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sábado, 25 de abril de 2015

Solos

        http://4.bp.blogspot.comg

 Como todos los días, Nacho es el primero en llegar. Pide la primera de las tres cervezas con limón que caerán esta tarde y –al igual que siempre- sienta su corpachón a la vera de la mesa desde donde mejor se ve la tele. Sus cincuenta años y la invalidez permanente por esquizofrenia dejan mucho tiempo y gran parte de él, lo derrocha esperando. Es un tipo poco hablador; prefiere observar y sonreír mientras escucha las diatribas que se cruzan entre José y Daniel. Sus dos amigos no le requieren al diálogo: le conocen bien y a lo sumo, le preguntarán algo que con un monosílabo como respuesta, va que se las pela. Ellos saben que es difícil rebuscar en sus pensamientos; los tiene bien escondidos en el último estofado de lentejas que hizo su mujer antes de abandonarle. Tal vez un mínimo gesto, un ademán, una pasajera mueca podría indicarnos el camino hacia su interior… pero no: dos escuetas palabras sirven para informarte que has errado, que su mente va por derroteros esquivos dejándote la impronta de que algo sabe -y lo calla-.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Un mundo para cada uno... y todos diferentes.

http://www.imagenestotal.com/reflexiones-de-soledad/

Se me hace extraño el mundo en el que vivo.
Día tras día me noto más ausente de él. Es una sensación rara, por momentos desconocida. Mirar a tu alrededor y comprobar que lo que me rodea ni es mío ni está conmigo; es como si estuviera tras un escaparate en el que el cristal se regruesa por momentos haciéndose más opaco y mineral. Aquellos sentimientos colectivos que antaño me embargaban son ahora sensaciones de alienación. Poco de lo que me rodea es de mi agrado, y si lo es, algo en mi interior rebusca motivos para que no lo sea.
Es improbable que el código por el se mueve la humanidad haya cambiado, más me inclino a pensar que ha cambiado el mío y que es tan intensa esa metamorfosis que ser comprensivo, flexible o condescendiente se me hace muy cuesta arriba; y me entristece primero y me indigna, después, pensar que esto no parece tener cura e irá a más.
Alguien dijo una vez que un pesimista es un optimista con experiencia y esa frase podría explicar esta dolencia que me aflige; es como si el cúmulo de experiencias vividas fuera una carga tan pesada que te impidiera levantar la cabeza y proyectarte hacia fuera… ¡una prisión, vamos!
¿Alguien sabría como revertir esta situación?
Ahora comprendo el porqué tantos intentan llevar a cabo los consabidos “empezar de nuevo”, “romper con todo” “mandar todo a la mierda” “rehacer la vida”; es la perentoria necesidad de reiniciar tu sistema operativo reordenando ese disco duro orgánico y doliente que todos llevamos dentro; ese cajón que, de puro lleno, nos impide encontrar nada dentro.
Solo gracias a los asideros que me dio la vida, no me hundo. La familia, los amigos y ese especial mundo interior que me creo todos los días y con el que intento sustituir al desabrido e intratable que se mueve al otro lado del cristal.


Luis F. de Castro