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miércoles, 9 de julio de 2014

El sincero maleducado.



Hoy es uno de esos días en los que  caigo en cuenta  de la necesidad del sentido común en las relaciones interpersonales. Hasta qué punto la positividad en el mundo de la percepción es beneficiosa.  Qué maravillosa la relación entre gente bienhumorada  y constructiva.  Hasta el punto de que considero que “Ver el vaso medio lleno” ya no es una opción, es una obligación moral que,  visto lo visto y atendiendo a la frágil e impresionable psicología de esta masa humana,  se ha convertido en una imprescindible terapia de grupo. 

Es teniendo en cuenta esta tesitura cuando caes en la cuenta de lo perjudicial que resulta el sincero maleducado. Todos los conocemos;  son esos especímenes  –entre otras cosas, un poco simples y primitivos- que carecen del sentido de la oportunidad mostrando una incapacidad patológica de discernir el daño que pueden causas sus acciones y palabras; son esas que en determinadas situaciones,  están más cerca del comportamiento animal que del  procedente del raciocinio y que ladran inmisericordes cuan poderosos justicieros, mientras otros solucionan los problemas que dieron lugar a esos ladridos.  Los hay en todas las escalas sociales, desde la vecina de al lado al compañero de trabajo, desde la ama de casa al parlamentario de turno.  Florecen por doquier; nos rodean atacándonos sin compasión incapaces de comprender el mal que les consume, inconscientes de su dañina manera de ser.  Todo tiene su momento, pero para ellos es siempre hora de quejarse, añadirle peros y descerrajar improperios indiscriminadamente; eso sí, nunca es tiempo de mirar el propio ombligo. Se alimentan del odio que crean, de la incómoda desazón que dejan en sus víctimas; y todo ello hasta el punto que la infelicidad de los demás les satisface, les sacia y les engorda el cuerpo y el alma. 
Son parásitos de la felicidad.

Luis de Castro

sábado, 8 de febrero de 2014

No estoy de humor

http://eltrasterodemimente.files.wordpress.com/2011/05/dolor1-scaled500.jpg?w=500&h=500


Queridos y añorados colocotrocos: No estoy de humor.

            Llevo setenta y dos horas con dolor de cabeza, de las cuales, las últimas doce están consiguiendo socavar la poca dignidad de la que dispongo. En esta puta tesitura intento no caer en la autocompasión y, aunque creo que el simple hecho de pasar estas sensaciones al papel forma parte de esa sintomatología, creo que es una nimia dolencia comparada con otras de las que pululan por mi periferia.

Hace tiempo que confirmé mis sospechas sobre la especial naturaleza del dolor humano. En el Homo sapiens, la base fisiológica del dolor es la misma que en nuestros acompañantes en el devenir natural del planeta, pero hay dos componentes que lo diferencia del resto: El conocimiento consciente de su presencia y la constancia de su utilidad/inutilidad y, ambas circunstancias nos traen más problemas de los que nos solucionan.

El dolor físico es, en el ser humano en exclusiva, la antesala del sufrimiento, y esta circunstancia es característica e inseparable del raciocinio.

Moraleja: A los tontos, todo les duele menos.

                                                            
                                       Luis F. de Castro