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sábado, 9 de agosto de 2014

Sobre la medida de las cosas



Seguramente habréis oído aquello de  “… y qué es eso comparado con el cariño de una madre” Suele ser una de esas aseveraciones que se hacen para menospreciar -de alguna forma-, frases relativas a  cosas cuya cantidad es notable; y ahora, yo me pregunto: ¿tenemos realmente conciencia de la proporción de las cosas?  Porque el tamaño de lo que nos rodea es un concepto tan abstracto como “la fe” sino es comparado con algo; solo en ese momento consigue nuestra mente darle un valor “razonable”.
Me viene a la cabeza aquella situación por la que una persona –muy enfadada ella- calificaba de irracional, inadmisible y demencial que otra votara a determinado partido político –legal, por demás señas- para, acto seguido, usar exactamente los mismos calificativos para definir al asesino de una niña…  O cuando escuchas a los espectadores de un partido de futbol  dirigirse al árbitro en términos que no usaríamos para James Manson o Adolf Hitler.
Si usáramos el raciocinio para mesurar esos –llamémosles- desfases, nos daríamos cuenta que hay que bajar el listón; hay que reducir el nivel para dejar espacio para que podamos digerir la verdadera medida de las cosas.
La mente humana es la hostia; compleja como pocas cosas en la naturaleza; comprenderla es –en muchos casos- misión imposible y sólo desde esta óptica podremos convivir con nuestros vecinos. Intentar buscar el motivo a cada una de nuestras acciones,  pretender justificar todos nuestros actos es –cuando menos- un derroche de recursos y no se me va de la cabeza la idea de que mejor nos iría si esos recursos los dedicáramos a otras cosas.

Luis F. de Castro

jueves, 4 de julio de 2013

Versos 004

Queridos colocotrocos: Habida cuenta de la profusión de salvapatrias, mentirosos, manipuladores y ventajistas que nos rodean y de que -justo es reconocerlo- se alimentan de la estupidez, incultura, necedad y falta de criterio del populacho, he decidido prohibir estos defectos con la intención de matar a aquellos de inanición.


Versos 004


Llama a voz en grito al jamelgo represor
quien, a sabiendas, a la contra camina.
A pescar enseña sin dar carne con espina,
pregunta y levanta la pesada alfombra
sin enterarse que al poderoso hace sombra
y tanto pecado hizo nunca un pecador.

Sólo absurdos héroes y alocados villanos
escriben la arrastrada y hedionda historia
plagada de mentiras sin memoria,
de olvidadas muertes atiborrada,
de imaginadas gestas tapizada.
Amigo al enemigo y bastardo al hermano.

Otrora, la calidez de un sencillo momento.
Ahora, una sincera mirada.
Después, una flor perfumada
Y el silencio de unos párpados asintiendo

Y donde la ira tiñó todo de rojo,
hincará la paz sus raíces;
hondas,
recias,
puras;
sin recodos, sin matices;

donde el odio sea, de la basura, el despojo.

                                                 Aldade