En la trasera de mi calle, hay otra en la que, desde hacía
tiempo, un bazar chino ponía a
disposición del barrio una infinidad de mercaderías. Era un híbrido entre
cueva y centro comercial. De la primera
tenía la penumbra, el silencio y el olor a humedad y del segundo la oferta y el
servicio, con lo que ninguna objeción se le podía poner a su tranquila existencia.
Siempre estaba ahí para lo que fuera menester; una barra de pan a deshora, unas
pilas para el consolador, un florero o una libreta; ninguna necesidad salía de
allí sin ser convenientemente atendida y así, desapercibido e imprescindible,
pasaban los días para el chino del barrio. Pero hete aquí que un día el chino
apareció cerrado. Tan silencioso se fue como había llegado y las necesidades
extemporáneas de los vecinos se buscaron otro chino un poco más allá.
Mostrando entradas con la etiqueta religión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta religión. Mostrar todas las entradas
viernes, 26 de septiembre de 2014
domingo, 12 de enero de 2014
Disquisiciones sobre la sociedad feliz.
http://www.abc.es/Media/201201/25/kaaba--644x362.jpg
El
cerco a al independencia de la mente está montado. Las empalizadas son fuertes
y mantendrán al díscolo en su sitio. La propia naturaleza de una masa mediocre
e impresionable hará el resto. No hay escapatoria ya que el sistema no está
manejado por mano humana, sino bajo la tutela de una nube a la que hemos dotado
de vida propia y ya no nos necesita sino para alimentar su poder. ¿Puede acaso
una abeja sublevarse al mandato del enjambre?, ¿puede un planeta decidir a qué
estrella rotar?
Es la
felicidad un estado del ánimo que no puede aplicarse a una sociedad; únicamente
al individuo y que invariablemente se aleja de él a medida que tiene conciencia de sí mismo y de su papel en el mundo. Las religiones no dejan de ser un
fallido método de defensa contra la infelicidad social, un compromiso en el que
se aceptan premisas falsas e irreales en pos de un beneficio común. El –de
momento- insalvable hándicap se encuentra en que llegan a una humanidad
inmadura para aceptar un contrato tan complejo. Invariablemente recurre a la
violencia extrema para conseguir que “los otros” sean tan felices como “los
unos”, con lo que entran en una dinámica inútil por la imposibilidad de
soluciones.
De
momento y mientras “el nimbo” soluciona ese problema, una opción es recluirse en
el capullo a esperar tiempos mejores.
Luis F. de Castro
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
