Tal y como nos vemos nacer y morir, tal y como observamos que el
árbol brota de la semilla de su progenitor y termina pudriéndose
bajo las raíces de su vástago, concebimos el principio y el fin. La
vida tiene sus ciclos dentro de los cuales el nacimiento y la muerte
no dejan de ser un par de los eslabones de una cadena sinfín y nada
tienen que ver con el principio de las cosas, porque la vida es solo
una ínfima parte de todo lo que nos rodea, una infinitesimal
partícula en la inmensidad del universo.
domingo, 3 de mayo de 2015
domingo, 26 de abril de 2015
Algo huele a podrido al sur de las Canarias
http://serbarrendero.blogspot.com.es/2013/10/la-princesa-mette-mary-visita-una.html
Quizás sea la hora, quizás el día, pero, después de hacerme a la
idea de lo que ha pasado con el pedazo de pesquero accidentado en Las
Canarias, más me machaca las meninges aquel dicho de “Pa lo que me
queda en el convento, me cago dentro” ...Pero, después de lo de
aquel “Prestige” -de tan infausto recuerdo, por cierto- ¿como se
les ocurre sacar esa sucia chatarra a mar abierto para que se hunda?
Que alguien me lo explique. No será mejor limpiar ese montón de
mierda en una esquina que tener que ir recogiendo mojones por medio
Atlántico. No lo entiendo... Si seré zangolotino que se me escapa.
Ahora ya se sabe: que si la mancha va, que si la mancha viene y dos
destructores, cuatro dragaminas, el “Juan Sebastián Elcano”,
doce helicópteros, la Tejerina y cuatro mil doscientos voluntarios
persiguiéndola por doquiera que vaya... ¡Menudo papelón! ...no, si
ya lo decía aquel: “Ni una cabeza buena”
sábado, 25 de abril de 2015
Solos
http://4.bp.blogspot.comg
Como todos los días, Nacho es el primero en llegar. Pide la primera
de las tres cervezas con limón que caerán esta tarde y –al igual
que siempre- sienta su corpachón a la vera de la mesa desde donde
mejor se ve la tele. Sus cincuenta años y la invalidez permanente
por esquizofrenia dejan mucho tiempo y gran parte de él, lo derrocha
esperando. Es un tipo poco hablador; prefiere observar y sonreír
mientras escucha las diatribas que se cruzan entre José y Daniel.
Sus dos amigos no le requieren al diálogo: le conocen bien y a lo
sumo, le preguntarán algo que con un monosílabo como respuesta, va
que se las pela. Ellos saben que es difícil rebuscar en sus
pensamientos; los tiene bien escondidos en el último estofado de
lentejas que hizo su mujer antes de abandonarle. Tal vez un mínimo
gesto, un ademán, una pasajera mueca podría indicarnos el camino
hacia su interior… pero no: dos escuetas palabras sirven para
informarte que has errado, que su mente va por derroteros esquivos
dejándote la impronta de que algo sabe -y lo calla-.
viernes, 27 de marzo de 2015
El deshumorador nocturno
Silencioso merodeador que aprovecha la oscuridad para vagar de
habitación en habitación tanteando a los durmientes. Etéreo
vagabundo que rellena su holganza trasteando entre los pensamientos
de unos y otros y que rebusca entre ellos en pos de los que alegran o
enaltecen el ánimo para desmenuzarlos y emborronarlos. ¿Quien será
esa presencia tan intensa y que tanta importancia se arroga? ¿Quien
esa que localiza débiles y sumisas mentes para saquear gestos y
demudar semblantes? Es el Deshumorador nocturno; es ese “porculero”
maleante que se lleva la sonrisa mañanera de aquellos a los que
saquea y les deja una nube negra y desabrida sobre sus cabezas. Una
nube que persiste hasta que el viento se la lleva entre quejas y
quejidos dejando, por fin, el natural semblante a la luz del sol.
Pobres aquellas víctimas de ese cabrón desorejado -mi hija, por
ejemplo- que inadvertidamente son saqueadas y pobres aquellas otras
-yo, para más señas- que, sin serlo, tienen que soportarlas. Ver a
tu querido ser convertido en un cactus maloliente, en una alimaña
vil y contestona a la que no le sirven paños calientes y cuyos
únicos bálsamos son el tiempo – a Dios gracias, poco- y el
silencio, es un puñetero castigo difícilmente soportable.
Menos mal que dura poco y tan intensa como fugaz, la obra del
desgraciado Deshumorador nocturno se desvanece como la construyó:
sin saber porqué.
Luis F. de Castro
Imagen: http://hoytele2.blogspot.com.es/2013/02/el-caso-waterclose-espanol.html
jueves, 26 de marzo de 2015
Ayer en el médico
Ayer, 200 años y 134 días después de la única guerra que
deberíamos haber perdido* y motivado por un asunto de pólipos, tuve
a bien pasar por la consulta del especialista en digestivo. Llegado
al lugar a la hora indicada, me topé con una ventanilla que, a la
par que cerrada, se encontraba orlada hasta límites insospechados de
carteles informativos. Eran dispares en formas, tamaños y colores:
unos nuevos y otros ajados, unos escrupulosamente escritos y otros
burdamente garabateados, unos firmados con “gracias” y otros con
“la dirección” pero todos, todos, ordenando cosas o imponiendo
condiciones para ser atendidos.
