lunes, 5 de agosto de 2013

Crónicas ganimedianas -009- Una de Rodriguez.




Ganímedes, 29 de mayo de 2.808

     Una hora dando tumbos por la enrarecida atmósfera de Ganímedes da para muchos gritos de alegría, elucubraciones y arrepentimientos. AGFO, que en un momento inicial premió con euforia su valentía, ahora cobraba con temor su arrepentimiento y cuando ya tiene a la vista el enjambre P-2, está más acongojado que otra cosa. La tontería de su escapada se iniciaba con que el menvisor delataba su posición a cada momento, por lo que esconderse en cualquier parte del satélite era una solemne estupidez, continuaba con que salir así, con lo puesto, no tenía razón de ser: ¿qué comería, donde viviría? y, por último, le había dejado gratuitamente a GODA todo lo que tenía, todo aquello que había conseguido recuperar tras el expolio al que le sometió su hija GOFA.


     El delito se ha consumado y el menvisor no hace otra cosa que solicitar su interés con ese pitido cabrón que tanto odia. Seguramente sean los polizotes los que le quieren reconvenir para que vuelva antes de enviar los plasmones represivos a por él. Su cabeza, entre las llamadas del menvisor y el barullo de ideas, no es más que una jaula de grillos enloquecidos y nuestro hombre, que no tiene costumbre de soportar esa anómala presión, puede optar por actitudes , cuando menos, especiales.
     Más instintivamente que otra cosa -sin pensarlo-, se dirige al estonomato del P-2. Es un edificio grande, azul que se mantiene a un nivel más bajo que el de su enjambre; se nota que aquí las minas no son tan frias y las construcciones puedes estar más cerca -piensa AGFO- y como perteneciente a otra compañía, diferente en lo que a anuncios y publicidad se refiere. Una vez dentro, recoge la espaciera y disimulándose a sí mismo, deambula entre los que hacen las primeras compras del día. Después de dos o tres vueltas, entra en el sanidario a mear. Se coloca en el meodoro que queda libre entre la pared y un tipo grande con cara de funcionario que también “hace sus cosas”; el hombre le saca la cabeza y no deja de mirarle de soslayo. El menvisor no ceja en su trabajo de volverlo tarumba y en un estúpido intento de acallar el soniquete, se da un fuerte golpe con la superficie del murete que tiene al lado. Evidentemente, el cabezazo tiene poco de intención y mucho de desesperación, pero eso no es circunstancia eximente para que -de la fuerza- le fallen las piernas y dé con su oronda fisonomía en el suelo. El vahído dura nada, lo que un suspiro, pero lo suficiente para comprobar que se encuentra sentado en el suelo, con la chorra fuera y bajo la mirada sorprendida del tipo de al lado que, dubitativo, no sabe si dejar a medias lo que tiene entre manos y ayudar al desmayado o acabar con ello y -solo después- hacer los que sea menester. No tiene tiempo para seguir dudando, ya que nuestro hombre, casi de un salto, se reincorpora y continúa con sus esfuerzos por rebajar la presión de la vejiga.
     -Nada, nada. -Acierta a disculparse AGFO puesto ya en pie- Un “mal aire” sin importancia, gracias. -Gracias por nada -continúa ahora en pensamientos- El hombre se la escurre con movimientos ostentosos que -especula AGFO-, nada tendrán que ver con el tamaño de su cosa, y se va como con prisa. El caso es que desde el coscorrón, el menvisor ha dejado de darle la tabarra y -ahora- le parece ver el mundo de otra manera.
     -Volver o no volver, esa es la cuestión. AGFO se apalanca en uno de los susientos de espera del departamento de reclamaciones del estonomato y recapacita: Con seguridad ya le buscan y si no le han encontrado aún es por que el menvisor parietal parece inutilizado. -¡Vaya mierda de menvisor!, piensa interrumpiéndose-, además, no tiene acceso a su cuenta y, por lo tanto, doblos con los que comprar...
      -¡Pero qué cojones hago yo huyendo de mi propia casa! -piensa en voz alta- y como quien recupera el seso, decide volver, poner cualquier excusa a su escapada y dejarse hacer.
     -Señor, ¿sobre qué versa su reclamación?. -Uno de los plasmones del departamento le saca de sus disquisiciones y espera contestación mirándole fríamente.
      -¡Pues mira tú!... -se lo piensa- En que eres muuuy feo. -Sin esperar respuesta, AGGFO despliega la espaciera y retoma el camino a casa.
     Ahora, al ser directa la trayectoria, no tarda más de dos minutos en regresar y, cuando ya la tiene a la vista, comprueba que alguien más que GODA le espera dentro. Traspasada la puerta y recogida la espaciera repara en que los dos polizotes y la huesuda mujer no dejan de mirarle sorprendidos. Él, como quien no quiere la cosa, se les encara desafiante...
     -¡Qué pasa! He ido a por tabaco, ¿o es que no puedo?
                                                                                   (Continuará...)

                                                                                                           Aldade.

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