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sábado, 25 de abril de 2015

Solos

        http://4.bp.blogspot.comg

 Como todos los días, Nacho es el primero en llegar. Pide la primera de las tres cervezas con limón que caerán esta tarde y –al igual que siempre- sienta su corpachón a la vera de la mesa desde donde mejor se ve la tele. Sus cincuenta años y la invalidez permanente por esquizofrenia dejan mucho tiempo y gran parte de él, lo derrocha esperando. Es un tipo poco hablador; prefiere observar y sonreír mientras escucha las diatribas que se cruzan entre José y Daniel. Sus dos amigos no le requieren al diálogo: le conocen bien y a lo sumo, le preguntarán algo que con un monosílabo como respuesta, va que se las pela. Ellos saben que es difícil rebuscar en sus pensamientos; los tiene bien escondidos en el último estofado de lentejas que hizo su mujer antes de abandonarle. Tal vez un mínimo gesto, un ademán, una pasajera mueca podría indicarnos el camino hacia su interior… pero no: dos escuetas palabras sirven para informarte que has errado, que su mente va por derroteros esquivos dejándote la impronta de que algo sabe -y lo calla-.

sábado, 23 de agosto de 2014

Carta con poco -o ningún- interés II (Mi hermana)

            
http://www.risasinmas.com/posiblemente-el-cenicero-de-coche-mas-sucio-del-mundo/


     El mundo es cruel y amable al mismo tiempo, querido amigo; está lleno de contradicciones e incongruencias; y si no, explícame porqué nada es igual para nadie, los puntos de vista dispares no rodean y sin embargo, por mucho que creamos tener una idea original, nos equivocamos; esa idea ya la tuvieron muchos antes que tú, o lo que es lo mismo, no eres nada del otro mundo. Triste ¿no?
            Después de dejar a mi gata mascullando métodos y estrategias para asesinarme y a la vecina maldiciendo la hora en que salió a regar las macetas, salí a la calle con la intención de ir al trabajo para producir y pagar pensiones, corruptelas y pitanzas. En ella me espera el Reanult Clio de mi hermana. La muy bruja me lo ha cambiado por el mío con la peregrina excusa de que “¿Cómo quieres que vaya de boda con esta mierda? Andaaa… préstame el tuyo; prometo echarle gasolina y no arañarlo…” Tiene unos doscientos años de antigüedad –el Clío, no mi hermana- ; tanto es así que me asalta la sospecha de que en su capó no son caballos los que tiran, sino bueyes, y si tenemos en cuenta el olor, no creo equivocarme.

viernes, 22 de agosto de 2014

Juanón y las setas (continuación 4)

http://www.recetasdecocinadesergio.com/category/recetas-de-la-huerta/recetas-de-setas-boletus-niscalos/page/2

Gustaba Juanón de recoger setas. Para su insigne humanidad era como abstraerse de este cochino mundo, como escaparse hacia las alturas sin perder de vista el suelo, abominar de interferencias. Solía salir sin premeditación. Se le ocurría y ya está. De buena mañana, sin aviso ni proclama, se ponía los calcetines gordos y al campo. Finales de noviembre es buena época. Todo húmedo, madera muerta, todo al fresco... Lo justo. A estas alturas, las setas están en plena reyerta creativa. A Juanón, esto de escudriñar el suelo buscándolas era como mordisquear un pan de piñones. Encontrar una grande, oronda, con el sombrerete entero y protector le proporcionaba la misma sensación que tropezarse con un piñón dulce y agradable dentro del bollo. Ya reconocía alguna; aunque nunca con la suficiente seguridad como para comérsela sin más. Tenía un conocido, que no amigo, el Pacorro, que se las sabía de carrerilla y de un vistazo -A lo sumo un breve olisqueo- las catalogaba rápido. La verdad es que Juanón se maravillaba: Nunca le había visto salir a por ellas. -¿Como coño sabría tanto?- pensaba. Algunas veces, cuando el Pacorro no estaba en el bar o no podía someterlas a su “visto bueno”, se armaba de valor y se las comía; no sin antes encomendarse al demonio y con cierto hormigueo en la boca del estómago. Era de suponer que su ojo clínico no debía de ser del todo malo, ya que, a pesar de algún grano intempestivo, continuaba vivito y coleando.

jueves, 21 de agosto de 2014

Don Hemingwey (A golpe de golpes)



