miércoles, 14 de agosto de 2013

Crónicas ganimedianas -013- Tócamela otra vez, Sam.



Ganímedes, 5 de junio de 2.808

     Puede parecer mentira, pero lo que no consigue GODA, lo está logrando el miedo. Entra dentro de las maravillas de la naturaleza el hecho de que AGFO siga vivo.

    En un principio, nada más conocer las sospechas de los polizotes y enfrentarse a la binaria, el terror le cogió las tripas con tal fuerza que nada que en ellas entrara, permanecía más de unos minutos; hasta el punto de verse obligado a solicitar los servicios de la Edad Social: ¡Naaada, esto no es nada! -Le dijo el medisano- Mientras AGFO, pálido como una enana blanca, pensaba -¡A tí te lo daba yo, cabrón! Lo cierto es que nada tenía que ver su estado con ninguna de las supuestas crueldades de la huesuda, sino al estrés. -¡Hay que tomarse la vida como llega! -le decía el sanador, sin saber que a cada frase, solo hacía que acojonar más a AGFO.

      La inspectora FIGA, ya llevaba dos días yendo a casa y a fuer de ser sincero, hacía bien su trabajo. Se ponía a manipular el pelucón rosa de GODA y entre potingue y cháchara, echaba la tarde. AGFO, como escondido, disimuladamente sentado en un susiento y haciendo parecer que veía series en el menvisor, observaba como las mujeres charlaban sin descanso y sólo el cruce con alguna furtiva mirada de la polizota/peluconera, hacía entrever que había algo más que un interés profesional. A AGFO le llamaba sobremanera la atención la diferente morfología de ambas que, al verlas juntas, se hacía evidentísima. ¡Joder!, y porqué me ha tenido que tocar una y no la otra -pensaba- para, al poco razonar y atender como lógica la adjudicación de la Agencia. Si sólo hay que verte a tí -se decía- gordo, calvo y feo; las justas características que precisa un mujerón como ese... En estas está cuando un meneo le saca de las alturas.
     -¡Amor! ¿Estás dormido? -Es GODA la que le zarandea intentando sacarle de sus elucubraciones. Detrás de ella se encuentra FIGA expectante. Viendo y notando el brazo de la mujer en su hombro, se le viene a la cabeza una alita de pollo frita, pero no tarda en recomponerse para sentir, de nuevo, el peligro y la repulsión que siente por la huesuda. -¡Cariño! He recibido en mi menvisor un mensaje de CLON, tu jefe. Dice que necesita hablar contigo... y que revises el tuyo, que no consigue contactar. -AGFO salta del susiento y sin dilación, despliega la espaciera y se pone de camino. Intenta entablar contacto con CLON y comprueba que su menvisor funciona perfectamente cuando al hablar con su jefecito, este le hace saber que se trata de un error, que no le necesita para nada.
    De vuelta en casa, su historia cercana da un vuelco cuando sorprende a la huesuda y a FIGA, una encima de la otra y, a tenor de la postura del pelucón de GODA y la expresión de su rostro, con evidentes muestras de haberle dado trabajo al orgastrón. Ambas mujeres parecen estar en coma más que dormidas y, para nada, recalan en la presencia de nuestro hombrecito que, cuando consigue cerrar la boca, intenta racionalizar la situación.-No sabía yo que la polizotería usaba estos métodos tan expeditivos -piensa- ¿Y ahora, qué...?
    Al contrario de lo que pudiera parecer, su cuerpo y su mente sienten una especie de liberación, una liberación parecida a la que le proporcionaría un hada bienhechora que le descargara de su barriga y, sin saber cómo, su gesto cambia a mejor. AGFO, en su particular manera de pensar, empieza a dar forma a la extraña teoría por la que llega a la conclusión de que si reparte los polvos entre dos, a menos cogerá cada uno.
     Con la agradable sensación de que sus males aún pueden tener remedio, da marcha atrás y hace como que nunca pasó por ver el espectáculo; no sin antes dedicarle a la dormida inspectora su penúltima y libidinosa mirada.

                              (Continuará...)

                                                                                     Aldade.

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