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viernes, 22 de enero de 2016

La increíble soledad del que no sabe explicarse.



            Si ves que mira a los que polemizan acaloradamente y, si acaso, balbucea, y cuando consigue la palabra trastoca el devenir de lo que un día alguien dijo que debía hacerse con el lenguaje; si compruebas que a medida que acaba con cada frase, como que se enfada consigo mismo y la siguiente empeora la anterior; si se justifica a cada momento, si acude a razones del más allá o acá para que le entendáis, si entra pero no sale del tirabuzón en el que sólo él se introdujo, estáis ante uno de esos que piensa más rápido de lo que consigue explicarse; uno de esos de los que cuando quiere retomar el hilo, este se le complicó tanto que mejor le valdría comprarse el jersey ya hecho.

domingo, 5 de julio de 2015

La medida de la virtud

      Como en casi todas las cosas de este mundo, la medida es el indicativo que separa lo bueno de lo no tanto. Tópicas virtudes que se convierten en defecto cuando sobrepasan determinado punto: La valentía, la paciencia, la generosidad, y otras muchas que, llevadas a determinado grado, se transforman en cargas tan pesadas que mejor vivir sin ellas; cargas que algunas veces para otros y siempre para uno mismo desearías no llevar.
     Es el orgullo una de esas.
     ¿Merece la pena tener razón en algunos casos?
     Cuántas desgracias cayeron sobre el que no supo retirarse a tiempo, cuantas. Cuantas sobre el que, orgulloso, puso su pensamiento por encima de su vida.
     ¡Que estupidez!
     No gana el que tiene razón, sino el que aguanta... y siempre aguanta más el que se retira a tiempo.


                                  Luis de Castro

miércoles, 3 de junio de 2015

Hasta aquí hemos llegado

http://actualidad.rt.com/economia/view/83258-economia-ecologia-efectivas-traer-fin-mundo-mayas



Día tras día, año tras año, nos desayunamos con esas estadísticas que todo lo analizan; esas que escudriñan matemáticamente nuestro devenir y que usan los eruditos para gestionar nuestra vida. Día tras día, año tras año, nos tenemos que entristecer por decreto si esas estadísticas no son las que ellos esperan y alegrarnos si sí. Dice el ideario económico -y hay que creerlo a pies juntillas- que si esas encíclicas económicas nos muestran una economía en crecimiento, la cosa va bien… y digo yo ¿es eso cierto? ¿Hay que creerlo? Os acordáis de aquel dicho, refrán o chascarrillo que planteaba eso de “¡Virgencita! Que me quede como estaba… “ ¡Pues eso!

domingo, 3 de mayo de 2015

Sobre el principio de todas las cosas



 Tal y como nos vemos nacer y morir, tal y como observamos que el árbol brota de la semilla de su progenitor y termina pudriéndose bajo las raíces de su vástago, concebimos el principio y el fin. La vida tiene sus ciclos dentro de los cuales el nacimiento y la muerte no dejan de ser un par de los eslabones de una cadena sinfín y nada tienen que ver con el principio de las cosas, porque la vida es solo una ínfima parte de todo lo que nos rodea, una infinitesimal partícula en la inmensidad del universo.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Un mundo para cada uno... y todos diferentes.

