Miro por la ventana y como si de un
cuadro se tratase, veo el paisaje urbano en dos únicas dimensiones. Todo pierde
su cuota de realidad cuando en nuestro cerebro es otra cosa la que se “cuece”.
Los ojos repasan el frente sin ver, sin evaluar, sin nada que de relieve a la
escena. El micromundo de tus neuronas es autosuficiente; se enoja, se motiva,
se inmola solo con un pensamiento. No necesita, necesariamente, influencias
externas, no necesita nada... Quizás solo a ti, pero como carnaza, cebo al uso.
Te supera, te utiliza, le eres necesario porque le alimentas y sostienes.