     La historia de este delincuente egocéntrico, pedante, violento, drogadicto y medio loco en un mundo hecho a su medida, no pasa ante tus narices sin pena ni gloria. A unos les gustará, a otros no, pero no pasará inadvertida. Es excesiva, pero menos que otras, con una trama básicamente sencilla pero impredecible y con ligeros aromas a Sin City, La naranja mecánica y Pulp Fiction.
     Jude Law lo hace de vicio en un papel en el que sobreactuar sería lo menos a extrañar, y salvo el tipo que hace de ruso y la puta mística, todos están a su altura.
     Un "pero" notable se puede poner: Muchas de los costurones de la historia quedan sin cerrar y ante ello solo queda pensar en que tuvieron prisa en acabarla o que -cosa poco probable- intentan hacer una segunda parte.
     Es una película que hay que ver y si no te gusta, la olvidas y ya está -si puedes-

martes, 19 de agosto de 2014

Belle (Vale, si tú lo dices)



Mira que me da que esta película es más de ciencias que de letras.
No me dice nada más de lo que diría un publi-reportaje sobre la bondad de los productos lácteos.
Buenos actores de la más pura escuela inglesa para dramatizar una de esas noticia en la que no hay malos, sino equivocados.
Previsible hasta para los que no conocen nada de la historia y ñoña, muy ñoña.
Donde estarán los tiempos de Yo, Claudio, donde.
Por cierto, una manera de ver la historia muy a lo "británico" en la que se aparece como justo robar esclavos a un barco español para quedarse el negocio y como este -el negocio- peligra, ahogarlos para cobrar el seguro... Ole, ole y ole.
Viva la leyenda negra de la España colonial.
Que conste que no diría nada de esto en la crítica si no adelantaran que la historia está basada en hechos reales.

Luis de Castro.

Carta con poco (o ningún) interés


http://nomegustamessi.blogspot.com.es/2011/05/gato-de-caza.html

Hoy, querido amigo, he dormido fatal. Las tres cervezas de ayer noche me sentaron como si me hubiera bebido un bote de don Limpio y a eso de las cuatro estaba recorriendo el pasillo de casa arriba y abajo intentando digerir el chute de ibuprofeno que me metí “palosadentros” Lo cierto es que a tenor de la reacción de la gata, debía tener un aspecto deplorable: En calzoncillos, arrastrando los pies y con cara de cadáver, al darnos de bruces, se arqueó cual  bóveda mozárabe y el rabo se le puso como el cepillo del limpiar el polvo. En ese momento se cruzaron por mi cabeza ideas contrapuestas: ¿moriría intoxicado por la droga o desangrado a cuenta de un zarpazo en la yugular…?  Lo cierto es que ambos optamos por la retirada; ella hacia sus cuarteles de invierno –versus edredón del tálamo conyugal- y yo hacia el retrete buscando un cónclave entronado.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Juanón y las setas (Continuación 3)



     Nadie podría adivinar si fue la incomodidad de soportar su peso, el cansancio vencido o el “sentirse mojado” lo que hizo que Juanón dejara entrar luz a sus miopes ojillos. Alargando la mano sobre la mesilla, intentó hacerse con las gafas que descansaban en ella... y lo consiguió, no sin antes pasar su rechoncha mano por la grasa que quedaba en el plato de la cena, plato que antes contuvo el filete empanado que ahora Pollo degustaba bajo el somier. Ya incorporado sobre la cama y con los pies en el suelo, intentó recuperar la consciencia meditando sobre la nada. Su mente intentaba encontrar donde sujetarse en el mundo que sucede al sueño y al fin pudo lograrlo cuando comprobó como Pollo lamía su mano pringada intentado extraer la sustancia que el filete no había podido darle. Como el que no tiene prisa, apartó la mano de la boca del perro y oliéndosela continuó lamiendo él los restos de grasa que hacían brillar su dedos.
       -¡Pollo, cabrón! Como siempre, todo para ti. ¿No?
A medida que su cuerpo reaccionaba al nuevo día, recaló en la húmeda mancha que adornaba su pijama hacia la entrepierna.

viernes, 1 de agosto de 2014

"Juanón y las setas" Continuación 2

    

http://www.taringa.net/posts/imagenes/6893644/Los-10-perros-mas-feos-del-mundo.html

