Mostrando entradas con la etiqueta felicidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta felicidad. Mostrar todas las entradas

domingo, 27 de diciembre de 2015

La felicidad, esa gilipollez sobrevalorada. Confórmate con estar a gusto.

    


    Escucho la Sinfonía del Nuevo Mundo y mientras sus compases se me incrustan en la boca del estómago me pregunto qué puedo hacer yo. Sí, qué puedo hacer para ser feliz y ayudar a que los demás también lo sean… aunque sea un poco.

sábado, 27 de diciembre de 2014

El viejo tacaño.

       
       Uno, con los años, se hace escueto.
    Cada vez cuesta más mover el cuerpo y a cuenta de ello, reduce sus necesidades en razón a la posibilidad de conseguirlas.
     El tiempo te convence que pasó la hora del gallardo pavoneo, de aparentar aquello que no somos obligándote a ocultar lo que sí. Como resultado, poco a poco te sumes en una dinámica de escaqueo vital, de pasividad contemplativa y expectante que -extrañamente-, en nada tiene que ver con la vagancia o la holgazanería. Es, sencillamente, una búsqueda de la eficacia primordial, la huida de la indiscreta opulencia y el derroche. Llega el momento de preguntarse cuanto papel higiénico es necesario para eso que todos hacemos, o si para beber un sorbo necesita uno el vaso lleno hasta el borde.
     Lo mismo que nos abandona la memoria y nos aborda la torpeza, nos inunda una necesidad perentoria de ahorrar la vida y sus cosas con la ufana pretensión de usarlas en momentos más determinantes. Como si eso fuera posible... ¡pazguatos!
       Llegado el momento, nunca encuentras lo guardado.

Luis F. de Castro

viernes, 17 de enero de 2014

Corta reflexión sobre la búsqueda de quimeras



http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/af/Els_segadors.jpg


Es encomiable la lucha de muchos pueblos en pos de justicia, democracia y libertad; cómo se baten por encumbrar ideas que, visto lo visto, son ya más tópicas que reales; ideas que la rotundidad de los hechos, han ido demostrando como –en el mejor de los casos- quimeras y en el peor, falacias. Es sorprendente cómo derriban una barrera tras otra para comprobar que, ante ellos, se ha creado otra nueva que, disfrazada de soñada meta, les distrae –una vez más-, de la verdadera y única meta: la felicidad. ¿Cómo es posible que millones de ciudadanos -la mayoría honrados y laboriosos- se unan a tesis dictatoriales en contra de otros -tan honrados y laborioso como los primeros- enarbolando armas y banderas de manera violenta y radical?, ¿cómo es que la humanidad no aprende de sus errores?; ¿cómo que se dispongan a la sombra de líderes disolutos y embaucadores?
No tengo respuestas, solo preguntas y –si acaso-, alguna que otra especulación, pero algo dentro de mi conciencia dice que no vamos por el buen camino.


                                                           Luis F. de Castro

domingo, 12 de enero de 2014

Disquisiciones sobre la sociedad feliz.

http://www.abc.es/Media/201201/25/kaaba--644x362.jpg

El cerco a al independencia de la mente está montado. Las empalizadas son fuertes y mantendrán al díscolo en su sitio. La propia naturaleza de una masa mediocre e impresionable hará el resto. No hay escapatoria ya que el sistema no está manejado por mano humana, sino bajo la tutela de una nube a la que hemos dotado de vida propia y ya no nos necesita sino para alimentar su poder. ¿Puede acaso una abeja sublevarse al mandato del enjambre?, ¿puede un planeta decidir a qué estrella rotar?
Es la felicidad un estado del ánimo que no puede aplicarse a una sociedad; únicamente al individuo y que invariablemente se aleja de él a medida que tiene conciencia de sí mismo y de su papel en el mundo. Las religiones no dejan de ser un fallido método de defensa contra la infelicidad social, un compromiso en el que se aceptan premisas falsas e irreales en pos de un beneficio común. El –de momento- insalvable hándicap se encuentra en que llegan a una humanidad inmadura para aceptar un contrato tan complejo. Invariablemente recurre a la violencia extrema para conseguir que “los otros” sean tan felices como “los unos”, con lo que entran en una dinámica inútil por la imposibilidad de soluciones.

De momento y mientras “el nimbo” soluciona ese problema, una opción es recluirse en el capullo a esperar tiempos mejores. 

                                  Luis F. de Castro