http://www.imagenestotal.com/reflexiones-de-soledad/

Se me hace extraño el mundo en el que vivo.
Día tras día me noto más ausente de él. Es una sensación rara, por momentos desconocida. Mirar a tu alrededor y comprobar que lo que me rodea ni es mío ni está conmigo; es como si estuviera tras un escaparate en el que el cristal se regruesa por momentos haciéndose más opaco y mineral. Aquellos sentimientos colectivos que antaño me embargaban son ahora sensaciones de alienación. Poco de lo que me rodea es de mi agrado, y si lo es, algo en mi interior rebusca motivos para que no lo sea.
Es improbable que el código por el se mueve la humanidad haya cambiado, más me inclino a pensar que ha cambiado el mío y que es tan intensa esa metamorfosis que ser comprensivo, flexible o condescendiente se me hace muy cuesta arriba; y me entristece primero y me indigna, después, pensar que esto no parece tener cura e irá a más.
Alguien dijo una vez que un pesimista es un optimista con experiencia y esa frase podría explicar esta dolencia que me aflige; es como si el cúmulo de experiencias vividas fuera una carga tan pesada que te impidiera levantar la cabeza y proyectarte hacia fuera… ¡una prisión, vamos!
¿Alguien sabría como revertir esta situación?
Ahora comprendo el porqué tantos intentan llevar a cabo los consabidos “empezar de nuevo”, “romper con todo” “mandar todo a la mierda” “rehacer la vida”; es la perentoria necesidad de reiniciar tu sistema operativo reordenando ese disco duro orgánico y doliente que todos llevamos dentro; ese cajón que, de puro lleno, nos impide encontrar nada dentro.
Solo gracias a los asideros que me dio la vida, no me hundo. La familia, los amigos y ese especial mundo interior que me creo todos los días y con el que intento sustituir al desabrido e intratable que se mueve al otro lado del cristal.


Luis F. de Castro

jueves, 25 de septiembre de 2014

Entre Málaga y Malagón, no hay nada



El armamento químico y bacteriológico no tiene buena prensa. Deja daños feos y poco honorables. Que un afectado por gas sarín muera en dos o tres minutos por falta de aire es indigno, pero que lo haga desangrado por una pierna amputada en cinco, no. Asimismo, eso de dejar este mundo en masa, todos juntos y mediante igual método, ¡jó, que pereza! pero hacerlo diseminaditos por las calles o en pequeños grupos, unos  a cuchillo, otros a golpes, muchos descuartizados por una buena metralla, ¡eso es otra cosa!

jueves, 11 de septiembre de 2014

Sobre nuestra manera de gestionar la catástrofe



En su perenne y estúpido egoísmo, en su mezquina prepotencia, se arroga el ser humano ser el creador de la estética y el garante del orden; son estas algunas de las ideas que avocan este minúsculo planeta al caos y la degradación. Nuestra soberbia nos lleva a pensar que todo lo que nos rodea está para servirnos y que –llegado el caso- si no nos sirve bien, “Dios proveerá”, porque hasta en esa torticera pretensión descargamos nuestra responsabilidad en “otro”. Avanzamos descoordinados, a empellones, desarrollando la copa sin preocuparnos de la raíz de este árbol que nos sostiene obviando todos los avisos de descuaje que se nos presentan. Descorazona pensar que la inmensa mayor parte de nosotros navegamos en esa dirección y que la creencia en estos paradigmas, solo hace que colaborar en el derrumbe de nuestra insostenible civilización.

sábado, 9 de agosto de 2014

Sobre la medida de las cosas



Seguramente habréis oído aquello de  “… y qué es eso comparado con el cariño de una madre” Suele ser una de esas aseveraciones que se hacen para menospreciar -de alguna forma-, frases relativas a  cosas cuya cantidad es notable; y ahora, yo me pregunto: ¿tenemos realmente conciencia de la proporción de las cosas?  Porque el tamaño de lo que nos rodea es un concepto tan abstracto como “la fe” sino es comparado con algo; solo en ese momento consigue nuestra mente darle un valor “razonable”.
Me viene a la cabeza aquella situación por la que una persona –muy enfadada ella- calificaba de irracional, inadmisible y demencial que otra votara a determinado partido político –legal, por demás señas- para, acto seguido, usar exactamente los mismos calificativos para definir al asesino de una niña…  O cuando escuchas a los espectadores de un partido de futbol  dirigirse al árbitro en términos que no usaríamos para James Manson o Adolf Hitler.
Si usáramos el raciocinio para mesurar esos –llamémosles- desfases, nos daríamos cuenta que hay que bajar el listón; hay que reducir el nivel para dejar espacio para que podamos digerir la verdadera medida de las cosas.
La mente humana es la hostia; compleja como pocas cosas en la naturaleza; comprenderla es –en muchos casos- misión imposible y sólo desde esta óptica podremos convivir con nuestros vecinos. Intentar buscar el motivo a cada una de nuestras acciones,  pretender justificar todos nuestros actos es –cuando menos- un derroche de recursos y no se me va de la cabeza la idea de que mejor nos iría si esos recursos los dedicáramos a otras cosas.