(continuación)
    Era Pollo, el perro de Juanón. Al menos con uno de sus ojos miraba a su dormido dueño con fijeza y no hubiera sido necesario ser un entendido en psicología perruna para saber que en algún recóndito lugar de su cerebro, tramaba venganza. Con una mezcla de decisión e indiferencia se giró, levantó una de sus patitas traseras y vació su cargada vejiga sobre su humano compañero. Cuando hubo terminado y con la misma tranquilidad que meara, se subió a la mesilla, hízose con los restos del filete y con una agilidad impropia de semejante animal, saltó al suelo desapareciendo bajo la cama; todo ello mientras el orín resultante del desahogo, humeaba ostensiblemente desde la manta.

miércoles, 23 de julio de 2014

Juanón y las setas (fragmentillo)

     
http://www.dormirbien.info/destacadas/duermes-bien-descubre-si-tus-habitos-de-sueno-son-saludables/


     A veces, la soberbia disloca nuestra percepción de las cosas, la trastoca dándonos a entender que vemos lo que no vemos y oímos lo que nunca se dijo; hace que denigremos sin razón y vilipendiemos al honorable. Ese, seguramente, podría ser el caso que se diera si, al entrar en esa casa -la del portón-, opináramos directamente sobre su habitante o poseedor. Pues se equivocan: darían plenamente en el clavo. Al primer paso encontrarían una estancia grande, con paredes pintadas de algún color indefinido y llena por doquier de desconches y piteras. Una chimenea con el hogar negro de humo y frío de desuso. Pocos muebles; viejos y desvencijados; cuatro enseres mal contados y distribuidos al azar. Restos de comida en una mesa que, en su día, debió ser de madera, y hoy... quien sabe. Una penumbra vieja, como de cueva, penumbra que, sospecho, no desaparecería tras conectar la mugrienta bombilla que pendía del techo de agrietada escayola. Un aroma a humedad rancia atacaba nuestro olfato que, sin posibilidad de defensa, se rendía a la fatal evidencia con prontitud. Al fondo, una puerta de esa madera que -por hueca y barata- no pesa, daba paso a algo que debía servir de dormitorio; grande también, podríamos decir que muy grande si tenemos en cuenta que se encontraba exclusivamente amueblado con una enorme y antigua cama de alto cabecero latonado, una mesilla, un armario ropero al que habían abandonado las puertas y un palanganero con espejo.

jueves, 17 de julio de 2014

Las cosas de Teobaldo (Un pedazzzzito más)

     

                                                                  http://www.demiedo.es/asesinato-sangriento/
     

     -Muñeca... yo nunca repito la misma puta... sólo trae problemas, pero en tu caso... en tu caso puedo hacer una excepción. -El hombre, en un principio expectante ante la sumisa actitud de Cornelia, deja caer el maletín, y con recuperado aplomo, acorta de nuevo el espacio que les separa, pasa uno de los brazos por su cintura, la atrae fuertemente hacia él y asiendo por detrás la recogida melena de la mujer, la obliga a mantener su mirada... el bolso de la mujer cae al suelo. Los castaños ojos de Cornelia lucen llorosos; el humo les ha dado un brillo especial, soberbio, ansioso y eso excita tanto al hombre que descerraja un violento beso en su boca. Cornelia siente en sus vísceras una reconocible mezcla de odio y excitación. La saliva, su aliento... tiene un fuerte aroma a tabaco que se mezcla con Fahrenheit para hombre y esto, junto al roce de una barba incipiente y el bulto que se presiona contra su vientre, la sublima, hace hervir su sangre. Las ágiles manos del hombre recorren todo su cuerpo y al llegar a las nalgas, aprietan con furia su carne y Cornelia se estremece de dolor; una punzada intensa recorre su cuerpo que recuerda en el acto lo que ha venido a hacer. La tensión de ambos cuerpos parece descontrolada y, de pronto, el hombre se afloja y sin que nada pueda impedirlo cae al suelo como un pesado saco. Su cabeza golpea en la parte de la pared más pegada al suelo, lo hace con violencia y allí se queda quieto... muy quieto. Desde abajo, con desencajada expresión, mira a la mujer. Cornelia, firme ante él, sostiene un afilado y sangrante escalpelo en su mano derecha. Un incipiente reguero de sangre se extiende incontenible tras su cabeza buscando el centro de la mísera callejuela. El hombre, tendido inerme ante su matarife, busca con ojos de pánico una explicación... una explicación que Cornelia conoce bien: le ha seccionado la médula espinal justo por debajo del cuello y mientras su sangre no se escape del todo, sera consciente de una muerte inapelable. La mujer se pone en cuclillas ante él, lentamente le baja la bragueta del pantalón y con la mano izquierda le saca la polla...
-Es hermosa, ¿verdad? Lástima que sus días de diversión hayan acabado. -Cornelia, la sostiene en su mano y la masajea con lentitud, hace ademán de una lenta masturbación subiendo y bajando la piel del prepucio, acaricia el glande y pasa el dedo pulgar por el meato. La potente erección que tuviera hace unos minutos es historia y como único recuerdo queda un pene grande blando y dócil -Es extraño -se pregunta Cornelia mirando a un lado y a otro la desierta callejuela-, hace unos segundos era el órgano más vivo del universo, y ahora... -Con extremada lentitud, dirige el escalpelo hacia el miembro del hombre cuyos ojos muestran más espanto que el despertado por una simple y dolorosa muerte. Con fría pericia corta piel y músculo hasta que, con un último y sangrante movimiento, lo separa definitivamente de su dueño. Observa como se vacía de sangre en la palma de su mano y con una frialdad pasmosa, sin gestos en la cara ni sentimientos en el corazón, se lo introduce en la boca entero, empujando con fuerza, con profesional saña, hasta que nota en sus dedos que nada más cabe allí. El miedo y su persona son todo uno en el hombre que, debido a la ausencia de aire, empieza por enrojecer para, a los pocos segundos amoratarse y morir... Cornelia, absorta, mira la expresión de sus ojos y, aunque parezca mentira no siente saciada su venganza... no siente nada... su ansiada satisfacción no aparece por ningún sitio, hasta que algo la sujeta por el brazo. Alza la vista para encontrarse con la mirada del malencarado que, adusto y comprometido, tira de ella intentando sacarla de allí. La mujer se limpia las manos y el escalpelo con el faldón de la camisa del muerto, coge su bolso, el maletín y, con premura se alejan buscando el ruidoso zoco.

