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jueves, 16 de enero de 2014

Sobre el pesimismo cabrón.




Hoy puede ser un gran día que –como viene siento habitual- terminará estropeándose. 

Esa es la premisa/sentencia que me acompaña cual mal fario, desde que nací. Ya puedes tener en cuenta  todas las citas, frases y bienintencionados testimonios, que -quieras o no-, vuelve recurrente la oscura sombra del pesimismo. Ese espeso hálito que rodea cada una de las acciones de las que rellenan el día y que por mucho que corras, saltes o vueles, se mantiene pegado a ti como tu sombra, como tu vida misma. Cada vez que se atisba unas sonrisa, un gesto de alegría, un ademán de entusiasmo, aparece merodeando a tu alrededor para echarlo al traste y, disfrazado de análisis racional, joder lo que de bueno traía consigo; que te tronca el ánimo y entristece el gesto como si de un soplo fétido se tratase.

Durante toda la vida he escarbado en mi interior buscando las raíces de ese malhadado parásito y, a pesar de lo profundo de la búsqueda, solo conseguí encontrarme a mí mismo y a cada intento de descuaje, peor que peor; a cada batalla presentada, más pérdidas y a cada rendición, más pago en resarcimiento.

Quién tendrá la espátula que, llevándose esa pátina mugrienta, despeje el porvenir, quien… O, pensándolo mejor, que no venga en mi ayuda, no vaya a ser que se lleve la última sonrisa que guardaba para ti.




                                               Luis F. de Castro.

lunes, 13 de enero de 2014

Sobre la injusticia



Ingrata sensación la de sentirse acusado injustamente, lóbrega la de saberse juzgado sin posibilidad de defensa, desabrida y amarga.
Vuela mi afecto hacia aquellos que lo sufrieron, que fueron burlados por el magnánimo viento de la justicia y nada les quedó en qué apoyarse para sobrevivir.
 Cuando todo a tu alrededor se desmorona, cuanto se atomizan los cimientos de ánimo y te hundes en la incomprensión de los otros como si lo hicieras en el más hediondo y negro de los lodos y –sobre todo- cuando la solución no está en tus manos, ¡qué te queda!
Quizás el tiempo sepa como aliviarte y consiga rehacer algo del roto, tal vez quite la empañada lente que tiñe de desánimo todo lo que se extiende ante tus ojos, pero, por mucho que lo intente, el tiempo no conseguirá que vuelvas a tu ser, siempre quedará ese poso que enferma la pureza y encamina el alma hacia una muerte menos limpia.
Ahora comprendo el significado de esas miradas, ahora entiendo las letanías del desamparado y descubro que son nuestras propias letanías las que escuchamos, porque sólo es cuestión de tiempo que salgan por nuestra boca.




                                               Luis F. de Castro.