Luis F. de Castro

lunes, 4 de agosto de 2014

Vete haciendo a la idea

     Dice un refrán “De los cuarenta para arriba,  no te mojes la barriga” y no es que tenga razón -que no la tiene-, pero avisa que algo está cambiando y  que llegando  determinada edad, esa en la que visitar hospitales y cementerios se convierte en cosa cotidiana, empieza a darnos en la nariz que “lo nuestro” no tiene marcha atrás, que no somos diferentes a los demás y el que seas tú el visitado es una sencilla cuestión de tiempo.  Llegas, al fin, a caer en la cuenta  que eres tan viejo como te ven los demás, y no tan joven como tú crees ser  y, o te resignas a ello o terminas  intentando recuperar la juventud perdida vía payasada. 

Luis F. de Castro

lunes, 28 de julio de 2014

Sobre como llevar a cabo nuestras decisiones


http://akifrases.com/frase/115674

¿Donde está la teoría y -en consecuencia-, donde buscar para ponerla en práctica?
¿Por qué es tan difícil hacer lo que se quiere?
Desde niño –si alguna vez lo fui- me pregunto como llevar a buen fin aquello que decido, como realizar lo que analizado y concluido, tomamos por necesario. La pregunta puede parecer estúpida  y quizás lo sea, pero en mis adentros se baten en duelo contradicciones e inconvenientes que llevan tan liviana cuestión a los altares de la filosofía.
No me refiero a los avatares del destino, no a aquellas circunstancias externas que obstaculizan tu voluntad, sino a los estorbos y trabas que pone esa parte de ti mismo, -por demás rebelde y maleducada-  que te impide llevar a cabo tus propias decisiones.
En cierta forma deberíamos agradecer su existencia, ya que, si no fuera por ella, nuestro discurrir por este mundo no diferiría en mucho de la de un procesador de datos y se perdería la chispa que provoca en nuestras vidas la incertidumbre que produce el incontrolable actuar humano.


Luis F. de Castro.

domingo, 27 de julio de 2014

Corta reflexión sobre nuestra naturaleza.


http://quenotelacuenten.verboencarnado.net/wp-content/uploads/2014/01/creacionismo-evolucionismo5.jpg


Es de una soberbia imperdonable concluir que somos el más importante y perfecto resultado de la evolución natural de las especies. De hecho, estoy convencido que somos una falla en ella. Muchas especies en su devenir, son capaces de provocar puntos de inflexión en los que resultan perjudicadas, incluso pueden inducir su propia extinción o la de otras especies; pero el hombre ha introducido una mota en el ojo de la historia natural: el raciocinio y como ser consciente de sí, una maldad preconcebida que unida a su secular simpleza de miras –dicho esto en su acepción más peyorativa- nos llevará al caos. Es difícil por improbable, que consigamos revertir la situación en que nuestra artificiosa estupidez  no nos introduzca a los pocos supervivientes otra vez en las cavernas… y esto dentro de una visión, a todas luces, optimista.


Luis F. de Castro.

jueves, 17 de julio de 2014

El tumor


Queridos colocotrocos; No sé si pensaréis como yo, pero que  la sociedad en la que vivimos siente aversión a las ideas nuevas, es para mí un hecho. Todo lo que vaya en la dirección de revolver tópicos y sacar a la masa de su zona de confort, da grima. No estoy hablando de un nuevo smartphone o de una ventajosa cuenta vivienda, sino de ideas que afecten al ideario político/religioso/económico que nos organiza. Tocar eso es como "mentar a la bicha"



