo sean… aunque sea un poco.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Lo importante.




Hoy me levanto trascendente e inconformista.
De salida, intento girar la cabeza intentando escuchar el clik que marque el ajuste correcto; ese punto de ancla desde donde analizar este batiburrillo de vida sin que se te muevan los pies y, la verdad, cuesta un potosí.
Todo el mundo opina, todos quieren tener razón y -visto lo visto- no hay sitio para tanto acierto. Oí una vez que no merecía la pena perder el tiempo en llevarse el gato al agua, que eso de pretender estar siempre en lo cierto es, cuando menos, derrochar lo que no se tiene, porque la mayoría de las veces esa perentoria necesidad lo es sobre asuntos de una nimiedad absoluta y que tanto interés en esas vaciedades devalúa nuestras entendederas. Toda esta disquisición me lleva a pensar que lo centrado es discriminar lo fútil de lo importante, sacar a flote aquello que realmente deba prevalecer y enfocar atención y esfuerzo en eso… y poco más; lo que cada uno consideremos así, o sea, importante, es como los colores, al gusto.


Luis F. de Castro

jueves, 17 de septiembre de 2015

Los caballeros las prefieren...suyas

     


     Éranse una vez dos chicas: morena una, rubia la otra y bellas las dos. Pertenecían al gremio de la farándula formando pareja artística y pasaban su tiempo correteando de escenario en escenario mientras escamoteaban su escasa pericia bajo escandalosas dosis de muslo y pechuga.
     Se llevaban bien, acaso por que eran muy diferentes y, aunque opinaran dispar, apoyábanse en todo lo que mereciera ser apoyado. Una era casquivana y promiscua... digamos que de bisagras bien engrasadas; importábale bien poco los detalles, cuando el general era lo suficientemente largo y grueso; a la otra no le saciaban ninguna de esas medidas, el único tamaño que llamaba su atención era el de la faltriquera que obligatoriamente debía estar bien surtida. Hablando claro; una era puta y la otra casi.

domingo, 5 de julio de 2015

La medida de la virtud

      Como en casi todas las cosas de este mundo, la medida es el indicativo que separa lo bueno de lo no tanto. Tópicas virtudes que se convierten en defecto cuando sobrepasan determinado punto: La valentía, la paciencia, la generosidad, y otras muchas que, llevadas a determinado grado, se transforman en cargas tan pesadas que mejor vivir sin ellas; cargas que algunas veces para otros y siempre para uno mismo desearías no llevar.
     Es el orgullo una de esas.
     ¿Merece la pena tener razón en algunos casos?
     Cuántas desgracias cayeron sobre el que no supo retirarse a tiempo, cuantas. Cuantas sobre el que, orgulloso, puso su pensamiento por encima de su vida.
     ¡Que estupidez!
     No gana el que tiene razón, sino el que aguanta... y siempre aguanta más el que se retira a tiempo.


                                  Luis de Castro

miércoles, 3 de junio de 2015

Hasta aquí hemos llegado

http://actualidad.rt.com/economia/view/83258-economia-ecologia-efectivas-traer-fin-mundo-mayas



Día tras día, año tras año, nos desayunamos con esas estadísticas que todo lo analizan; esas que escudriñan matemáticamente nuestro devenir y que usan los eruditos para gestionar nuestra vida. Día tras día, año tras año, nos tenemos que entristecer por decreto si esas estadísticas no son las que ellos esperan y alegrarnos si sí. Dice el ideario económico -y hay que creerlo a pies juntillas- que si esas encíclicas económicas nos muestran una economía en crecimiento, la cosa va bien… y digo yo ¿es eso cierto? ¿Hay que creerlo? Os acordáis de aquel dicho, refrán o chascarrillo que planteaba eso de “¡Virgencita! Que me quede como estaba… “ ¡Pues eso!

domingo, 3 de mayo de 2015

Sobre el principio de todas las cosas



 Tal y como nos vemos nacer y morir, tal y como observamos que el árbol brota de la semilla de su progenitor y termina pudriéndose bajo las raíces de su vástago, concebimos el principio y el fin. La vida tiene sus ciclos dentro de los cuales el nacimiento y la muerte no dejan de ser un par de los eslabones de una cadena sinfín y nada tienen que ver con el principio de las cosas, porque la vida es solo una ínfima parte de todo lo que nos rodea, una infinitesimal partícula en la inmensidad del universo.

