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viernes, 26 de septiembre de 2014

En la trasera de mi calle



En la trasera de mi calle, hay otra en la que, desde hacía tiempo, un bazar chino  ponía a disposición del barrio una infinidad de mercaderías. Era un híbrido entre cueva  y centro comercial. De la primera tenía la penumbra, el silencio y el olor a humedad y del segundo la oferta y el servicio, con lo que ninguna objeción se le podía poner a su tranquila existencia. Siempre estaba ahí para lo que fuera menester; una barra de pan a deshora, unas pilas para el consolador, un florero o una libreta; ninguna necesidad salía de allí sin ser convenientemente atendida y así, desapercibido e imprescindible, pasaban los días para el chino del barrio. Pero hete aquí que un día el chino apareció cerrado. Tan silencioso se fue como había llegado y las necesidades extemporáneas de los vecinos se buscaron otro chino un poco más allá.

domingo, 12 de enero de 2014

Disquisiciones sobre la sociedad feliz.

http://www.abc.es/Media/201201/25/kaaba--644x362.jpg

El cerco a al independencia de la mente está montado. Las empalizadas son fuertes y mantendrán al díscolo en su sitio. La propia naturaleza de una masa mediocre e impresionable hará el resto. No hay escapatoria ya que el sistema no está manejado por mano humana, sino bajo la tutela de una nube a la que hemos dotado de vida propia y ya no nos necesita sino para alimentar su poder. ¿Puede acaso una abeja sublevarse al mandato del enjambre?, ¿puede un planeta decidir a qué estrella rotar?
Es la felicidad un estado del ánimo que no puede aplicarse a una sociedad; únicamente al individuo y que invariablemente se aleja de él a medida que tiene conciencia de sí mismo y de su papel en el mundo. Las religiones no dejan de ser un fallido método de defensa contra la infelicidad social, un compromiso en el que se aceptan premisas falsas e irreales en pos de un beneficio común. El –de momento- insalvable hándicap se encuentra en que llegan a una humanidad inmadura para aceptar un contrato tan complejo. Invariablemente recurre a la violencia extrema para conseguir que “los otros” sean tan felices como “los unos”, con lo que entran en una dinámica inútil por la imposibilidad de soluciones.

De momento y mientras “el nimbo” soluciona ese problema, una opción es recluirse en el capullo a esperar tiempos mejores. 

                                  Luis F. de Castro