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miércoles, 15 de octubre de 2014

La vulgar egagrópila


El hombre, desde que puede llamarse así, ha creado muchas cosas y la principal de ellas es a sí mismo. Se ha creado a golpe de sudor, sangre e ideales. No sé, ni creo llegar a saber nunca, cuando se separó de su mundano devenir biológico para encaminarse por la senda de la cultura, del raciocinio. La vida en su acepción biológica no es justa ni debe serlo. La evolución, desde que el mundo es mundo,  no discurre por la senda de los justos, sino de los supervivientes y ahí apareció el hombre para enmendar la plana a la naturaleza creando conceptos tan alejados de la evolución natural como la ética, la moral y, sobre todo, la justicia… su justicia. No creo que un mundo creado a base de prueba y error, de la  pervivencia del más apto, acepte a una especie que cambia las reglas del juego en mitad de la partida.

Muy probablemente la naturaleza terminará escupiéndonos como si fuéramos una vulgar egagrópila*.

Luis F. de Castro

*Egagrópila: Dícese de las bolas formadas por restos de alimentos no digeridos que algunas aves carnívoras regurgitan.

domingo, 27 de julio de 2014

Corta reflexión sobre nuestra naturaleza.


http://quenotelacuenten.verboencarnado.net/wp-content/uploads/2014/01/creacionismo-evolucionismo5.jpg


Es de una soberbia imperdonable concluir que somos el más importante y perfecto resultado de la evolución natural de las especies. De hecho, estoy convencido que somos una falla en ella. Muchas especies en su devenir, son capaces de provocar puntos de inflexión en los que resultan perjudicadas, incluso pueden inducir su propia extinción o la de otras especies; pero el hombre ha introducido una mota en el ojo de la historia natural: el raciocinio y como ser consciente de sí, una maldad preconcebida que unida a su secular simpleza de miras –dicho esto en su acepción más peyorativa- nos llevará al caos. Es difícil por improbable, que consigamos revertir la situación en que nuestra artificiosa estupidez  no nos introduzca a los pocos supervivientes otra vez en las cavernas… y esto dentro de una visión, a todas luces, optimista.


Luis F. de Castro.

miércoles, 15 de enero de 2014

Sobre la virtud de pedir y el vicio de dar

Estimados súbditos: Colocotroco es una monarquía fagocrática y, como tal,  lo que yo me guiso, yo me lo como. Ayer os dije que daba por terminada la serie de escritos psudofilosóficos sobre cosas y casos, pues bien... hoy os digo que sigo; y sigo por que la intempestiva voluntad de este vuestro pedazo de monarca, así lo quiere.  ¡He dicho!


   

        La humanidad se forjó a base de soberanos guantazos, de patadas en la entrepierna colectiva  y de sobredosis de doblar el lomo. No hace falta llevar una contabilidad exhaustiva para asegurar que poco se ha progresado cuando -en un “echar cuentas”-, se ha dado menos de lo recibido.

Incentivar la superación personal, los valores de progreso, la preeminencia del esfuerzo y el principio básico del trabajo es obligación de nuestros superiores, considerando como tales a padres, maestros y responsables políticos. Si esa filosofía se sumerge en una atmósfera de valores reconocidos universalmente como imprescindibles; léase justicia y solidaridad, entre otros, tendremos una sociedad sana y evolucionada.

Tiempos raros estos que corren; tiempos donde se confunde tecnología con desarrollo, solidaridad con limosna y progreso con consumo. Una amalgama confusa y descontrolada se cierne sobre nuestras cabezas y que se deja acompañar por un putrefacto viento que huele a dinero y poder.

En un mundo tan complicado, los pescadores de río revuelto hacen su agosto. Caen en sus redes peces cansados, vencidos por el esfuerzo y desengañados de todo… hasta de la vida, y los que no, merodean caóticamente alrededor de los envenenados cebos  de lo políticamente correcto.

Lo llamativo es que los pescadores son, a su vez, potenciales presas de otros, y esos de otros, y así hasta que llegamos a La Nube, ese súper depredador que sombrea todo nuestro horizonte con su volumen universal.

Revertir ese corrupto proceso es cosa de todos y cada uno de nosotros. Disgregar La Nube solo es posible desde dentro, desde sus entrañas, reconstruyendo nuestra libertad personal a base de cultura y librepensamiento, de positivismo y trabajo, desterrando la holganza y concienciándonos de lo indigno de pedir lo que podemos ganarnos y suplicar aquello a lo que tenemos derecho.
                                    



                                               Luis F. de Castro.

domingo, 12 de enero de 2014

Disquisiciones sobre la sociedad feliz.

http://www.abc.es/Media/201201/25/kaaba--644x362.jpg

El cerco a al independencia de la mente está montado. Las empalizadas son fuertes y mantendrán al díscolo en su sitio. La propia naturaleza de una masa mediocre e impresionable hará el resto. No hay escapatoria ya que el sistema no está manejado por mano humana, sino bajo la tutela de una nube a la que hemos dotado de vida propia y ya no nos necesita sino para alimentar su poder. ¿Puede acaso una abeja sublevarse al mandato del enjambre?, ¿puede un planeta decidir a qué estrella rotar?
Es la felicidad un estado del ánimo que no puede aplicarse a una sociedad; únicamente al individuo y que invariablemente se aleja de él a medida que tiene conciencia de sí mismo y de su papel en el mundo. Las religiones no dejan de ser un fallido método de defensa contra la infelicidad social, un compromiso en el que se aceptan premisas falsas e irreales en pos de un beneficio común. El –de momento- insalvable hándicap se encuentra en que llegan a una humanidad inmadura para aceptar un contrato tan complejo. Invariablemente recurre a la violencia extrema para conseguir que “los otros” sean tan felices como “los unos”, con lo que entran en una dinámica inútil por la imposibilidad de soluciones.

De momento y mientras “el nimbo” soluciona ese problema, una opción es recluirse en el capullo a esperar tiempos mejores. 

                                  Luis F. de Castro