       Luis de Castro

miércoles, 16 de julio de 2014

Pepito el dubitativo

                                                                      Dibujo de Gianni Peg


Ya desde niño, a Pepito le podía la responsabilidad; cualquier decisión, por nimia que fuera, le pesaba cual losa de granito y víctima de este sentimiento, las decisiones que de él dependían se acumulaban a su alrededor como moscas sobre la mierda y aquellas que no admitían dilación se resolvían por suertes de azar.
Lo que empezó como pecado venial, devino en mortal de necesidad, hasta el punto que Pepito, que a pesar de su patológica e irracional indecisión, de tonto no tenía un pelo, aprendió como desviar su responsabilidad hacia otros, transformando así el pecado en virtud y el problema en ventaja. 
No tardó en llegar el punto en que sus únicas decisiones –y ya era algo- se resumían en concretar quien las tomaría por él y, por ende, se arrogaría con las negativas consecuencias de ser equivocada y como, si de acierto se tratara, volver las miradas hacia su persona para hacerse con loas y prebendas..
Pero ete aquí que con su indecisa y preclara inteligencia, diose cuenta de que poco a poco, con el tiempo, su universo se había ido poblando de individuos con la misma pazguata  pretensión y que ante esa abundancia de personalidades insignificantes resultaba muy difícil –cada día más- sacar la suya por entre ellos, porque, como si de una irrefrenable y virulenta infección se tratase, el mundo se había convertido en un inmenso pantanal de situaciones por decidir.
Tiempo llegó en que la gente moría antes de tomar una medida y claro, adelantado en esas lides como estaba, Pepito, por fin, tomo la iniciativa y decidió ocupar ese puesto vacante: Se convirtió como por arte de magia en el tipo que todo lo decidía.

A partir de ese momento nadie pudo objetarle nada, porque hasta para hacerle ver sus equivocaciones era necesaria una iniciativa que salvo en él, se había extinguido y que, para colmo, siquiera consideraban necesaria, por lo que Pepito, el dubitativo, dejó de serlo en beneficio irrefutable de todos sus conciudadanos.