viernes, 27 de marzo de 2015

El deshumorador nocturno



 Silencioso merodeador que aprovecha la oscuridad para vagar de habitación en habitación tanteando a los durmientes. Etéreo vagabundo que rellena su holganza trasteando entre los pensamientos de unos y otros y que rebusca entre ellos en pos de los que alegran o enaltecen el ánimo para desmenuzarlos y emborronarlos. ¿Quien será esa presencia tan intensa y que tanta importancia se arroga? ¿Quien esa que localiza débiles y sumisas mentes para saquear gestos y demudar semblantes? Es el Deshumorador nocturno; es ese “porculero” maleante que se lleva la sonrisa mañanera de aquellos a los que saquea y les deja una nube negra y desabrida sobre sus cabezas. Una nube que persiste hasta que el viento se la lleva entre quejas y quejidos dejando, por fin, el natural semblante a la luz del sol. Pobres aquellas víctimas de ese cabrón desorejado -mi hija, por ejemplo- que inadvertidamente son saqueadas y pobres aquellas otras -yo, para más señas- que, sin serlo, tienen que soportarlas. Ver a tu querido ser convertido en un cactus maloliente, en una alimaña vil y contestona a la que no le sirven paños calientes y cuyos únicos bálsamos son el tiempo – a Dios gracias, poco- y el silencio, es un puñetero castigo difícilmente soportable.
Menos mal que dura poco y tan intensa como fugaz, la obra del desgraciado Deshumorador nocturno se desvanece como la construyó: sin saber porqué.

Luis F. de Castro


Imagen: http://hoytele2.blogspot.com.es/2013/02/el-caso-waterclose-espanol.html


jueves, 26 de marzo de 2015

Ayer en el médico

 Ayer, 200 años y 134 días después de la única guerra que deberíamos haber perdido* y motivado por un asunto de pólipos, tuve a bien pasar por la consulta del especialista en digestivo. Llegado al lugar a la hora indicada, me topé con una ventanilla que, a la par que cerrada, se encontraba orlada hasta límites insospechados de carteles informativos. Eran dispares en formas, tamaños y colores: unos nuevos y otros ajados, unos escrupulosamente escritos y otros burdamente garabateados, unos firmados con “gracias” y otros con “la dirección” pero todos, todos, ordenando cosas o imponiendo condiciones para ser atendidos.
Enfrascado en su lectura cual recita salmos del antiguo testamento, no caí en la cuenta del tiempo y mi enano interior y yo nos sumergimos en una disputa justiciera sobre lo soberbio y pedante de sus contenidos: Que si quieres ser atendido, con la tarjeta sanitaria en la boca, que “ojito” con levantar la voz, que si la hora de la cita es de mentirijillas, que si debíamos permanecer sentados, que si los móviles apagados… y un sinfín de memeces más a cual más imperiosa y restrictiva. En esto que me vi levantándome con ímpetu justiciero y –digno y orgulloso- arrancar uno tras otros todos los “papelajos”, me vi increpando al personal sobre su descarada falta de eficiencia, me contemple dándoles lecciones sobre la adecuada atención al público, me sentí querido por los sufridos administrados y aplaudido por ellos, me vi… ¡hay, como me vi!
-Señor, que no tengo todo el día, me da sus papeles o prefiere seguir rezando…
-¡Oh! Si, si, perdone; es que me distraje con estas amables indicaciones. Tenga, tenga.

Luis F. de Castro.


*Refiriéndose a la guerra de independencia española, Napoleón I, en su exilio, declaró:
Esta maldita Guerra de España fue la causa primera de todas las desgracias de Francia. Todas las circunstancias de mis desastres se relacionan con este nudo fatal: destruyó mi autoridad moral en Europa, complicó mis dificultades, abrió una escuela a los soldados ingleses... esta maldita guerra me ha perdido.”

Fraser, Ronald: La maldita guerra de España. Historia social de la guerra de la Independencia, 1808–1814.

lunes, 23 de marzo de 2015

Andalucía o tener lo que se merece.


