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lunes, 4 de agosto de 2014

Vete haciendo a la idea

     Dice un refrán “De los cuarenta para arriba,  no te mojes la barriga” y no es que tenga razón -que no la tiene-, pero avisa que algo está cambiando y  que llegando  determinada edad, esa en la que visitar hospitales y cementerios se convierte en cosa cotidiana, empieza a darnos en la nariz que “lo nuestro” no tiene marcha atrás, que no somos diferentes a los demás y el que seas tú el visitado es una sencilla cuestión de tiempo.  Llegas, al fin, a caer en la cuenta  que eres tan viejo como te ven los demás, y no tan joven como tú crees ser  y, o te resignas a ello o terminas  intentando recuperar la juventud perdida vía payasada. 

Luis F. de Castro

miércoles, 9 de julio de 2014

El sincero maleducado.



Hoy es uno de esos días en los que  caigo en cuenta  de la necesidad del sentido común en las relaciones interpersonales. Hasta qué punto la positividad en el mundo de la percepción es beneficiosa.  Qué maravillosa la relación entre gente bienhumorada  y constructiva.  Hasta el punto de que considero que “Ver el vaso medio lleno” ya no es una opción, es una obligación moral que,  visto lo visto y atendiendo a la frágil e impresionable psicología de esta masa humana,  se ha convertido en una imprescindible terapia de grupo. 

Es teniendo en cuenta esta tesitura cuando caes en la cuenta de lo perjudicial que resulta el sincero maleducado. Todos los conocemos;  son esos especímenes  –entre otras cosas, un poco simples y primitivos- que carecen del sentido de la oportunidad mostrando una incapacidad patológica de discernir el daño que pueden causas sus acciones y palabras; son esas que en determinadas situaciones,  están más cerca del comportamiento animal que del  procedente del raciocinio y que ladran inmisericordes cuan poderosos justicieros, mientras otros solucionan los problemas que dieron lugar a esos ladridos.  Los hay en todas las escalas sociales, desde la vecina de al lado al compañero de trabajo, desde la ama de casa al parlamentario de turno.  Florecen por doquier; nos rodean atacándonos sin compasión incapaces de comprender el mal que les consume, inconscientes de su dañina manera de ser.  Todo tiene su momento, pero para ellos es siempre hora de quejarse, añadirle peros y descerrajar improperios indiscriminadamente; eso sí, nunca es tiempo de mirar el propio ombligo. Se alimentan del odio que crean, de la incómoda desazón que dejan en sus víctimas; y todo ello hasta el punto que la infelicidad de los demás les satisface, les sacia y les engorda el cuerpo y el alma. 
Son parásitos de la felicidad.

Luis de Castro

viernes, 17 de enero de 2014

Corta reflexión sobre la búsqueda de quimeras



http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/af/Els_segadors.jpg


Es encomiable la lucha de muchos pueblos en pos de justicia, democracia y libertad; cómo se baten por encumbrar ideas que, visto lo visto, son ya más tópicas que reales; ideas que la rotundidad de los hechos, han ido demostrando como –en el mejor de los casos- quimeras y en el peor, falacias. Es sorprendente cómo derriban una barrera tras otra para comprobar que, ante ellos, se ha creado otra nueva que, disfrazada de soñada meta, les distrae –una vez más-, de la verdadera y única meta: la felicidad. ¿Cómo es posible que millones de ciudadanos -la mayoría honrados y laboriosos- se unan a tesis dictatoriales en contra de otros -tan honrados y laborioso como los primeros- enarbolando armas y banderas de manera violenta y radical?, ¿cómo es que la humanidad no aprende de sus errores?; ¿cómo que se dispongan a la sombra de líderes disolutos y embaucadores?
No tengo respuestas, solo preguntas y –si acaso-, alguna que otra especulación, pero algo dentro de mi conciencia dice que no vamos por el buen camino.


                                                           Luis F. de Castro