Escucho la Sinfonía
del Nuevo Mundo y mientras sus compases se me incrustan en la boca
del estómago me pregunto qué puedo hacer yo. Sí, qué puedo hacer
para ser feliz y ayudar a que los demás también lo sean… aunque
sea un poco.
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domingo, 27 de diciembre de 2015
miércoles, 8 de octubre de 2014
Un mundo para cada uno... y todos diferentes.
http://www.imagenestotal.com/reflexiones-de-soledad/
Se me hace extraño el mundo en el
que vivo.
Día tras día me noto más ausente
de él. Es una sensación rara, por momentos desconocida. Mirar a tu alrededor y
comprobar que lo que me rodea ni es mío ni está conmigo; es como si estuviera
tras un escaparate en el que el cristal se regruesa por momentos haciéndose más
opaco y mineral. Aquellos sentimientos colectivos que antaño me embargaban son
ahora sensaciones de alienación. Poco de lo que me rodea es de mi agrado, y si
lo es, algo en mi interior rebusca motivos para que no lo sea.
Es improbable que el código por
el se mueve la humanidad haya cambiado, más me inclino a pensar que ha cambiado
el mío y que es tan intensa esa metamorfosis que ser comprensivo, flexible o
condescendiente se me hace muy cuesta arriba; y me entristece primero y me
indigna, después, pensar que esto no parece tener cura e irá a más.
Alguien dijo una vez que un
pesimista es un optimista con experiencia y esa frase podría explicar esta
dolencia que me aflige; es como si el cúmulo de experiencias vividas fuera una
carga tan pesada que te impidiera levantar la cabeza y proyectarte hacia fuera…
¡una prisión, vamos!
¿Alguien sabría como revertir
esta situación?
Ahora comprendo el porqué tantos
intentan llevar a cabo los consabidos “empezar de nuevo”, “romper con todo”
“mandar todo a la mierda” “rehacer la vida”; es la perentoria necesidad de
reiniciar tu sistema operativo reordenando ese disco duro orgánico y doliente
que todos llevamos dentro; ese cajón que, de puro lleno, nos impide encontrar
nada dentro.
Solo gracias a los asideros que
me dio la vida, no me hundo. La familia, los amigos y ese especial mundo
interior que me creo todos los días y con el que intento sustituir al desabrido
e intratable que se mueve al otro lado del cristal.
Luis F. de Castro
lunes, 13 de enero de 2014
Sobre la injusticia
Ingrata sensación la de sentirse
acusado injustamente, lóbrega la de saberse juzgado sin posibilidad de defensa,
desabrida y amarga.
Vuela mi afecto hacia aquellos
que lo sufrieron, que fueron burlados por el magnánimo viento de la justicia y
nada les quedó en qué apoyarse para sobrevivir.
Cuando todo a tu alrededor se desmorona,
cuanto se atomizan los cimientos de ánimo y te hundes en la incomprensión de
los otros como si lo hicieras en el más hediondo y negro de los lodos y –sobre todo-
cuando la solución no está en tus manos, ¡qué te queda!
Quizás el tiempo sepa como
aliviarte y consiga rehacer algo del roto, tal vez quite la empañada lente que
tiñe de desánimo todo lo que se extiende ante tus ojos, pero, por mucho que lo
intente, el tiempo no conseguirá que vuelvas a tu ser, siempre quedará ese poso
que enferma la pureza y encamina el alma hacia una muerte menos limpia.
Ahora comprendo el significado de
esas miradas, ahora entiendo las letanías del desamparado y descubro que son nuestras
propias letanías las que escuchamos, porque sólo es cuestión de tiempo que
salgan por nuestra boca.
Luis
F. de Castro.
lunes, 1 de julio de 2013
Elucubraciones sin ton ni son.
Queridos Colocotrocos: Hoy os dejo, a modo de complicación innecesaria, un cúmulo de disquisiciones fuera de momento y lugar. Espero que os desconcierten de la misma forma que lo hicieron conmigo y es que, algunos días estoy que no me aguanto.
