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viernes, 17 de enero de 2014

El Puerco (fragmento)



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Si no fuera que el hombre es capaz de causar daño sin motivo, para qué querríamos la conciencia. Tanta maldad gratuita, tanto dolor impregnándolo todo que hasta las piedras parecen llorar. El aire huele a muerte en este páramo inhóspito y su fuerza arrastró el color de la primavera, el canto de los pájaros y el aroma de las flores y sólo dejó sensación de vacío y sanguinolentas manchas por doquier.
Livia aparta de un manotazo uno de los jirones de cinta que el viento ha perdonado. “Policía, no pasar” reza. Traspasa la puerta y se detiene a observar. La penumbra no acierta a aliviarle. No piensa, sólo siente un enorme boquete en el estómago por el que se le está escapando el alma; sus ojos no dan a basto, no son capaces de engullir toda la angustia, el dolor y la desesperación que vivieron los que ya no están allí y ahora siente en sí misma. Asiendo por el respaldo una silla volcada, la incorpora y se deja caer como carne muerta en ella. Pierde la mirada sobre la superficie de la mesa que tiene ante sí y, como si de una ventana abierta a su memoria se tratara, ve interminables campos donde el trigo se pliega al albur de la brisa.
...
                                              


                                               Luis F. de Castro

lunes, 19 de agosto de 2013

Carta desde lo alto.(Cuento)

Estimados colocotrocos, queridos súbditos: Hoy os dejos una letanía... o algo así. No tengo el cuerpo para serpentinas y, aunque una de las obligaciones de cargos como el mío es no dejar traslucir los sentimientos; ¡no me da la real gana! De cualquier forma, espero que os guste; y si no, no me lo tengáis en cuenta.


Querida Ana:

 Esta mañana fuiste muy dura con madre. Le gritaste demasiado por una tontería. Siempre le levantas la voz por estupideces. Si te estaba planchando unas bragas, no es por que haya perdido la razón, sino que sus ganas de agradarte hacen que vuele su buen juicio. Algún día deberías probar el placer que reporta comprenderla y excusarla de sus desvaríos y no recrearte en la obsesiva necesidad que tienes de demostrar tu poder sobre ella. Ya tiene bastante con los golpes que le propina padre que son, al fin y al cabo, los que la han idiotizado. Así es que no rices el rizo y cómete tus frustraciones, pedazo de mema. Cada una de sus canas se las habéis sacado padre y tú a sangre y fuego del corazón, y aún sigues pasándole factura por lo que no hizo...