Por un agujero en el
estómago se escapa.
Sí, se escapa.
Se escapa arrastrando
llantos y miserias;
salamandras, ortigas,
babosas y culebras;
bebedizos, ponzoñas,
pus y excremento;
bilis, hieles, pócimas
y malos emplastes.
Dejando la muerte para
otro momento.
Sin más.
Sin aliento.
Con el hálito justo
para llegar a la salida,
con una pizca de pureza
en el alma,
pero sin lustre,
pero con calma,
pero sin vida.
Y un pesaroso lastre de
vejez en la ilusión.
Sin más
Sin corazón.
Cananas de pena cargo
en bandolera.
Humedezco de lágrimas
los ojos.
Pero de mi ornato,
hago despojos.
Y sin más:
los reparto.
Aldade