ELUCUBRACIONES SIN
TON NI SON
Es miseria humana,
la envidia, la que nos fue dada sin ser pedida y nos hace imposible ver que tú
eres tu propio prójimo. Suspiras con tener, poder, sentir; acaparar lo divino y
lo humano sin caer en cuenta la cantidad de trenes que pasan ante ti y no tomas,
trenes cargados de eso que desdeñas a la ligera, porque tan enfrascado estás en
tus deseos que no te enteras de lo que ocurre alrededor tuya. No te das cuenta
de que el niñato que hace ruido en la calle y que tanto irrita, eres tú hace
algunos años; que ese señor tan engominado que interviene en la tertulia
televisiva y que vierte argumentos con inteligente naturalidad serías tú si no
hubieras dejado las clases de la facultad y cultivado el estómago más que la
mente… Sí, que ese mierda que está pegando a su mujer en el piso de abajo eres
tú; si no hubieras dejado de salir con
aquella gente que bebía tanto. Tratamos a los demás con la lejanía del que se
cree inmune y todopoderoso, aplicamos tópicos a diestro y siniestro, catalogamos,
encasillamos, sobreseemos o condenamos con tanta ligereza que si no fuera por
lo ingrávidos que son nuestros pensamientos y palabras, estos nos aplastarían
por justicia física, pero… Y si no fuera así; y si por un “quítame allá esas
pajas” aparece gente que te tiene en respeto, que siente lo que dices y escucha
lo que piensas, que aprovecha esos buñuelos de viento envenenados de
inconsistencia para saciar su hambre de ideas… Pues que acabas de poner una
sucia estrella más en esta caótica galaxia, una estrellita muy parecida a las
demás y ante la cual no sabrás si está para darte luz y calor o para reventarte en
las narices.
Somos subproductos
de nuestra propia envidia.
Todos tenemos
contraindicaciones y efectos secundarios. Es más, son más profusos y abundantes
que los de la peor quimioterapia. Si sumamos los confesables y los
inconfesables –vicios y virtudes- seguramente en lo que se refiere a reproches,
la raza humana debería ser una especie muda. Por qué y de qué quejarnos sin que
nuestro “mini-yo” nos ponga de vuelta y media al más mínimo de los análisis: He
aquí el eterno dilema. Lo cierto es que lo criticamos todo, nada se resiste a
nuestro personal y “certero” análisis. Criticamos lo hecho, lo por hacer, lo
desecho y lo por deshacer; al todo y a la nada, a Dios y a Satanás. Todo está mal o podría hacerse
mucho mejor, pero si además de dejar esto claro, podemos hacer daño, mejor; eso
sí, el sujeto de nuestro análisis, tengamos por seguro que no se va a quedar de
brazos cruzados y ¡Por Dios! de nuevo todos los ingredientes en la coctelera.:
la sempiterna, tediosa y artificial polémica. ¡Qué aburrimiento!
Mil años de Gloria
para el que rompa la dinámica. Primero la idea y después el ideólogo. Somos
mierdecillas pululantes con muy mala idea y poca visión de futuro a las que hay
que reconvertir en seres cuyo fin último sea la obtención de una calidad de
vida sostenible para si y para sus descendientes. ¿Qué como se hace eso? Pues
con sobredosis de vaselina y sentido común ¡Hombre!... como se hizo siempre.
Dejémosnos de psicodestripes, de socioanálisis, de rememoraciones froidianas y
demás palabros que por complicadas que parezcan, nunca lo serán tanto como la
enrevesada mente de los que nos quieren meter en el lío… Volvamos a la
simplicidad de los remedios de la abuela, al cachete inocente y al beso sin
malicia, a la mano que no peca y a la mirada sincera… o es imposible ya. No me
digan que eso queda sólo en mis recuerdo y que, ajado y desecho, nunca volverá,
que tendremos que vivir “per secula seculorum” mirando de reojo a ese vecino
cincuentón que da caramelos a nuestra querida hija, o contratando seguros que
nos protejan de seguros que no cumplen cuando otro seguro nos deje colgado.
Vaya lata dormir con un tapón en el trasero. Somos tan estúpidos que si el
adminículo fuera de Gore-tex, lo soportaríamos gustosos. A mí me da que ya
estoy un poco cascado para el experimento, que me han vendido las gafas chungas
de tapadillo y tengo tendencia a verlo todo como no quiero. Pero… ¡Por los
clavos de Cris…! ¿cómo pueden ser tan listos?. Mañana le doy la vuelta a la
tortilla. Voy a empezar a dar limosna, ¡ea! y a prestar dinero a los amiguetes
aunque vaya pillado y salir a la calle desabrigado dando pecho al relente y… ¡bueno!,
voy a ser un inconsciente; tengo que recuperarme de tantos años caminando entre
las líneas del libro rojo… y me pondré al lado de las miríadas de tipos como yo, para ser tan diferente como
ellos.
¡En fín! Si has
conseguido llegar al final de esta página y media de desatinos y desvaríos es
que tienes moral para seguir jugando a vivir y no te importa demasiado perder
tiempo…
¡Envidia me das!
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