Intentaba transmitir seguridad, pero en su interior, todo eran incertidumbres. Sabía de sobras que hay cosas que no están en los libros, cosas nimias en apariencia y vitales en verdad y que, de no ser tenidas en cuenta, llevarán el resultado al ignoto territorio del azar.
El tumor se había extendido imparable y pedía a gritos la intervención liberadora. La carne se pudría vertiginosamente y la vida de su dueño pendía de su decisión.
Por fin, resuelto, enarboló el bisturí y entre las sombras de la anestesia atacó la raíz del mal. Cercenó sin mesura,  cortó, escindió todo lo que parecía anormal y insano y al cabo concluyó que con ello, el problema estaría resuelto.
Al poco, comprobó cuan equivocado estaba. La fiebre no remitía, el dolor continuaba presente y su establecido conocimiento sufrió un rapapolvo más, uno más de tantos.
Pero el paciente, contra todo pronostico, no terminaba por morir. Tal parecía soportar los rigores del tumor que ya era más él que él mismo.
Y nuestro cirujano, transido de contradicciones, notó cruzar su pensamiento por una idea perturbadora: ¿No será una evolución y no una enfermedad? ¿No será esa masa, aparentemente informe y agresiva, un nuevo renacer vivificado?
… y dejó pasar el tiempo observando lo suficiente como para comprobar lo cierto de sus suposición. Nuevos cuerpo y alma surgieron de las profundidades del dolor, mas serena y sabia y nuestro hombre concluyó que éramos los culpables de frenar una evolución imparable y necesaria.
Más nada pudo hacer para transmitir su descubrimiento que, por revolucionario y absurdo se denigró hasta hacerlo desaparecer.
Y el mundo siguió extirpando tumores  con la más tranquila de las conciencias




Luis de Castro

miércoles, 9 de julio de 2014

El sincero maleducado.



Hoy es uno de esos días en los que  caigo en cuenta  de la necesidad del sentido común en las relaciones interpersonales. Hasta qué punto la positividad en el mundo de la percepción es beneficiosa.  Qué maravillosa la relación entre gente bienhumorada  y constructiva.  Hasta el punto de que considero que “Ver el vaso medio lleno” ya no es una opción, es una obligación moral que,  visto lo visto y atendiendo a la frágil e impresionable psicología de esta masa humana,  se ha convertido en una imprescindible terapia de grupo. 

Es teniendo en cuenta esta tesitura cuando caes en la cuenta de lo perjudicial que resulta el sincero maleducado. Todos los conocemos;  son esos especímenes  –entre otras cosas, un poco simples y primitivos- que carecen del sentido de la oportunidad mostrando una incapacidad patológica de discernir el daño que pueden causas sus acciones y palabras; son esas que en determinadas situaciones,  están más cerca del comportamiento animal que del  procedente del raciocinio y que ladran inmisericordes cuan poderosos justicieros, mientras otros solucionan los problemas que dieron lugar a esos ladridos.  Los hay en todas las escalas sociales, desde la vecina de al lado al compañero de trabajo, desde la ama de casa al parlamentario de turno.  Florecen por doquier; nos rodean atacándonos sin compasión incapaces de comprender el mal que les consume, inconscientes de su dañina manera de ser.  Todo tiene su momento, pero para ellos es siempre hora de quejarse, añadirle peros y descerrajar improperios indiscriminadamente; eso sí, nunca es tiempo de mirar el propio ombligo. Se alimentan del odio que crean, de la incómoda desazón que dejan en sus víctimas; y todo ello hasta el punto que la infelicidad de los demás les satisface, les sacia y les engorda el cuerpo y el alma. 
Son parásitos de la felicidad.

Luis de Castro

Sobre el tiempo


http://wasanga.com/paolagalindo/pierdas-el-tiempo-mejor-utilizalo/



Qué es el tiempo sino el lapso que separa nacer de morir. Nada de definiciones científicas ni elucubraciones numéricas, solo eso; porque el tiempo solo existe mientras sientes su paso y, una vez vivido, desaparece para ser historia, solo eso, historia.
¿Por qué me siento tan mal cuando nada hago? ¿por qué el concepto de tiempo perdido se agranda tanto como para hacerme sentir culpable de un delito execrable?. ¿Será la sospecha de que nada quedará de nosotros cuando hayamos muerto?
Que somos algo más que un cuerpo físico es evidente, pero de ahí a que eso que somos de más sobreviva a nuestra materia, es una elucubración atrevida. Todo desaparece al ocaso y solo la memoria de otros nos mantendrá “un poco vivos”, para desaparecer tras el dueño de esos recuerdos.