Luis de Castro

domingo, 6 de julio de 2014

Las cosas de Teobaldo (fragmento)

     
Dibujo: Felipe de Castro


      Cornelia, al decir de la gente que cree conocerla, es una mujer de armas tomar. Nunca pasa desapercibida; sea por como es, sea por lo que hace o por lo que dice, nadie podría mantenerse a su lado sin caer en la cuenta que está ante alguien poco corriente. Su vida ha sido un interminable rosario de situaciones imprevisibles, incertidumbres, propósitos y despropósitos que, si bien podría aplicarse a cualquier ser humano, no en esas cantidades, no tan excesivo, no tan desorbitado. El resultado es una mujer de cincuenta años, inteligente, locuaz, resuelta hasta la temeridad y tan temible para sus enemigos como para sus amigos; de hecho, no tiene ni unos ni otros, tiene víctimas; así, la naturaleza -sabia en extremo- y al igual que hace con aquellos animales extremadamente venenosos a los que viste de vivos colores, la ha dotado de una fisonomía extraña, especial. No es alta ni baja, de un metro sesenta y cinco más o menos; muy delgada, con una melena negra de pelo rizado que al caer sobre sus hombros lo hace de manera indómita; rasgados, profundos y castaños ojos que contrastan con su piel blanca, muy blanca, y una forma de hablar, sonreír y mirar que intenta prevenir a todo aquel que tenga que ver con ella, del peligro ante el que se enfrenta.

Luis de Castro

lunes, 11 de noviembre de 2013

La huída 3



Analizando, concluí que la situación de trágica transformose en cómica. Mi caída del árbol había sido al tiempo arma y accidente. Todavía escuchaba en lontananza los quejicosos sonidos del monstruo a alejarse, cuando recalé en que el amanecer  tomaba posesión del lugar y mi necesidad de volver a casa se me planteó como acuciante. La espalda me dolía, pero pensar que la del huido estaría destrozada,  aliviaba mi conciencia sobremanera, así es que, con los renovados bríos del vencedor, me dispuse a ello.
Intentaba no pringarme demasiado con el barro que se ocultaba bajo la hierba y mientras ocupaba toda mi atención en ello, observé como, a lo lejos, el bicho se había recuperado y aparecía tras una loma corriendo desmelenado. Evidentemente rehecho, volvía a la carga contra mi persona. De golpe se hundieron moral de victoria y posibilidades de futuro… ¡Muerto soy! –pensé- y caído en una desazón repentina, dejé que mis pies se hundieran, me agaché en cuclillas y, pasándome los brazos alrededor de la cabeza, deje que el mundo hiciera de mí su real gana.
No pasó mucho tiempo desde mi decisión hasta el desenlace, ya que, no bien me había hecho del todo a la idea de que mi fin era cosa de poco, cuando noté un intenso cosquilleo en la oreja. Alzando el rostro, comprobé como la lengua del demonio intentaba minar mi temor y atraerme hacia sí. Desconfiado, busqué su mirada amarilla. El principio y el fin de aquella incomprensible actitud debían estar allí. Toda la furia pasada, todo ese odio contenido había desaparecido y como si hubiera perdido esa pesada carga durante la carrera, luchaba por deshacer las trabas que mi desconfianza le ponía, lamiéndome la mejilla..
-¡Joder, que arisco eres! – De un recio empujón, Pepa me apartó de su vera. Me sorprendí con las sabanas firmemente sujetas con ambas manos manteniéndolas justo por debajo de los ojos; unos ojos abiertos al límite de lo posible y que pedían explicaciones sobre lo ocurrido. – ¡Es la última vez que tomo la iniciativa! – A la vista de la situación, con Pepa cubriendo su desnudez entre aspavientos y soltando sapos por la boca, no quedó otra: había metido la pata; sin intención, pero la había metido.


