domingo, 11 de agosto de 2013

Crónicas ganimedianas -011- ¡Quien dijo miedo!




Ganímedes, 2 de junio de 2.808

    Como un reloj, AGFO se personó en las dependencias de los polizotes de Kara Van Chel. Su jefecillo, el ínclito CLON, no puso demasiadas objeciones a la licencia en la mina cuando le relató el motivo. -Espero que tu actitud cambie y deje de darnos problemas... -le dijo- en cualquier caso, se te descontará del sueldo el tiempo que faltes al trabajo. -Escarmentado, AGFO calló. Una nueva bronca es lo último que necesita.
    La polizotería es un edificio deprimente, como todos aquellos donde ir es obligatorio, y está lleno de plasmones. A primera vista no aparece ni un humano. -Mal empezamos. -piensa AGFO- al que, como sabemos ya, este tipo de personal le disgusta enormemente. A continuación de la sala de recepción se extiende un pasillo que parece no tener fin; no tiene ningún tipo de abalorio o adorno que le de algo de vida por lo que, sobre su color verde desvaído, destaca sobremanera el azul de los plasmones que deambulan por allí como si en ello les fuera la vida. AGFO espera firme y quieto a que alguno de los artefactos le atienda. No espera mucho hasta ver como una mancha de color blanco se le aproxima desde el fondo del infinito pasillo. Es una joven, alta y estupenda. La larga y lisa melena rubia se mece al compás que marcan sus caderas y la gorepiel le sienta tan bien como los mejillones a la paella. Cuando llega a su altura, comprueba que le supera en altura.


     -Sr. AGFO, supongo. -La mujer mantiene la mano extendida el tiempo que nuestro hombre tarda en reaccionar. Cuando -tras unos segundos- esto sucede, se la estrecha recibiendo un apretón que no cuadra con el magnífico ser que tiene delante. Al final es eso lo que le saca del estado semi-catatónico en el que estaba sumido. -Soy FITA, inspectora jefe de esta polizotería. Acompáñeme.
    Caminan poco antes de entrar en una estancia sencilla y funcional. Tan sencilla y funcional que hace destacar aún más la espectacular presencia de la inspectora. AGFO está absorto; hace muchos ciclos que no ve a una mujer como esta y su cerebro dedica el 95 % de su capacidad en digerir la imagen que se le ofrece.
    -Tenemos fundadas sospechas de que su binaria es una asesina en serie... ¡Señor AGFO! ¿me oye usted?
    -¡Ah! Si, si, dígame -AGFO no había oído nada centrado, como estaba, en el ángel celestial que tenía enfrente.
    -Le digo, señor, que tenemos sospechas de que su binaria es una asesina en serie. -Tras unos segundos en los que la cara del hombre podría compararse con la de una calabaza de halloween, AGFO parece reaccionar y con estúpida expresión y al tiempo que se atusa nervioso el bigote, responde.
    -¡No joda!... ¡Oh, perdón! ¡No me diga!¿Y eso...? -La inspectora, satisfecha por la reacción que ha provocado en el hombre, se apalanca más cómodamente en el susiento y encendiendo un pitillo, espera a que madure su expectante paciencia.
    -¡Pues sí! Desde hace algún tiempo había sospechas, pero nada demostrable; ahora bien, de un tiempo a esta parte, nos han llegado datos que la han reavivado. -La inspectora, a la vez que le dice esto, le mira de arriba a abajo y, por su expresión, se diría que estaría dispuesta a esperar a que la asesina se lo cargara para retomar la senda de la justicia.
    -¡Bueno...! ¿y por qué no la detienen ya!? - Consigue balbucear.
    -Las cosas como estas no son tan fáciles, ¿me entiende? No se puede enviar a nadie a mantenimiento radical sin estar completamente seguro de que se lo merece.
    -¿Y por qué me lo dicen? ¿Que quieren de mí? -A AGFO le tiembla el labio inferior y la pierna izquierda -esta última de manera escandalosa- demostrando así a su interlocutora que le acaba de meter el miedo en el cuerpo.
    -Nuestro interés... -la rubia inspectora expulsa una voluta de humo con forma de salchicha y se toma su   tiempo para contestar- nuestro interés, digo, se basa en que colabore con nosotros lo suficiente como para demostrar esas sospechas.
    -Pero... pero cómo ¿Yo soy un simple transportero y no entiendo de estas cosas... -La pierna ha exportado su temblera a otras partes del cuerpo, y el rostro de la inspectora no puede ocultar que está disfrutando del espectáculo como si estuviera en la discobaile.
    -¡Pues dejándose hacer, hombre, dejándose hacer!
                                                                             (Continuará...)


                                                                                                                Aldade.

No hay comentarios:

Publicar un comentario