Dice un refrán “De los cuarenta para arriba, no te mojes la barriga” y no es que tenga razón -que no la tiene-, pero avisa que algo está cambiando y que llegando determinada edad, esa en la que visitar hospitales y cementerios se convierte en cosa cotidiana, empieza a darnos en la nariz que “lo nuestro” no tiene marcha atrás, que no somos diferentes a los demás y el que seas tú el visitado es una sencilla cuestión de tiempo. Llegas, al fin, a caer en la cuenta que eres tan viejo como te ven los demás, y no tan joven como tú crees ser y, o te resignas a ello o terminas intentando recuperar la juventud perdida vía payasada.
Luis F. de Castro
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lunes, 4 de agosto de 2014
miércoles, 12 de febrero de 2014
Nebraska (Otra minicrítica)
Desde el primer segundo y hasta el último, cuenta tras cuenta, se van enhebrando en el cordel.
Son bolitas de colores; ni muy vivos, ni brillantes, más bien discretos y algo simplones que van cayendo una sobre otra dando significado a un paisaje humano desmedido por lo burdo.
Payne nos cuenta una complicada historia con palabras aparentemente ingenuas y elementales, desnudando con parsimonia y tranquila tozudez los defectos de una sociedad envejecida, cruel y acartonada. El resultado es una película espléndida, llena de matices y escandalosos silencios; cargada de espesos mensajes que cuesta asimilar y que dejan un sorprendente regusto.
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