En la trasera de mi calle, hay otra en la que, desde hacía
tiempo, un bazar chino ponía a
disposición del barrio una infinidad de mercaderías. Era un híbrido entre
cueva y centro comercial. De la primera
tenía la penumbra, el silencio y el olor a humedad y del segundo la oferta y el
servicio, con lo que ninguna objeción se le podía poner a su tranquila existencia.
Siempre estaba ahí para lo que fuera menester; una barra de pan a deshora, unas
pilas para el consolador, un florero o una libreta; ninguna necesidad salía de
allí sin ser convenientemente atendida y así, desapercibido e imprescindible,
pasaban los días para el chino del barrio. Pero hete aquí que un día el chino
apareció cerrado. Tan silencioso se fue como había llegado y las necesidades
extemporáneas de los vecinos se buscaron otro chino un poco más allá.
viernes, 26 de septiembre de 2014
jueves, 25 de septiembre de 2014
Entre Málaga y Malagón, no hay nada
El armamento
químico y bacteriológico no tiene buena prensa. Deja daños feos y poco
honorables. Que un afectado por gas sarín muera en dos o tres minutos por falta
de aire es indigno, pero que lo haga desangrado por una pierna amputada en
cinco, no. Asimismo, eso de dejar este mundo en masa, todos juntos y mediante
igual método, ¡jó, que pereza! pero hacerlo diseminaditos por las calles o en pequeños
grupos, unos a cuchillo, otros a golpes,
muchos descuartizados por una buena metralla, ¡eso es otra cosa!
lunes, 22 de septiembre de 2014
Ayer, en el médico
Ayer, 200 años y 134
días después de la única guerra que deberíamos haber perdido y motivado por un
asunto de pólipos, tuve a bien pasar por la consulta del especialista en
digestivo. Llegado al lugar a la hora
indicada, me topé con una ventanilla
que, a la par que cerrada, se encontraba orlada hasta límites
insospechados de carteles informativos. Eran dispares en formas, tamaños y
colores: unos nuevos y otros ajados, unos escrupulosamente escritos y otros
burdamente garabateados, unos firmados
con “gracias” y otros con “la dirección” pero todos, todos, ordenando cosas o
imponiendo condiciones para ser atendidos.
Enfrascado en su lectura cual recita salmos del antiguo
testamento, no caí en la cuenta del tiempo y mi enano interior y yo nos sumergimos
en una disputa justiciera sobre lo soberbio y pedante de sus contenidos: Que si
quieres ser atendido, con la tarjeta sanitaria en la boca, que “ojito” con
levantar la voz, que si la hora de la cita es de mentirijillas, que si debíamos
permanecer sentados, que si los móviles apagados… y un sinfín de memeces más a
cual más imperiosa y restrictiva. En esto que me vi levantándome con ímpetu justiciero
y –digno y orgulloso- arrancar uno tras otros todos los “papelajos”, me vi
increpando al personal sobre su descarada falta de eficiencia, me contemple
dándoles lecciones sobre la adecuada atención al público, me sentí querido por
los sufridos administrados y aplaudido por ellos, me vi… ¡hay como me vi!
-
Señor, que no tengo todo el día,
me da sus papeles o prefiere seguir rezando…
-
¡Oh! Si, si, perdone; es que me
distraje con estas amables indicaciones. Tenga, tenga.
Luis
F. de Castro.
Tonto el último
España -por gracia o desgracia; mi país- es tierra de
perdedores. Recuerdo un artículo de Sostres; de esos que levantan polvaredas,
en el que se refería a la tristeza de ser español... y es que, visto lo visto,
no queda otra que darle un punto de razón. Somos -incluidos los catalanes, quieran
o no- el pueblo del vaso medio vacío y para mi que el sentimiento secesionista
de algunos, se relaciona más con el de
las ratas que abandonan el barco o el del niño que se avergüenza de su madre
que el de creerse diferentes.
Algunas veces pienso porqué -catalanes también- ganamos
la única guerra que deberíamos haber perdido: la de la independencia ante
Francia; ¿qué sería de nosotros ahora?
Lo cierto es que somos poco leídos y por ende, pasto de
vocingleros, charlatanes y embaucadores; ¡qué le vamos a hacer!
Luis F. de Castro
martes, 16 de septiembre de 2014
Puedo, luego existo.
http://blog.cristianismeijusticia.net/wp-content/uploads//poder3.jpg
Según algunos, la política es una rama de la moral
destinada a gestionar la convivencia, pero el valor de esa definición fluctúa
con los mercados. Hoy por hoy es tal el exceso de oferta que con un minuto de visibilidad
compras la mitad de cualquier Parlamento. La política ha llenado cada uno de
los intersticios de la sociedad y con el paso del tiempo, ha complicado tanto
la vida del ciudadano que consiguió dar el salto cualitativo final: se ha
convertido en libro de ruta de la evolución humana. En cierta forma, es
lógico. La racionalidad que nos caracteriza en el mundo animal, se alimenta de
poder y es este el que condiciona los avances del conocimiento: Poder sobre las
bestias, sobre la naturaleza, sobre nuestros semejantes, poder al fin.
Lo que mantiene unida a la sociedad contemporánea no es
otra cosa que eso: poder.
La importancia del hecho de que cada político vele por
los intereses de su ideología -que no de sus conciudadanos- se ha visto
superada por la necesidad de dejarse ver por ellos como lideres laboriosos y
capaces. A mi modo de ver, la presentación de su cometido como si fueran ímprobas
empresas, no es más que una función teatral encaminada a que cualquier
resultado -por desastroso que sea- pueda mostrarse como un triunfo clamoroso.
jueves, 11 de septiembre de 2014
Sobre nuestra manera de gestionar la catástrofe
En su perenne y estúpido egoísmo, en su
mezquina prepotencia, se arroga el ser humano ser el creador de la estética y
el garante del orden; son estas algunas de las ideas que avocan este minúsculo
planeta al caos y la degradación. Nuestra soberbia nos lleva a pensar que todo
lo que nos rodea está para servirnos y que –llegado el caso- si no nos sirve
bien, “Dios proveerá”, porque hasta en esa torticera pretensión descargamos
nuestra responsabilidad en “otro”. Avanzamos descoordinados, a empellones,
desarrollando la copa sin preocuparnos de la raíz de este árbol que nos
sostiene obviando todos los avisos de descuaje que se nos presentan. Descorazona
pensar que la inmensa mayor parte de nosotros navegamos en esa dirección y que
la creencia en estos paradigmas, solo hace que colaborar en el derrumbe de
nuestra insostenible civilización.
lunes, 1 de septiembre de 2014
Once años
http://desdelfondodelalma.blogspot.com.es/2013/02/traigo-un-brote-de-esperanza.html
Son aire puro tus lágrimas.
Esencia,
fragancia de sentimiento
las que corren, prestas.
Paciencia.
Regando, mejilla abajo
el frondoso huerto de tus pocos años.
Quiere el viento en poco secar
lo que diluvio había sido.
Llanto del cielo caído
aflorando sonrisas de par en par.
Siento entre pecho y espalda tu alegría.
Tus saltos.
Tus gozos.
Tus correrías.
Ese mechón de pelo que suelto ondea.
Esa mirada resuelta de impetuoso brío.
Todo al bies de lo helado y frío.
La palidez que orgullosa enseñoreas.
Tus miedos; tierra mía.
Tus risas; mi credo
¿Qué más quieres? Mi cielo.
¿Mi vida…?
Esa es tuya.
Luis de Castro
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