            Que la mente humana es difícil de escrutar no tiene discusión y, por lo tanto, que su escrutinio está al alcance de muy pocos, tampoco. El pensamiento colectivo y la sensibilidad social son manipulables hasta puntos insospechados, y lo que hoy es malo, mañana bueno y viceversa. Eso es una máxima universal, que por conocida, tratada y denostada, no deja de incrementarse extendiéndose hasta los últimos rincones de una sociedad gregaria y en exceso zafia. Se dice que un pueblo leído es un pueblo poco manipulable y que la libertad de pensamiento está en proporción directa a la cultura de sus componentes. Es a golpe de verdadera cultura como se van exiliando aquellos elementos de irracionalidad que hacen de nuestra sociedad algo al servicio de aquellos que conocen la técnica de la manipulación.
            Cientos de imputados/investigados, millones de euros sustraídos de los dineros públicos, una insondable red de clientelismo político y una carga de paro insoportable, no han sido suficientes para que el pueblo andaluz cambie su voto, siquiera por la vía de probar otra cosa que -presuntamente- menos daño haga. Y ahora qué. ¿Seguirá la sociedad andaluza arrastrándose en el mismo quejicoso tedio de siempre? ¿Tendrá el social descaro de seguir penando la mala suerte que han tenido con sus gobernantes? Se enterarán ahora los intelectuales de turno el porqué Telecinco es la número uno. Somo lo que somos, y cambiarlo es difícil, muy difícil; hasta el punto de que algunos consideran que la ruptura es la única vía. Romper con todo para cambiar de dueño... sí, de dueño, no se sale de una de esas con otra cosa que con amo nuevo, por que España es mucho de “Don Juanón o Juanillo” y en vez de limar, ajustar, reconducir somos de “mantenerla sin enmendarla hasta joderla, para después matarla”

            Espero no tener razón y que los tiempos hayan cambiado inadvertidamente para mí; que el análisis de esta situación sea más simple y sencilla del que bulle en mi cabeza y este nuevo avatar político sea parte de una solución que se me escapa. Mientras espero que sea así, no dejo de pensar en el tópico:  “Tenemos lo que nos merecemos”.

Luis F. de Castro

lunes, 29 de diciembre de 2014

¿Donde están los niños?

 Una sociedad sin niños es una sociedad triste, oscura y pesimista. Al igual que la madera pasto de la carcoma, un pueblo sin niños se quebrará ante cualquier dificultad, porque el aliciente de un futuro es el futuro mismo.
El desánimo es cosa de viejos y de niños la ilusión. Lo son todo, son la inspiración, son el motivo y la razón de un mañana vivo.
¿Dónde están los niños en esta tierra sin futuro?

¿Dónde el báculo de estos ancianos malhumorados y quejumbrosos?

                     Luis F. de Castro

La suma de todos

 http://www.humorgrafico.org/galerias/museo-virtual/franchu

Caigo en la cuenta del punto de racionalidad que en su día se quiso dar a la imagen institucional de la Comunidad de Madrid. Sin ir más lejos, su eslogan: “La suma de todos”. Bonita declaración de intenciones para una -no deja de ser eso- comunidad de propietarios; porque su fundamento se basa, a mi ufano entender, en la simple, directa y noble intención de sumar voluntades y aptitudes para conseguir las más altas cotas de bienestar común posible.
Visto lo visto y teniendo en cuenta que todos los que suman no parecen ser tantos como debiera, no estaría de más que nos mirásemos al ombligo uno por uno y analizásemos cual es nuestra aportación a la comunidad.
¿Damos más o menos de lo que recibimos?
Y después de hacer nuestras cuentas... sin trampas, por supuesto, tendremos más claro hasta que punto podemos o no exigir.


Luis F. de Castro



miércoles, 15 de octubre de 2014

La vulgar egagrópila


El hombre, desde que puede llamarse así, ha creado muchas cosas y la principal de ellas es a sí mismo. Se ha creado a golpe de sudor, sangre e ideales. No sé, ni creo llegar a saber nunca, cuando se separó de su mundano devenir biológico para encaminarse por la senda de la cultura, del raciocinio. La vida en su acepción biológica no es justa ni debe serlo. La evolución, desde que el mundo es mundo,  no discurre por la senda de los justos, sino de los supervivientes y ahí apareció el hombre para enmendar la plana a la naturaleza creando conceptos tan alejados de la evolución natural como la ética, la moral y, sobre todo, la justicia… su justicia. No creo que un mundo creado a base de prueba y error, de la  pervivencia del más apto, acepte a una especie que cambia las reglas del juego en mitad de la partida.

Muy probablemente la naturaleza terminará escupiéndonos como si fuéramos una vulgar egagrópila*.

Luis F. de Castro

*Egagrópila: Dícese de las bolas formadas por restos de alimentos no digeridos que algunas aves carnívoras regurgitan.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Entre Málaga y Malagón, no hay nada



El armamento químico y bacteriológico no tiene buena prensa. Deja daños feos y poco honorables. Que un afectado por gas sarín muera en dos o tres minutos por falta de aire es indigno, pero que lo haga desangrado por una pierna amputada en cinco, no. Asimismo, eso de dejar este mundo en masa, todos juntos y mediante igual método, ¡jó, que pereza! pero hacerlo diseminaditos por las calles o en pequeños grupos, unos  a cuchillo, otros a golpes, muchos descuartizados por una buena metralla, ¡eso es otra cosa!

