En su perenne y estúpido egoísmo, en su
mezquina prepotencia, se arroga el ser humano ser el creador de la estética y
el garante del orden; son estas algunas de las ideas que avocan este minúsculo
planeta al caos y la degradación. Nuestra soberbia nos lleva a pensar que todo
lo que nos rodea está para servirnos y que –llegado el caso- si no nos sirve
bien, “Dios proveerá”, porque hasta en esa torticera pretensión descargamos
nuestra responsabilidad en “otro”. Avanzamos descoordinados, a empellones,
desarrollando la copa sin preocuparnos de la raíz de este árbol que nos
sostiene obviando todos los avisos de descuaje que se nos presentan. Descorazona
pensar que la inmensa mayor parte de nosotros navegamos en esa dirección y que
la creencia en estos paradigmas, solo hace que colaborar en el derrumbe de
nuestra insostenible civilización.
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jueves, 11 de septiembre de 2014
sábado, 9 de agosto de 2014
Sobre la medida de las cosas
Seguramente habréis oído aquello
de “… y qué es eso comparado con el
cariño de una madre” Suele ser una de esas aseveraciones que se hacen para
menospreciar -de alguna forma-, frases relativas a cosas cuya cantidad es notable; y ahora, yo
me pregunto: ¿tenemos realmente conciencia de la proporción de las cosas? Porque el tamaño de lo que nos rodea es un
concepto tan abstracto como “la fe” sino es comparado con algo; solo en ese
momento consigue nuestra mente darle un valor “razonable”.
Me viene a la cabeza aquella
situación por la que una persona –muy enfadada ella- calificaba de irracional,
inadmisible y demencial que otra votara a determinado partido político –legal,
por demás señas- para, acto seguido, usar exactamente los mismos calificativos
para definir al asesino de una niña… O cuando
escuchas a los espectadores de un partido de futbol dirigirse al árbitro en términos que no
usaríamos para James Manson o Adolf Hitler.
Si usáramos el raciocinio para
mesurar esos –llamémosles- desfases, nos daríamos cuenta que hay que bajar el
listón; hay que reducir el nivel para dejar espacio para que podamos digerir la
verdadera medida de las cosas.
La mente humana es la hostia;
compleja como pocas cosas en la naturaleza; comprenderla es –en muchos casos-
misión imposible y sólo desde esta óptica podremos convivir con nuestros
vecinos. Intentar buscar el motivo a cada una de nuestras acciones, pretender justificar todos nuestros actos es
–cuando menos- un derroche de recursos y no se me va de la cabeza la idea de
que mejor nos iría si esos recursos los dedicáramos a otras cosas.
Luis F. de Castro
jueves, 2 de enero de 2014
Tratado breve y sucinto sobre como cagar en el campo.
Nada más alejado de mi ánimo e intenciones que resultar soez o maleducado. Nunca -y menos en este caso-, cogí la pluma para plantar reales escabrosos a conciencia de que su resultado llevaría al escándalo y a la animadversión al sufrido lector. Nunca quise aprovecharme de la ventaja que tenemos los del lapicero por razón de la cual, no saben lo que hay escrito hasta que lo leen; aprovechándonos así de la manida política de hechos consumados. Ahora bien, si tenemos en cuenta el extraordinario desparpajo que muestran algunos desarrollando temas tan espinosos como la manoseada violencia, la mentira, el despilfarro y demás zarandajas; me considero con el permiso tácito y ético, concedido por mi propia menda, para estirar ante los que quieran leer y entender este, tan humano tema.
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