jueves, 22 de agosto de 2013

Este mundo no me gusta, pero no tengo otro

Mis amados colocotrocos: Ya decía el famoso tango que este mundo es una porquería y nada más, pero como no tenemos otro, debemos cambiarlo. Todos los días me llegan de lejanas tierras noticias de espeluznar, todos los días hago como que no veo, como que no siento, pero aunque mi reino no se creó para esto, alguna licencia debo concederme. Va sobre una de esas parcelas de este malhadado mundo donde hasta las lágrimas son ponzoña: Siria. y sobre cierto organismo supranacional donde meter la nariz supone el ataque inmediato de irrefrenables nauseas.



     Que la ONU no sirve para lo que se concibió,  lo sabemos casi todos; que se ha convertido en un sumidero de fondos, también; que sus funcionarios, por regla general, son asalariados de intereses espurios y torticeros, por supuesto; pero que haya terminado siendo un lastre imposible de sobrellevar, eso no lo esperaban algunas  almas cándidas.
     Este pedazo de monstruo burocrático e ineficaz se ha transformado en un freno para que los pueblos necesitados de ayuda, la consigan. Ninguna de las muchas cuitas que pasan por sus ostentosos salones se soluciona, si acaso se enmerda y, algunas, hasta límites éticamente insoportables. Sus resoluciones son alas de mariposa en una atmósfera de ácido sulfúrico y sus funcionarios, zánganos en una enorme y caótica colmena.
     El alma humana es estadísticamente ruin y en este conglomerado de desvaríos que es la Unión de Naciones, tiene su paradigmática excusa para mantener un estatus mundial injusto y asqueroso.
     Pero ¿tienen esto solución…?: No lo creo; si acaso a un largísimo plazo y tras algún desastre de notable magnitud.  Hoy por hoy, el individuo no es más que un puñado de barro en manos del alfarero global y teniendo en cuenta la inmadurez de este: ¡echémonos a temblar!

     Solo quedan dos opciones: pasar desapercibido o erigirte en líder y, la segunda tiene tantos candidatos que taponan la entrada a un paraíso al que llegan los más escurridizos, no los más capaces.

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