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viernes, 2 de enero de 2015

Prisionero de si



http://pecorosama.blogspot.com.es/



 Desventurado aquel que persiguiendo pequeños sueños de perfección se queda día tras día en el camino.
Desgraciado el que -como quien busca una excusa- descarga en el todos su frustrada visión del funcionar del mundo.
Pena ver como un batallón de hormigas en su cabeza le roban el descanso sometiéndole a la tortura de una vigilia permanente... y como se desespera al observar que ese al que creen fuerte es el más débil de todos.
Como hacer ver que necesita descansar; relajar esa vorágine de entelequias y unirse a un mundo más sencillo y liviano.
Cómo le gustaría sonreír sin sombras, hablar sin miedo y desterrar la culpa.



Luis F. de Castro

miércoles, 9 de julio de 2014

El sincero maleducado.



Hoy es uno de esos días en los que  caigo en cuenta  de la necesidad del sentido común en las relaciones interpersonales. Hasta qué punto la positividad en el mundo de la percepción es beneficiosa.  Qué maravillosa la relación entre gente bienhumorada  y constructiva.  Hasta el punto de que considero que “Ver el vaso medio lleno” ya no es una opción, es una obligación moral que,  visto lo visto y atendiendo a la frágil e impresionable psicología de esta masa humana,  se ha convertido en una imprescindible terapia de grupo. 

Es teniendo en cuenta esta tesitura cuando caes en la cuenta de lo perjudicial que resulta el sincero maleducado. Todos los conocemos;  son esos especímenes  –entre otras cosas, un poco simples y primitivos- que carecen del sentido de la oportunidad mostrando una incapacidad patológica de discernir el daño que pueden causas sus acciones y palabras; son esas que en determinadas situaciones,  están más cerca del comportamiento animal que del  procedente del raciocinio y que ladran inmisericordes cuan poderosos justicieros, mientras otros solucionan los problemas que dieron lugar a esos ladridos.  Los hay en todas las escalas sociales, desde la vecina de al lado al compañero de trabajo, desde la ama de casa al parlamentario de turno.  Florecen por doquier; nos rodean atacándonos sin compasión incapaces de comprender el mal que les consume, inconscientes de su dañina manera de ser.  Todo tiene su momento, pero para ellos es siempre hora de quejarse, añadirle peros y descerrajar improperios indiscriminadamente; eso sí, nunca es tiempo de mirar el propio ombligo. Se alimentan del odio que crean, de la incómoda desazón que dejan en sus víctimas; y todo ello hasta el punto que la infelicidad de los demás les satisface, les sacia y les engorda el cuerpo y el alma. 
Son parásitos de la felicidad.

Luis de Castro

sábado, 8 de febrero de 2014

No estoy de humor

http://eltrasterodemimente.files.wordpress.com/2011/05/dolor1-scaled500.jpg?w=500&h=500


Queridos y añorados colocotrocos: No estoy de humor.

            Llevo setenta y dos horas con dolor de cabeza, de las cuales, las últimas doce están consiguiendo socavar la poca dignidad de la que dispongo. En esta puta tesitura intento no caer en la autocompasión y, aunque creo que el simple hecho de pasar estas sensaciones al papel forma parte de esa sintomatología, creo que es una nimia dolencia comparada con otras de las que pululan por mi periferia.

Hace tiempo que confirmé mis sospechas sobre la especial naturaleza del dolor humano. En el Homo sapiens, la base fisiológica del dolor es la misma que en nuestros acompañantes en el devenir natural del planeta, pero hay dos componentes que lo diferencia del resto: El conocimiento consciente de su presencia y la constancia de su utilidad/inutilidad y, ambas circunstancias nos traen más problemas de los que nos solucionan.

El dolor físico es, en el ser humano en exclusiva, la antesala del sufrimiento, y esta circunstancia es característica e inseparable del raciocinio.

Moraleja: A los tontos, todo les duele menos.

                                                            
                                       Luis F. de Castro

sábado, 18 de enero de 2014

Convivo, luego llevo todas las de perder


http://avilared.com/upload/img/periodico/img_16129.jpg

Hace mucho, pero que mucho tiempo, alguien me dijo que por fecha de nacimiento me correspondía ser Libra y, por tanto, persona especialmente sensible a la injusticia, al desafuero y, en conclusión, a la arbitrariedad. Vaya por delante decir que no suelo dar pábulo a creencias de cariz esotérico y para un servidor de ustedes el horóscopo, si no lo es, se acerca bastante. Aceptémoslo -por un momento-, como verdad y que, a pesar de no saber si el hábito hizo al monje o el monje hizo el hábito, noto en mis adentros una cierta y especial sensibilidad hacia los afectados por la sinrazón, la tropelía y la iniquidad, en razón a la cual y, teniendo en cuenta, que nos rodea la inmoralidad, el atropello y el abuso, camino la mayor parte del tiempo retorciéndome ante la urticaria moral que me suscitan.

miércoles, 8 de enero de 2014

Sobre el origen de la conciencia



             Miro por la ventana y como si de un cuadro se tratase, veo el paisaje urbano en dos únicas dimensiones. Todo pierde su cuota de realidad cuando en nuestro cerebro es otra cosa la que se “cuece”. Los ojos repasan el frente sin ver, sin evaluar, sin nada que de relieve a la escena. El micromundo de tus neuronas es autosuficiente; se enoja, se motiva, se inmola solo con un pensamiento. No necesita, necesariamente, influencias externas, no necesita nada... Quizás solo a ti, pero como carnaza, cebo al uso. Te supera, te utiliza, le eres necesario porque le alimentas y sostienes.