Enfrascado en su lectura cual recita salmos del antiguo testamento,
no caí en la cuenta del tiempo y mi enano interior y yo nos
sumergimos en una disputa justiciera sobre lo soberbio y pedante de
sus contenidos: Que si quieres ser atendido, con la tarjeta sanitaria
en la boca, que “ojito” con levantar la voz, que si la hora de la
cita es de mentirijillas, que si debíamos permanecer sentados, que
si los móviles apagados… y un sinfín de memeces más a cual más
imperiosa y restrictiva. En esto que me vi levantándome con ímpetu
justiciero y –digno y orgulloso- arrancar uno tras otros todos los
“papelajos”, me vi increpando al personal sobre su descarada
falta de eficiencia, me contemple dándoles lecciones sobre la
adecuada atención al público, me sentí querido por los sufridos
administrados y aplaudido por ellos, me vi… ¡hay, como me vi!
-Señor, que no tengo todo el día, me da sus papeles o prefiere
seguir rezando…
-¡Oh! Si, si, perdone; es que me distraje con estas amables
indicaciones. Tenga, tenga.
Luis F. de Castro.
*Refiriéndose a la guerra de independencia española, Napoleón I,
en su exilio, declaró:
“Esta maldita Guerra de España fue la causa primera de todas
las desgracias de Francia. Todas las circunstancias de mis desastres
se relacionan con este nudo fatal: destruyó mi autoridad moral en
Europa, complicó mis dificultades, abrió una escuela a los soldados
ingleses... esta maldita guerra me ha perdido.”
Fraser, Ronald: La maldita guerra de España. Historia social
de la guerra de la Independencia, 1808–1814.
lunes, 23 de marzo de 2015
Andalucía o tener lo que se merece.
Que la mente humana es difícil de
escrutar no tiene discusión y, por lo tanto, que su escrutinio está al alcance
de muy pocos, tampoco. El pensamiento colectivo y la sensibilidad social son
manipulables hasta puntos insospechados, y lo que hoy es malo, mañana bueno y
viceversa. Eso es una máxima universal, que por conocida, tratada y denostada,
no deja de incrementarse extendiéndose hasta los últimos rincones de una
sociedad gregaria y en exceso zafia. Se dice que un pueblo leído es un pueblo
poco manipulable y que la libertad de pensamiento está en proporción directa a
la cultura de sus componentes. Es a golpe de verdadera cultura como se van exiliando
aquellos elementos de irracionalidad que hacen de nuestra sociedad algo al
servicio de aquellos que conocen la técnica de la manipulación.
Cientos de imputados/investigados,
millones de euros sustraídos de los dineros públicos, una insondable red de
clientelismo político y una carga de paro insoportable, no han sido suficientes
para que el pueblo andaluz cambie su voto, siquiera por la vía de probar otra
cosa que -presuntamente- menos daño haga. Y ahora qué. ¿Seguirá la sociedad
andaluza arrastrándose en el mismo quejicoso tedio de siempre? ¿Tendrá el
social descaro de seguir penando la mala suerte que han tenido con sus
gobernantes? Se enterarán ahora los intelectuales de turno el porqué Telecinco
es la número uno. Somo lo que somos, y cambiarlo es difícil, muy difícil; hasta
el punto de que algunos consideran que la ruptura es la única vía. Romper con
todo para cambiar de dueño... sí, de dueño, no se sale de una de esas con otra
cosa que con amo nuevo, por que España es mucho de “Don Juanón o Juanillo” y en
vez de limar, ajustar, reconducir somos de “mantenerla sin enmendarla hasta
joderla, para después matarla”
Espero no tener razón y que los
tiempos hayan cambiado inadvertidamente para mí; que el análisis de esta
situación sea más simple y sencilla del que bulle en mi cabeza y este nuevo
avatar político sea parte de una solución que se me escapa. Mientras espero que
sea así, no dejo de pensar en el tópico:
“Tenemos lo que nos merecemos”.
Luis F. de Castro
miércoles, 18 de febrero de 2015
Las ovejas no pierden el tren ni tocan el piano
Es como si en una fiesta cada cual bailara una canción diferente; unos en plan saltimbanqui, otros como el que nunca bailó y el resto con un palo metido por ahí, pero el último paso todos lo dan a un tiempo. Una bonita historia que se escapa al final por las prisas de irse a casa a cenar. Si hubiera terminado tres minutos antes sería mejor. No sé como quitarme la impresión de que este defecto acompaña a la mayoría de las pelis españolas. creo que somos de ese natural y como que nunca rematamos la faena. Por culpa de esto, "Las ovejas no pierden el tren", será una más de las que se olvidan sin más.
Luis F. de Castro
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