Nada más alejado de mi ánimo e intenciones que resultar soez o maleducado. Nunca -y menos en este caso-, cogí la pluma para plantar reales escabrosos a conciencia de que su resultado llevaría al escándalo y a la animadversión al sufrido lector. Nunca quise aprovecharme de la ventaja que tenemos los del lapicero por razón de la cual, no saben lo que hay escrito hasta que lo leen; aprovechándonos así de la manida política de hechos consumados. Ahora bien, si tenemos en cuenta el extraordinario desparpajo que muestran algunos desarrollando temas tan espinosos como la manoseada violencia, la mentira, el despilfarro y demás zarandajas; me considero con el permiso tácito y ético, concedido por mi propia menda, para estirar ante los que quieran leer y entender este, tan humano tema.
jueves, 2 de enero de 2014
Tratado breve y sucinto sobre como cagar en el campo.
Nada más alejado de mi ánimo e intenciones que resultar soez o maleducado. Nunca -y menos en este caso-, cogí la pluma para plantar reales escabrosos a conciencia de que su resultado llevaría al escándalo y a la animadversión al sufrido lector. Nunca quise aprovecharme de la ventaja que tenemos los del lapicero por razón de la cual, no saben lo que hay escrito hasta que lo leen; aprovechándonos así de la manida política de hechos consumados. Ahora bien, si tenemos en cuenta el extraordinario desparpajo que muestran algunos desarrollando temas tan espinosos como la manoseada violencia, la mentira, el despilfarro y demás zarandajas; me considero con el permiso tácito y ético, concedido por mi propia menda, para estirar ante los que quieran leer y entender este, tan humano tema.
martes, 31 de diciembre de 2013
Para habernos matado
Hoy, día 31 de diciembre de 2013, se acaba uno de esos años en los que salir indemnes es de afortunados. Yo, no solo acabé como tal, sino que crecí en varios sentidos; en el económico: los bancos me aprecian más a cada segundo que pasa, en el físico/morfológico: peso unos kilos más que hace un año, en el intelectual: mi desmemoria es más intensa por momentos, en el sentimental: cada día quiero más a mi reina-consorte y en el familiar: he sido abuelo por primera vez... ¡Se puede pedir más!
De Perogrullo es decir que sí, que todos queremos más, aunque en determinadas circunstancias, atreverse a trocar lo poco obtenido por lo mucho prometido, se atisba como arriesgado. En estos tiempos de incertidumbre, donde nada se tiene en pie el tiempo suficiente como para verlo con claridad, no está demás ser humilde, alejar la pretenciosidad del derroche para dejar hueco a idearios más racionales.
Con este escueta y resumida pretensión, os felicito lo por llegar y os deseo lo mejor.
Luis F. de Castro.
De Perogrullo es decir que sí, que todos queremos más, aunque en determinadas circunstancias, atreverse a trocar lo poco obtenido por lo mucho prometido, se atisba como arriesgado. En estos tiempos de incertidumbre, donde nada se tiene en pie el tiempo suficiente como para verlo con claridad, no está demás ser humilde, alejar la pretenciosidad del derroche para dejar hueco a idearios más racionales.
Con este escueta y resumida pretensión, os felicito lo por llegar y os deseo lo mejor.
Luis F. de Castro.
El motorista y el caramelo
Os traslado, súbditos de pro, el anecdótico suceso ocurrido tiempo ha a este que se os dirige. Corría el lejano año de 2008 y mi persona deambulaba provisionalmente por la clase obrera.
Hoy,
día del señor trece de noviembre de 2008, cuando mis humildes huesos circulaban
por la M-513 a bordo de la “fregoneta” que tengo el gusto de conducir, me adelantó
una motocicleta de gran cilindrada a tremenda velocidad. La zona de la
carretera por la que circulábamos es muy curvada y, por supuesto, el
adelantamiento, esta prohibido. Del susto, me trague el caramelo que llevaba
rato paladeando –Era de café con leche y le estaba dando coba desde hacía rato-
Del atraganto, no me salí de la carretera de milagro mariano. El caso es que el
motorista pasó rozándonos a mí y al vehículo que venía de frente y de verdadero
azar fue que nos libráramos el uno, el otro y el interfecto de un accidente
seguro.