                        Luis F.de Castro

miércoles, 6 de noviembre de 2013

La huída 2


Dos horas se cumplían - más o menos-, desde que me encaramé al olmo huyendo de la bestia. Las manos me dolían, al igual que las desolladas rodillas. Las nalgas sobre las que me apoyaba habían perdido cualquier atisbo de sensibilidad. Allá abajo, se adivinaban más que verse, los ojos del demonio; esos ojos a los que la intensa oscuridad no parecían distraer de su objetivo: yo. La noche lo arropaba todo desde hacía tiempo, y en su negrura, intenté hacerme fuerte con un latigazo de rebeldía.  Como quien cree ser el “no-va-más” de la revolución meé desde las alturas y meé apuntando al negro  bulto con la vana intención de humillarlo, de someter esa sólida y persistente idea que llenaba su cabeza. No podía consentir que me merendase todo entero… y algo tuvo que llegarle porque la brisa me devolvió, además de su suave susurro, el sonido de una rabia contenida y no muy distante.  Tras unos minutos de inclementes gruñidos y desabridos  aspavientos, la opaca escena se fue calmando hasta el silencio total y,  a pesar de ello, nunca cruzó mi cabeza la idea de bajar de mi otero; al menos hasta tener las cosas claras y como la noche tornaba a fresca y la espera a tedio, decidí acomodarme en lo posible y echar un sueño que presumía ser tan necesario como liviano. Las ramas no eran precisamente un tálamo de lujo, pero no tardé mucho en encontrar postura, y así, con la esperanza de que eso que me esperaba abajo  desgastara su odio con el relente, hice esfuerzos por olvidarme de ello… de momento.
Algún pesimista dijo una vez que aquello que puede empeorar, empeorará y, aunque no soy de esa opinión, algo de razón debía tener el susodicho por que a la hora de despertarme, no lo hice al uso; sino de golpe y con gran susto. De hecho, lo hice en el aire, justo antes de caer de espaldas sobre la bestia. Todos sabemos que nada hay más egoísta que un ser doliente, si acaso otro ser más doliente y en ese momento, pienso que el más egoísta de los dos era el monstruo que, a la vista de cómo corría y aullaba, en el sorpresivo encuentro tuvo todas las de perder. Mientras corría despavorido, miraba hacia atrás intentando buscar explicación a tamaño y doloroso desasosiego y mientras, se alejaba más y más intentando que el dolor del golpe no le alcanzase.


                        Luis F.de Castro

lunes, 4 de noviembre de 2013

La huída



Corriendo como un poseso, me subí al único árbol que había en el prado. A dos metros sobre el suelo, creime fuera de peligro, pero cuan equivocado estaba. Al mirar hacia abajo, mis ojos se centraron en los suyos que inyectados en sangre, gritaban a los cuatro vientos las ganas que tenía de echarme el guante y hacerme suyo. Daba saltos que le llevaban a poco centímetros de mis pies y a cada uno de ellos arañaba la resquebrajada corteza haciendo que multitud de trocitos le cayeran encima como si de una molesta ducha se tratase.
Me rozó un pie y sin pensarlo, mi cuerpo trepó algo más con la esperanza de acercarme a Dios y alejarme de la bestia.
Algunos segundos después y abrazado a una de las grandes ramas como si quisiera hacer el amor con ella, caí en que me había desollado las palmas de las manos y las rodillas contra la áspera corteza del chopo -con la excitación y la angustia del momento siquiera había sentido dolor-, pero ahora… ¡joder como escocía!
Una mirada más al motivo de mi situación y sus blancos y amenazantes colmillos  me hicieron llegar claramente que no tenía  ninguna intención de abandonar su empeño, por lo que algo dentro de mí, dispuso mi cuerpo a pasar mucho tiempo allí; incluso toda la noche; quizás mi mala suerte no fuera otra cosa que un acicate para hacerme reflexionar, una manera más de obligarme a analizar todo lo que hice mal el día que así acababa…

Luis F. de Castro

viernes, 2 de agosto de 2013

Crónicas ganimedianas -008- ¡Virgencita, que me quede como estaba!



Ganímedes, 28 de mayo de 2.808 (por la noche)