Luis de Castro.

viernes, 4 de julio de 2014

El futuro, ese cabroncete.




No somos casi nada.
Algunos –incautos e inocentes ellos- piensan que son autores de sus vidas… ¡Ja! –les digo- Eso será con el permiso del azar, la suerte o el médico de cabecera. Cierto es que si te comportas como un patán, terminas como un patán, pero también lo es que si lo haces como un señor/a, existen seria posibilidades de terminar como otro patán. La más ligera brizna de viento puede cambiar el devenir de cualquiera de nosotros sin que nuestra actitud tenga mucho qué decir.

Así es que pensemos en el futuro lo justo; ni más ni menos que lo justo, que llega pronto, nos pilla desprevenidos y hace de nosotros lo que le viene en gana.

domingo, 22 de junio de 2014

Sobre el cristal que nos ponemos delante para ver las cosas

     

     Es humana condición dar por cierto lo que nos gustaría que lo fuera; tan es así, que nublando nuestro entendimiento y excusando inconscientemente la falta de rigor, dan pábulo a mentiras, imprecisiones y tendenciosidades.
     Porqué, me pregunto.
     En cierta forma y en parte, se podría decir que por vagancia: “Si me satisface ¿para que voy a cerciorarme si puede que la verdad no me guste?” Es como si racionáramos la ética preservándola para tiempos mejores. Otra hipótesis sugeriría que nuestros principios se moldearan acorde nuestras necesidades y una suerte de evolución consiguiera acomodar nuestro raciocinio a la supervivencia; circunstancia esta última que sería razonable si no fuera porque somos –en teoría- seres racionales y no nobles bestias del campo.

     De cualquier manera, considero que esta falla en nuestro humano devenir está íntimamente relacionada con la educación, que nuestro espíritu crítico aumenta con ella a pesar de que en algunos individuos –por más leídos que se consideren- es una entelequia


Luis de Castro.

domingo, 16 de febrero de 2014

La fe


http://www.unocero.com/wp-content/uploads/2013/11/10-mitos-de-la-tecnologia-que-no-podras-creer.jpg

Qué es la fe sino una promesa, la mayor de las veces, vana; una motivación gratuita que nos arrastra por caminos oscuros hacia algo cuya probabilidad es incierta. Somos seres que necesitan creer, seres que se sustenta en inmensas columnas de espiritualidad cuya única finalidad es mostrarnos objetivos utópicos, objetivos aparentemente necesarios para seguir viviendo. El instinto de supervivencia de por sí, se desvanece a cada empellón del raciocinio, sucumbe ante el empuje del argumento y la demostración y poco a poco desaparece; pero nuestra naturaleza inconsciente porta armas para mantenernos vivos en este mundo sin motivo, y la fe es una de ellas. Creer sin más, se nos da bien; sorprendernos ante ínfulas  imposibles e injustificables nos apasiona y motiva más allá que un teorema indestructible. Alguien dijo que la fe mueve montañas y no le falta razón… yo diría que la tiene toda y, a pesar de las desgracias que acarreó desde el principio de los tiempos, es, en parte, el motor de una especie que, de faltarle, no sería otra cosa que un mamífero más.
Mal que me pese, soy un descreído. La motivación extra que supone “tener fe” no recaló en mí y por lo tanto, o temo, o desespero, o me resigno y por ende, me desplazo por esta vida con notables dosis de pesimismo a cuestas. La fe está intrínsecamente unida al optimismo, un optimismo que niega la mayor: la muerte; no la física cuya existencia es tan irrefutable como nuestra estupidez, sino la espiritual. De una forma u otra, seguiremos existiendo más allá de este cuerpo; el contenido sólo hace que cambiar de continente y la fuente de nuestras desgracias desaparece. ¡Burda y útil patraña!
Qué más quisiera que ser adicto a esa droga, tener excusas para el comportamiento irracional y motivos para no temer el fin, pero, al igual que muchos, la bioquímica de mi cerebro no ha conseguido darme esa ventaja y –aunque no valga de nada-, me solazo pensando que tengo razón.


