Tal y como nos vemos nacer y morir, tal y como observamos que el
árbol brota de la semilla de su progenitor y termina pudriéndose
bajo las raíces de su vástago, concebimos el principio y el fin. La
vida tiene sus ciclos dentro de los cuales el nacimiento y la muerte
no dejan de ser un par de los eslabones de una cadena sinfín y nada
tienen que ver con el principio de las cosas, porque la vida es solo
una ínfima parte de todo lo que nos rodea, una infinitesimal
partícula en la inmensidad del universo.
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domingo, 3 de mayo de 2015
jueves, 11 de septiembre de 2014
Sobre nuestra manera de gestionar la catástrofe
En su perenne y estúpido egoísmo, en su
mezquina prepotencia, se arroga el ser humano ser el creador de la estética y
el garante del orden; son estas algunas de las ideas que avocan este minúsculo
planeta al caos y la degradación. Nuestra soberbia nos lleva a pensar que todo
lo que nos rodea está para servirnos y que –llegado el caso- si no nos sirve
bien, “Dios proveerá”, porque hasta en esa torticera pretensión descargamos
nuestra responsabilidad en “otro”. Avanzamos descoordinados, a empellones,
desarrollando la copa sin preocuparnos de la raíz de este árbol que nos
sostiene obviando todos los avisos de descuaje que se nos presentan. Descorazona
pensar que la inmensa mayor parte de nosotros navegamos en esa dirección y que
la creencia en estos paradigmas, solo hace que colaborar en el derrumbe de
nuestra insostenible civilización.
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