jueves, 11 de septiembre de 2014

Sobre nuestra manera de gestionar la catástrofe



En su perenne y estúpido egoísmo, en su mezquina prepotencia, se arroga el ser humano ser el creador de la estética y el garante del orden; son estas algunas de las ideas que avocan este minúsculo planeta al caos y la degradación. Nuestra soberbia nos lleva a pensar que todo lo que nos rodea está para servirnos y que –llegado el caso- si no nos sirve bien, “Dios proveerá”, porque hasta en esa torticera pretensión descargamos nuestra responsabilidad en “otro”. Avanzamos descoordinados, a empellones, desarrollando la copa sin preocuparnos de la raíz de este árbol que nos sostiene obviando todos los avisos de descuaje que se nos presentan. Descorazona pensar que la inmensa mayor parte de nosotros navegamos en esa dirección y que la creencia en estos paradigmas, solo hace que colaborar en el derrumbe de nuestra insostenible civilización.

sábado, 9 de agosto de 2014

Sobre la medida de las cosas



Seguramente habréis oído aquello de  “… y qué es eso comparado con el cariño de una madre” Suele ser una de esas aseveraciones que se hacen para menospreciar -de alguna forma-, frases relativas a  cosas cuya cantidad es notable; y ahora, yo me pregunto: ¿tenemos realmente conciencia de la proporción de las cosas?  Porque el tamaño de lo que nos rodea es un concepto tan abstracto como “la fe” sino es comparado con algo; solo en ese momento consigue nuestra mente darle un valor “razonable”.
Me viene a la cabeza aquella situación por la que una persona –muy enfadada ella- calificaba de irracional, inadmisible y demencial que otra votara a determinado partido político –legal, por demás señas- para, acto seguido, usar exactamente los mismos calificativos para definir al asesino de una niña…  O cuando escuchas a los espectadores de un partido de futbol  dirigirse al árbitro en términos que no usaríamos para James Manson o Adolf Hitler.
Si usáramos el raciocinio para mesurar esos –llamémosles- desfases, nos daríamos cuenta que hay que bajar el listón; hay que reducir el nivel para dejar espacio para que podamos digerir la verdadera medida de las cosas.
La mente humana es la hostia; compleja como pocas cosas en la naturaleza; comprenderla es –en muchos casos- misión imposible y sólo desde esta óptica podremos convivir con nuestros vecinos. Intentar buscar el motivo a cada una de nuestras acciones,  pretender justificar todos nuestros actos es –cuando menos- un derroche de recursos y no se me va de la cabeza la idea de que mejor nos iría si esos recursos los dedicáramos a otras cosas.

Luis F. de Castro

lunes, 4 de agosto de 2014

Vete haciendo a la idea

     Dice un refrán “De los cuarenta para arriba,  no te mojes la barriga” y no es que tenga razón -que no la tiene-, pero avisa que algo está cambiando y  que llegando  determinada edad, esa en la que visitar hospitales y cementerios se convierte en cosa cotidiana, empieza a darnos en la nariz que “lo nuestro” no tiene marcha atrás, que no somos diferentes a los demás y el que seas tú el visitado es una sencilla cuestión de tiempo.  Llegas, al fin, a caer en la cuenta  que eres tan viejo como te ven los demás, y no tan joven como tú crees ser  y, o te resignas a ello o terminas  intentando recuperar la juventud perdida vía payasada. 

Luis F. de Castro

lunes, 28 de julio de 2014

Sobre como llevar a cabo nuestras decisiones


http://akifrases.com/frase/115674

¿Donde está la teoría y -en consecuencia-, donde buscar para ponerla en práctica?
¿Por qué es tan difícil hacer lo que se quiere?
Desde niño –si alguna vez lo fui- me pregunto como llevar a buen fin aquello que decido, como realizar lo que analizado y concluido, tomamos por necesario. La pregunta puede parecer estúpida  y quizás lo sea, pero en mis adentros se baten en duelo contradicciones e inconvenientes que llevan tan liviana cuestión a los altares de la filosofía.
No me refiero a los avatares del destino, no a aquellas circunstancias externas que obstaculizan tu voluntad, sino a los estorbos y trabas que pone esa parte de ti mismo, -por demás rebelde y maleducada-  que te impide llevar a cabo tus propias decisiones.
En cierta forma deberíamos agradecer su existencia, ya que, si no fuera por ella, nuestro discurrir por este mundo no diferiría en mucho de la de un procesador de datos y se perdería la chispa que provoca en nuestras vidas la incertidumbre que produce el incontrolable actuar humano.


Luis F. de Castro.