Quiera
Dios que pasado un kilómetro hay una rotonda y que en esta, una patrulla de la
Guardia Civil ejercía labores de control sobre la profusa afluencia de
vehículos. Al llegar a ella, compruebo que justo delante mía se encuentra
detenido el locuelo motorizado. Lejos de mi intención buscar gresca o
pendencia, pero más llevado por un mínimo desahogo que por cualquier otra
cuestión, le dirijo una ráfaga desde mi posición. Atino a vislumbrar como el
presuroso me dirige una fugaz mirada a través del retrovisor y la callada por
respuesta.
Aquí
doy por terminado el incidente con un final que califico de feliz y buscando en
la guantera, encuentro otro caramelo que, presuroso, paso a degustar con
fruición. Cuando llegamos a la altura del Agente de la Benemérita, este nos da
paso, a lo que el motociclista y yo mismo accedemos de manera tranquila y
pausada. Una vez sobrepasada la rotonda y fuera de la vista y oído de la Fuerza
Armada, el susodicho individuo, retiene su vehículo hasta casi detenerse, y
levantando una de sus manos al aire me regala una preciosa y contundente
peineta –Léase: Puño cerrado con el dedo corazón estirado apuntando al cielo- Acto seguido se aleja como alma que lleva el
diablo pero, como no podía ser de otra forma, haciendo un caballito – Me vuelvo
a tragar el caramelo-.
Al
llegar a casa me entero de que el fin de semana pasado hubo 11 motoristas
muertos en la carretera. Me alegraría saber que el de la peineta no fuera uno
de ellos.
Luis F. de Castro
sábado, 28 de diciembre de 2013
Y sin embargo funcionamos...
Es mi intención poner en vuestro conocimiento que, a pesar de mi naturaleza real, de mi linaje antiguo y de mi elevada posición, tengo amigos. Uno de ellos se llama Antonio Vadillo, y además de inquisidor de barra y pensionista recalcitrante, es uno de esos filósofos que tiene a bien guiarme en el diario devenir. Hoy me manda esta carta que reproduzco para vuestro análisis y solaz disfrute.
Y a pesar de ellos,
funcionamos.
... es verdad, y a pesar de ellos funcionamos.
Subidas de impuestos, retenciones de pagas, bajadas de salarios, el 25 % de la población en paro.
... es verdad, y a pesar de ellos, funcionamos.
Subidas de impuestos, retenciones de pagas, bajadas de salarios, el 25 % de la población en paro.
... es verdad, y a pesar de ellos, funcionamos.
Privatizan la sanidad
pública, nos meten de nuevo el catecismo por los ojos; y ojo, yo he sido
bendecido por el hermano gemelo de Paco Claver, y que decir de la educación,
los servicios, etc.
... es verdad, y a pesar de ellos, funcionamos.
... es verdad, y a pesar de ellos, funcionamos.
Vivimos
por encima de nuestras posibilidades, yo vivo en un segundo piso al igual que
mi hermana, mi hermano en un primero, pero de momento su piso es del banco,
como vive por encima de sus posibilidades, y como nosotros múltiples de amigos
y conocidos que a su vez tienen amigos y conocidos en iguales circunstancias.
... es verdad, y a pesar de ellos, funcionamos.
... es verdad, y a pesar de ellos, funcionamos.
martes, 24 de diciembre de 2013
Sobre el ánimo y el desánimo.
Hoy, con ser el día que comparte la Nochebuena con mañana, no deja
de ser otra jornada más. Ocurra lo que ocurra, pase lo que pase, un
día tras otro, nuestros aconteceres sólo son parte de una dinámica
universal de la que, queramos o no, formamos parte. El mundo gira,
las cosas caen, la vida nace y muere a un tiempo, pero sólo
nosotros, los que conformamos este nutrido grupo de aldeanos, somos
depositarios de un gran tesoro: los sentimientos. Carne pensante y
doliente para unos, monótona y fugaz para otros, pero viva y libre
al fin; porque en nuestra mano está la elección; hacer de la pena,
alegría, del tedio, pasión, y de la muerte, horizonte. Sentir el
tiempo pasar sobre nosotros y sentirlo como si de una suave brisa se
tratase que trayéndose viandas, se llevase al olvido lo doloroso del
pasado.
