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jueves, 16 de enero de 2014

Sobre el pesimismo cabrón.




Hoy puede ser un gran día que –como viene siento habitual- terminará estropeándose. 

Esa es la premisa/sentencia que me acompaña cual mal fario, desde que nací. Ya puedes tener en cuenta  todas las citas, frases y bienintencionados testimonios, que -quieras o no-, vuelve recurrente la oscura sombra del pesimismo. Ese espeso hálito que rodea cada una de las acciones de las que rellenan el día y que por mucho que corras, saltes o vueles, se mantiene pegado a ti como tu sombra, como tu vida misma. Cada vez que se atisba unas sonrisa, un gesto de alegría, un ademán de entusiasmo, aparece merodeando a tu alrededor para echarlo al traste y, disfrazado de análisis racional, joder lo que de bueno traía consigo; que te tronca el ánimo y entristece el gesto como si de un soplo fétido se tratase.

Durante toda la vida he escarbado en mi interior buscando las raíces de ese malhadado parásito y, a pesar de lo profundo de la búsqueda, solo conseguí encontrarme a mí mismo y a cada intento de descuaje, peor que peor; a cada batalla presentada, más pérdidas y a cada rendición, más pago en resarcimiento.

Quién tendrá la espátula que, llevándose esa pátina mugrienta, despeje el porvenir, quien… O, pensándolo mejor, que no venga en mi ayuda, no vaya a ser que se lleve la última sonrisa que guardaba para ti.




                                               Luis F. de Castro.

jueves, 9 de enero de 2014

Sobre los cambios de humor


http://elblogdeaylak.files.wordpress.com/2012/05/480px-drama-icon.png?w=474&h=355


Me pregunto por qué en determinadas épocas de la vida, la fragilidad del ánimo se hace más evidente; por qué,  dependiendo del momento,  determinadas sensaciones decantan nuestro humor en un sentido u otro. ¿Tan voluble somos?, ¿tan veletas?. Por qué el momento es tan importante como la causa misma.
Puede que el discurrir de las circunstancias socaven o refuercen día a día algún tipo de depósito de “aguante” y que, dependiendo del nivel de dicho depósito, las sensaciones cambien ; o que exista un mecanismo sentimental que no funcione con la corrección debida.
Sea cual fuere la respuesta, es una puñeta aguantarse a uno mismo cuando –siquiera en esto- nos conocemos suficientemente.

                                                                                              Luis F. de Castro