       Luis F. de Castro.

sábado, 8 de febrero de 2014

No estoy de humor

http://eltrasterodemimente.files.wordpress.com/2011/05/dolor1-scaled500.jpg?w=500&h=500


Queridos y añorados colocotrocos: No estoy de humor.

            Llevo setenta y dos horas con dolor de cabeza, de las cuales, las últimas doce están consiguiendo socavar la poca dignidad de la que dispongo. En esta puta tesitura intento no caer en la autocompasión y, aunque creo que el simple hecho de pasar estas sensaciones al papel forma parte de esa sintomatología, creo que es una nimia dolencia comparada con otras de las que pululan por mi periferia.

Hace tiempo que confirmé mis sospechas sobre la especial naturaleza del dolor humano. En el Homo sapiens, la base fisiológica del dolor es la misma que en nuestros acompañantes en el devenir natural del planeta, pero hay dos componentes que lo diferencia del resto: El conocimiento consciente de su presencia y la constancia de su utilidad/inutilidad y, ambas circunstancias nos traen más problemas de los que nos solucionan.

El dolor físico es, en el ser humano en exclusiva, la antesala del sufrimiento, y esta circunstancia es característica e inseparable del raciocinio.

Moraleja: A los tontos, todo les duele menos.

                                                            
                                       Luis F. de Castro

viernes, 17 de enero de 2014

Corta reflexión sobre la búsqueda de quimeras



http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/af/Els_segadors.jpg


Es encomiable la lucha de muchos pueblos en pos de justicia, democracia y libertad; cómo se baten por encumbrar ideas que, visto lo visto, son ya más tópicas que reales; ideas que la rotundidad de los hechos, han ido demostrando como –en el mejor de los casos- quimeras y en el peor, falacias. Es sorprendente cómo derriban una barrera tras otra para comprobar que, ante ellos, se ha creado otra nueva que, disfrazada de soñada meta, les distrae –una vez más-, de la verdadera y única meta: la felicidad. ¿Cómo es posible que millones de ciudadanos -la mayoría honrados y laboriosos- se unan a tesis dictatoriales en contra de otros -tan honrados y laborioso como los primeros- enarbolando armas y banderas de manera violenta y radical?, ¿cómo es que la humanidad no aprende de sus errores?; ¿cómo que se dispongan a la sombra de líderes disolutos y embaucadores?
No tengo respuestas, solo preguntas y –si acaso-, alguna que otra especulación, pero algo dentro de mi conciencia dice que no vamos por el buen camino.


                                                           Luis F. de Castro

jueves, 16 de enero de 2014

Sobre el pesimismo cabrón.




Hoy puede ser un gran día que –como viene siento habitual- terminará estropeándose. 

Esa es la premisa/sentencia que me acompaña cual mal fario, desde que nací. Ya puedes tener en cuenta  todas las citas, frases y bienintencionados testimonios, que -quieras o no-, vuelve recurrente la oscura sombra del pesimismo. Ese espeso hálito que rodea cada una de las acciones de las que rellenan el día y que por mucho que corras, saltes o vueles, se mantiene pegado a ti como tu sombra, como tu vida misma. Cada vez que se atisba unas sonrisa, un gesto de alegría, un ademán de entusiasmo, aparece merodeando a tu alrededor para echarlo al traste y, disfrazado de análisis racional, joder lo que de bueno traía consigo; que te tronca el ánimo y entristece el gesto como si de un soplo fétido se tratase.

Durante toda la vida he escarbado en mi interior buscando las raíces de ese malhadado parásito y, a pesar de lo profundo de la búsqueda, solo conseguí encontrarme a mí mismo y a cada intento de descuaje, peor que peor; a cada batalla presentada, más pérdidas y a cada rendición, más pago en resarcimiento.

Quién tendrá la espátula que, llevándose esa pátina mugrienta, despeje el porvenir, quien… O, pensándolo mejor, que no venga en mi ayuda, no vaya a ser que se lleve la última sonrisa que guardaba para ti.




                                               Luis F. de Castro.