Hace unos días murió Arturo, hoy Antonio; ambos eran esposos,
padres y abuelos, y ambos de la misma amplia y, para mí, querida
familia. Los dos sufrieron más de lo que debían, pero se fueron con
la tranquila parsimonia del que nada deja que temer a su espalda;
ambos dejaron su amable y bondadosa impronta en todo lo que alguna
vez los rodeó. Hoy quedan dos casillas vacías en el registro de la
buena gente que ha sido, dos casillas que volverán a ocuparse, como
siempre ha ocurrido y seguirá ocurriendo; pero que en su familia y
en aquellos que los conocimos dejarán la remembranza de dos personas
que dejaron mucho más de lo que se han llevado.
Si por un momento supiéramos como enlazar, si hubiera alguna forma
de intercambiar y compartir sentimientos y sensaciones sin
contaminarlos con la distancia y el egoísmo, me gustaría que fuera
este. Abrir la espita y dejar pasar la pena de la despedida y la
alegría del renacimiento, elevar nuestro espíritu sobre el miedo y
el desánimo cubriéndolos con un manto de expectante bienvenida.
… Porque, como decía la canción, hoy puede ser un gran día; el
día en el que Arturo y Antonio caminan juntos contándose chistes y
fumándose ese cigarrillo que ya no podrá hacerles daño; lo hacen
por el prado donde la hierba nunca se agosta y el aire siempre es
fresco, donde el dolor no existe y no hace frío; sonríen
satisfechos porque saben del amor y la bondad que dejan tras sí.
A la memoria de dos grandes tipos: Antonio y Arturo.
Luis F. de Castro.
domingo, 15 de diciembre de 2013
Lo que vemos en los demás y por ende, en nosotros mismos
Qué eres, sino lo mismo que el otro pero
colocado de diferente forma. ¿Tienes algún derecho sobre alguien?, ¿algún
poder?; o no eres más que un corpúsculo infinitesimal colocado al lado de otro
corpúsculo infinitesimal que espera angustiado que pase algo. Lo deprimente es
que cuando acontece cualquier cosa, tu intervención es inane, inútil,
intrascendente poco más allá de un tiro de piedra, y a los que afecte, serán
igual de insignificantes que tú. Somos fútiles masas pensantes con delirios de
grandeza.
Enfrascados
como estamos en adorar las veleidades de la pelusa de nuestro ombligo, se nos olvida
que todos tenemos ombligo. Somos miles de millones de ombligos y miles de
millones de pelusas exactamente igual de asquerosas y aburridas y que sólo
aquel que; -¡Oh sorpresa!- se da cuenta de que tiene dedos que la sostienen, se
sale del hatillo, reventándole el conjuro al malhadado brujo que nos tiene
encantados. Tanto tiempo evolucionando, puliendo las conexiones neuronales,
elaborando un pensamiento superior, para que ese raciocinio sublime y desarrollado se termine esmerando más en la
maldad, el orgullo, la envidia, la ira, la inmodestia, el derroche, la
deslealtad, el desamor que en todo lo contrario. Sí; y no son los otros, eres
tú, soy yo. El malencarado del semáforo, en funcionario cabrón, el fontanero
estafador, el violador, el ocupa, el asesino, el político corrupto, todos somos
tú y yo. Y todos aquellos que los sufren sin quejarse, sin alzar siquiera un
brazo y que luego crean una atmósfera irrespirable con sus comentarios y
actitudes en voz baja. Que también somos tú y yo.
Cierras la puerta de tu casa con tres vueltas
de llave, contratas un seguro que te asegure contra incumplimiento de seguros,
te inquietas cuando ves a los guardias, te recoges cuando anochece…Hemos hecho
de la vida humana un enorme u cambiante código penal del que no te puedes fiar.