     Cinco minutos después, se presentan los polizotes. CLON comenta algo con ellos que AGFO no puede escuchar, pero que, a todas luces debe ser jocoso, porque los dos tipos ríen a mandíbula batiente; incluso uno de ellos, el más alto, se permite dar una patadita a la campana provocando que esta bambolee de un lado a otro haciendo parecer a nuestro hombre un tentetieso. Allí, sentado en cuclillas con el enfado bullendo en su interior, pasan por su cabezas mil formas de filetear a los tres hijos de puta. Le miran como si fuera un bicho raro del unizoo y mientras tanto, hablan, hablan y ríen. Cuando parece que han tomado una decisión, los uniformados acoplan la campana a su espaciera y emprenden camino a lo desconocido. Dejan atrás al jefecillo que le despide agitando su regordeta mano mientras esgrime una sonrisa en el gesto que no presagia nada bueno. AGFO se debate en dudas sobre su destino hasta que segundos después, aparece su enjambre a la vista. ¡DIOR! ¡No, eso no! Un terror incontenible sacude sus orondas tripas cuando descubre que le llevan a casa, le llevan a la cueva de su demonio particular. La moral y las fuerzas de AGFO ya no pueden más. Esta cansado de resistir y sus grasientos miembros se relajan dejándose caer sobre el fondo de la campana dispuesto a recibir lo que el destino quiera darle.
     GODA está allí, con esos huesos que la gorepiel nunca podrá ocultar, su pelucón rosa y una terrorífica mueca que algunos -los que no la conozcan- podrían definir como una sonrisa. Los polizotes le dicen algo antes de desactivar la campana. Al hacerlo, AGFO, sacando de su interior el poco orgullo que le queda, se pone en pié trabajosamente y se sacude la gorepiel intentando que su aspecto sea lo menos humillante posible... Ahora, el sonido llega a sus oidos.
     -¡Cariño! ¡Por fín en casa! ¡Cuanto te he echado de menos! Dale las gracias a estos señores que han tenido la deferencia de traerte aquí en vez de hacerlo a Mantenimiento Radical.-A la vez que dice esto, soba y resoba descaradamente a uno de los polizotes que por su cara cree -inocentemente, por supuesto- que le está pasando algo bueno.
     -¡Claro está! -interrumpe el otro polizote- Debe usted agradecer a su binaria que se haga cargo de la situación. -Mientras esto dice, con la fusta-laser se da golpecitos en el muslo- Su mala actitud continuada nos pone en el brete de tomar medidas drásticas, pero su binaria, de generosidad poco común, accede a responsabilizarse de sus actos durante el ciclo de confinamiento domiciliario. -¿Comoooo? -AGFFO, a tenor del gesto de asombro, recibe la noticia del castigo como si le hubieran extraído un testículo a bocados.       
     -¿Un ciclo aquí...? ¡con esta!
   -...Y de gracias. -responde el polizote- ¡Ah! Y si su amable binaria nos da alguna queja; del Mantenimiento Radical no le salva ni DIOR.
     -¡Que amables son estos señores, ¿verdad, cariño? -GODA le está dando tal magreo al polizote que este, ciertamente sobrepasado, está empezando a mostrar interés por escapar de allí. AGFO, con la dramática noticia, ha perdido cualquier asomo de ese orgullo que intentó mostrar y se arrodilla ante el polizote agarrándose a sus muslos y suplicando...
     -¡No, no me hagan esto! ¡Deportenme a Europa!, o mejor, a los hornos de cal de Calixto, pero... ¡por favor, no me dejen con esta! -La escena es tan denigrante que los polizotes se miran entre ellos y sin decirse una palabra,llegan a la conclusión de que no cobran para soportar esto y con cuatro interjecciones y tres sacudidas desaparecen en su espaciera oficial. AGFFO se derrumba sobre el suelo gimiendo desconsolado. Instantes después, iza el rostro y comprueba que GOODA, con los brazos en jarras le observa con tal expresión de triunfo que nuestro héroe no tiene por más que mearse de miedo.
     -¡Pobre! Lo mal que lo está pasando... -GODA, suavemente, le ayuda a levantarse- Ahora mismo vas a comer algo y después vamos a descansar, que el día ha sido muy agitado, ¿no?. AGFO se deja llevar hasta el susiento y desparrama resignadamente sus grasas encima. La calva le brilla como cien soles y su mirada se pierde en la lejanía. Instantes después, la mujer aparece con dos capsulas... -Toma, amor: una es de arroz con pollo y la otra de langostinos con ginseng... Que me han dicho que va muy bien para los enamorados... ¡Eh, pillín! -Si alguna vez AGFO se había sentido desgraciado, fue después de oír esto. Con una desgana tan evidente que a cualquiera provocaría el vómito, nuestro hombre se introduce las capsulas en la boca como si fueran de cianuro. Acto seguido y sin que la digestión sea causa atenuante, GODA le coge del brazo y lo acompaña a la dormidera; una vez en ella, despliega las dos sumacas y ayuda a AGFO a recostarse en una de ellas.
     -Ahora, cariño, espérame que voy a ponerme cómoda. No te impacientes, ¿vale?... -Le mira entornando los ojos y pasándose la palma de la manos por las huesudas caderas como si de la danza más excitante de Universo se tratara, pero para AGFO, una araña peluda sería infinitamente más sexy que ella. Acto seguido desaparece de la dormidera en dirección al sanidario.
     Nuestro hombre, a los escasos segundos de verse sólo, recapacita: Han dejado su vida a merced de GODA y trasgredir el confinamiento domiciliario es ya un delito planetario; sería una locura convertirse en un proscrito... Si sólo es cuestión de sexo. ¡Total! dejarse hacer y ya está... Como picado por una boacobra, AGFO salta de la sumaca, extrae su espaciera del bolsillo, la extiende y se escapa raudo y riendo a carcajadas.
     -¡A la mierda! ¡A la mierda! ¡A la mierda todos! -La espaciera se aleja del enjambre hundiéndose en la noche ganimediana mientras da tumbos y hace tirabuzones. 
     ¿Donde irá?: DIOR sabrá donde.

