martes, 31 de diciembre de 2013

Para habernos matado

     Hoy, día 31 de diciembre de 2013, se acaba uno de esos años en los que salir indemnes es de afortunados. Yo, no solo acabé como tal, sino que crecí en varios sentidos; en el económico: los bancos me aprecian más a cada segundo que pasa, en el físico/morfológico: peso unos kilos más que hace un año, en el intelectual: mi desmemoria es más intensa por momentos, en el sentimental: cada día quiero más a mi reina-consorte y en el familiar: he sido abuelo por primera vez... ¡Se puede pedir más!
     De Perogrullo es decir que sí, que todos queremos más, aunque en determinadas circunstancias, atreverse a trocar lo poco obtenido por lo mucho prometido, se atisba como arriesgado. En estos tiempos de incertidumbre, donde nada se tiene en pie el tiempo suficiente como para verlo con claridad, no está demás ser humilde, alejar la pretenciosidad del derroche para dejar hueco a idearios más racionales.
     Con este escueta y resumida pretensión, os felicito lo por llegar y os deseo lo mejor.

                                                                          Luis F. de Castro.

                                                                 


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