Nuestras manos ya no son blancas. La humanidad hipercomunicada, supralegislada,
donde los gatos tienen millones de pies, no es viable. Tarde o temprano alguien
o algo nos llamará a capítulo y nos dirá a la cara que somos FEOS, TONTOS y MUY
POCA COSA y que a lo más que llegaremos es a destruir una parte de la corteza
de una motita de un puntito que brilla -y brilla poco- en una galaxia que
brilla -y brilla poco- en un rincón olvidado del Universo.
¡Ah!,
y no les digas a otros lo que crees que son porque te estás insultando a ti mismo.
Luis F. de Castro.
domingo, 17 de noviembre de 2013
El sufragio digestivo
Queridos súbditos: Que tristeza siento al leer estas cartas que me llegan del país vecino. Mi conciencia hierve al contrastar las penas y cuitas que me exponen, con la felicidad que se enseñorea aquí, en Colocotroco. ¿Como se podrá vivir así? Es obligación solidaria con mi querido pueblo, exponer estas cartas para que se tomen en cuenta y la experiencia ajena se admita como fuente en la búsqueda de nuestra felicidad.
Viñeta de ETC noticias
Hoy, retenido en el
diario atasco de la M-40 he caído en cuenta de cierto anuncio radiofónico en el
que una conocida empresa, entre coros y fanfarrias, nos anuncia que la
responsable de nuestro nivel de vida y progreso es la energía y que ella misma,
como “humilde” productora y vendedora de la misma, se merece nuestro más
sincero aplauso. El anuncio era como de mitin post-desastre. Como si se tratara
de uno de esos discursos de película americana cuando el líder se dirige al pueblo
para levantarles la moral después de que un meteorito haya destruido todo el
medio-oeste; de esos que a medida que transcurre la soflama se te va inflando
el pecho y cuando acaba, o expulsas el aire, o explotas. Una pena, vamos… El caso es que, bien mirado, quemamos lo que
no arde, ensuciamos sobre lo sucio, pavimentamos todo lo que haya que
pavimentar, matamos hasta lo que no tiene vida y derrochamos lo que nunca fue nuestro y sin embargo, estas
realidades se nos presentan como delicadezas dignas de zares, como zapatos
hechos a medida. Esta atmósfera hipnotizante se extiende a todos los recovecos
de la sociedad; no puedes escapar de ella, te rodea, te envuelve y te inunda. No
encontramos la ventana por la que sacar la cabeza y respirar. Que esa miríada
de elegidos, tan inteligentes ellos, tan sagaces, tan bien pagados no tengan
otra manera de convencernos, no tiene disculpa ni descargo. Que estos prebostes
tengan que endulzar sus nimias conquistas arrastrando siempre las del
contrincante, ¿No huele a podrido?
Ya no creo en casi nada
ni en casi nadie…
Decía mi abuela “To esos sermones pa
mis cojones”… y decía bien. Cuando perciba sentido común, bondad, lealtad y
rigor en los ojos de esos que dicen querer lo mejor para “el ciudadano”; cuando
compruebe como se indigestan al montar en 400.000 euros de coche pagados por el
contribuyente, cuando mis glándulas excreten correctamente tras una de esas
“ejemplares actuaciones ajustadas a derecho”, cambiaré de actitud; bien
entendido que me consta que ese cambio, a ellos, les trae absolutamente al
fresco.
Sé
que meter a todos en el mismo frasco no es lo correcto, pero a la hora de
repartir papeles en esta sociedad, a mí no se me asignó el de impartir
justicia, sino el de pagar impuestos y cumplir leyes, así es que es lo que hago…
y si no estoy de acuerdo, fíjate tú que no saco el Kalasnikoff y me lío a
repartir plomo… ¿A que no?
Sólo del regusto,
del tufillo, de esa sensación residual que, proveniente del fondo de estómago,
alcanza las papilas gustativas, puedo fiarme… Esas sí que son fiables y, a la
postre, son las que conducirán mis manos a la papeleta que después dará de
comer opíparamente a quienes dirigen mi destino.
Ni los políticos,
ni la prensa, ni la justicia, ni la religión conseguirán convencerme de otra
cosa que no sea que esta democracia en la que nos movemos, no se basa en el responsable
y meditado sufragio popular, sino en el sufragio digestivo.
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