                                                                                                 (Continuará...)


                                                                                                                               Aldade.

miércoles, 31 de julio de 2013

Crónicas ganimedianas -007- Correr es de cobardes.

Ganímedes, 28 de mayo de 2.808 (otra vez por la tarde)



     Dos veces en dos días es todo un récord. A este paso, todas las campanas antidistubios de Ganímedes le van a conocer. AGFO -que lleva diez minutos esperando- se retuerce en el incómodo susiento y mira a su alrededor esperando encontrar algo que le distraiga. CLON aparece como siempre: baboso y sonriente. Parece haber engordado en los dos días que le separan de su anterior visita y la gorepiel ni por asomo consigue disimular las morcillas que le adornan. Nuestro hombre cae en la cuenta que entre los dos lados de la tabla, hay carne para surtir una buena temporada a los animales de unizoo.

lunes, 29 de julio de 2013

Crónicas ganimedianas -006- Cuando empeorar es la única posibilidad.

Queridos colocotrocos... y es que nuestro héroe no puede ser más tonto. De mal en peor. Cuando comprenderá que gordo, calvo y malhumorado está el último de la lista para conseguir cualquier cosa.





Ganímedes, 27 de mayo de 2.808

     AGFO no ha pegado ojo en todo el durmiente. A pesar de desvincularse del menvisor y ponerse el alienante al doble de potencia, saber que se encuentra bajo el mismo techo que la bruja de GODA, lo ha mantenido despierto y temeroso. La mujer se empeñó en echar su sumaca pegada a la de AGFO y -cosas de loca- pretendió sexo de inmediato, pero nuestro desgraciado protagonista, se dio la vuelta presuroso y quiso zanjar la requisitoria con un sonoro pedo: no lo consiguió en un principio, y fueron necesarios varios más para que la mujer dejara de rozarse contra él.

jueves, 25 de julio de 2013

Crónicas ganimedianas -005- Un poco de memoria, ¡por favor!



Ganímedes, 26 de mayo de 2.808

    -¿Sorprendido? –GODA, que acaba de recacondicionarse el matorral rosa que porta a modo de cabellera, se coloca en jarras y mostrándole a su nuevo y espantado binario un carro de dientes a modo de sonrisa, le inquiere. -¿Qué tal me ves? A que estoy genial. Aunque sea por una vez, estos de la Edad Social se han portado, ¿a que sí?

miércoles, 17 de julio de 2013

Crónicas ganimedianas -001-AGFO se enfada.

Estimados colocotrocos. Aquí os hago partícipes de las andanzas y aventurillas de mi excelso amigo AGFO.  
Vive y trabaja en Ganímedes que, como deberíais saber, está muy lejos, y el pobre tiene unos problemas "que pa qué contar".  Cierto es que problemas tenemos todos, pero este, vuestro Rey, os puede asegurar que los suyos son especiales.
Como mi mayor pretensión es haceros pensar pensando -que ya va siendo hora- os iré mostrando sus misivas para que meditéis al respecto y, si es posible, os divirtáis.






Ganímedes, 23 de mayo de 2.808

    Sobre su asiento en suspensión, AGFO observa atentamente su menvisor.  Lo ha adquirido recientemente y no consigue ajustarlo con la finura suficiente como para hacer desaparecer esas ligeras interferencias que, con seguridad y en contra de la opinión del plasmón que se lo vendió, se  generan en la zona de la nuca. La visión mental es tan perfecta como siempre en los Sonymen -que buenos son estos japaneses-,  pero cuando menos lo espera, la puñetera vibración le desconcentra, pierde el hilo y, lo que ha pagado por el cacharro se le hace una inmensidad. Desde el último ajuste de edad, algo no cuadra  a la perfección en su menspacio, y aunque le juraron que todos los aparatos se adaptan a esos ligeros desórdenes, no ha resultado verdad y se ha terminado reflejando  en el gobierno de todos los utensilios de manejo mental. Lo que le pasa al menvisor no es nada comparado con los problemas que tiene con el domo, o la espaciera. Lo cierto es que unos por otros, ninguna solución tiene.